La Navidad está muy asociada a nivel general con la esperanza, algo que el mundo precisa con urgencia en estos tiempos. En diferentes lugares en estos momentos se están desarrollando guerras y conflictos los cuales implican diferentes grados de violencia. Todo lo que sucede en Ucrania, Gaza y República del Congo, en Cachemira, Siria, y la actual crisis entre Estados Unidos y Venezuela nos recuerda una frase del papa Francisco: “Las guerras son siempre una derrota. Una derrota en la que solo ganan los fabricantes de armas”.
Una preocupante noticia señalaba que en 2024 el mundo alcanzó el pico más alto de conflictos desde la II Guerra Mundial, según el Instituto para la Economía y la Paz (IEP) el cual desde 2007 elabora el Índice de Paz Global (IPG).
Para este 2025, el IPG revela que la paz mundial continúa disminuyendo y que muchos de los factores que preceden a los grandes conflictos son más frecuentes que desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Cada vez más países están incrementando sus niveles de militarización en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas, crecientes conflictos, la ruptura de alianzas tradicionales e incertidumbre económica.
Por eso hoy más que nunca se debe fomentar el diálogo y el entendimiento y promover la tolerancia y la fraternidad. En este sentido, es oportuno mencionar el mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial de la Paz, del 1 de enero de 2026, en el que cita el saludo de Jesús Resucitado: “La paz esté con todos ustedes: Hacia una paz desarmada y desarmante”. El mensaje señala que, cuando tratamos la paz como un ideal lejano, terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue e incluso que se haga la guerra para alcanzarla. “No es casual que los repetidos llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros. En efecto, la fuerza disuasiva del poder y, en particular, de la disuasión nuclear, encarnan la irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza”.
Denuncia, asimismo, el aumento en gastos militares que se dio en el 2024 en el mundo: Aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, lo que equivale al 2,5% del PIB mundial”.
La violencia también tiene un gran impacto sobre la economía mundial; la violencia y el miedo a la violencia generan perturbaciones económicas y los incidentes violentos generan daños materiales, lesiones físicas y trauma psicológico. Pero lo peor de todo es el impacto de los conflictos armados en la población civil, dice el Informe Alerta 2025. Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz. Los conflictos armados se interconectan con otras crisis como la emergencia climática, las desigualdades y situaciones de inseguridad alimentaria. Todo eso en conjunto supone que se agravan las vulneraciones de derechos. Quizá por eso el secretario general de la ONU alertaba de una situación “rotundamente nefasta”.
Siempre será oportuno recordar la encíclica Fratelli tutti, del papa Francisco, cuando escribía que, “Toda guerra deja al mundo peor que como lo había encontrado”; y que “la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal”.
Es hora de que los líderes el mundo, como escribía Francisco, se dejen de discusiones teóricas, “tomemos contacto con las heridas, toquemos la carne de los perjudicados. Volvamos a contemplar a tantos civiles masacrados como ‘daños colaterales’. Preguntemos a las víctimas. Prestemos atención a los que sufrieron la radiación atómica o ataques químicos, a las mujeres que perdieron sus hijos, a los niños mutilados o privados de su infancia. Prestemos atención a la verdad de esas víctimas de la violencia, miremos la realidad desde sus ojos y escuchemos sus relatos con el corazón. Así podremos reconocer el abismo del mal en el corazón de la guerra y no nos perturbará que nos traten de ingenuos por elegir la paz”.