02 ene. 2026

San José Obrero

Comerás el fruto de tu trabajo...

La Iglesia, al presentarnos hoy a San José como modelo, no se limita a valorar una forma de trabajo, sino la dignidad y el valor de todo trabajo humano honrado.

Lo que habría de realizarse de un modo apacible y placentero, después de la caída original se volvió dificultoso, y muchas veces agotador.

Con todo, permanece inalterado el hecho de que la propia labor está relacionada con el Creador y colabora en el plan de redención de los hombres. Las condiciones que rodean al trabajo han hecho que algunos lo consideren como un castigo, o que se convierta, por la malicia del corazón humano cuando se aleja de Dios, en una mera mercancía o en “instrumento de opresión”, de tal manera que en ocasiones se hace difícil comprender su grandeza y su dignidad.

Otras veces, el trabajo se considera como un medio exclusivo de ganar dinero, que se presenta como fin único, o como manifestación de vanidad, de propia autoafirmación, de egoísmo..., olvidando el trabajo en sí mismo, como obra divina, porque es colaboración con Dios y ofrenda a Él, donde se ejercen las virtudes humanas y las sobrenaturales.

En una de las homilías del papa Francisco, sobre San Mateo 13, 54-58, dijo: “Sobre el hombre que se dignifica trabajando, y fue creado a imagen de Dios, quién trabajó para crear el mundo, reflexionó el papa Francisco en su homilía del miércoles 1 de mayo. Las lecturas del día abrieron camino: la primera del libro del Génesis (1, 26-2, 3) y la segunda del evangelio de Mateo (13, 54-58), presentando a Dios creador y la figura de san José, el carpintero padre adoptivo de Jesús, de quien Jesús aprendió a trabajar”.

En este día recordamos a san José –dijo–, “pero este recuerdo de san José obrero nos remite a Dios trabajador, a Jesús trabajador. Y el trabajo es un tema muy, muy, muy evangélico. Señor –dice Adán– con el trabajo ganaré para vivir”. “Pero es más. Porque esta primera imagen de Dios trabajador nos dice que el trabajo es algo más que ganarse el pan: el trabajo nos da dignidad. Quien trabaja es digno, tiene una dignidad especial, una dignidad de persona: el hombre y la mujer que trabajan son dignos.”

(Del libro Hablar con Dios, y https://w2.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2013/documents/papa-francesco_20130503_belleza-verdad.html)