Las calles llenas de lodo son un recuerdo permanente de la cercanía del agua, de la creciente que vuelve aún más precaria la vida de sus moradores; una muestra de la presencia de la naturaleza –que se vuelve traicionera cuando la pobreza no deja lugar a la previsión– y de la ausencia de muchas cosas, demasiadas, empezando por el Estado.
Eso es Cateura actualmente, aunque el panorama tampoco es muy diferente cuando el río cercano no se desborda. Y con ese nombre, Cateura, se conoce a ese rincón de Asunción al que la gente suele referirse con otro nombre también genérico: el Bañado. Son denominaciones populares que evocan a basurales y a gente que vive de ellos.
Pero desde hace algún tiempo, Cateura también es sinónimo de esperanza, trabajo, talento y ganas de superación, gracias a la Orquesta de Instrumentos Reciclados, una obra que es el fruto del esfuerzo y la visión de sus iniciadores y de quienes componen ese grupo de músicos, casi todos habitantes del barrio.
En la Orquesta ahora también hay lugar para artistas que no son originarios de Cateura y que hoy comparten el momento de fama del grupo, a la par de ser testigos de primera mano de las penurias que la crecida del río multiplica con cada lluvia. Tadeo Rotela (28) es uno de esos jóvenes que conviven con los del Bañado, mientras les enseña a tocar el contrabajo y los acompaña como músico.
Vida elegida
Abogado de profesión, Tadeo es docente y músico de corazón. Llegó a la Orquesta hace dos años, cuando el grupo se quedó sin bajista, para cumplir el doble rol de integrante estable y profesor de bajo. Y desde hace un año y medio, la música ocupa la totalidad de su tiempo, una decisión que no le fue difícil tomar, porque hace 14 años descubrió que “el arte de combinar los sonidos” era lo que más le gustaba hacer.
Hijo de un policía y abogado, y de una escribana, Tadeo tenía en el entorno familiar el ejemplo y el estímulo para volcarse hacia las leyes. Pero su padre, melómano impenitente, lo llevaba a los conciertos de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA), mientras en casa le hacía escuchar música folclórica paraguaya y tango, dos de sus pasiones.
También fue el que puso en sus manos diversos instrumentos, como violín, flauta, trompeta y guitarra, hasta que a los 14 años empezó a estudiar contrabajo en la Fundación Sinfonía, y casi al mismo tiempo en el Instituto Municipal de Arte (IMA), con el profesor Carlos Balbuena. También tomó clases en el Conservatorio Nacional de Música y en el conservatorio Jorge Báez, además de clases particulares con el profesor Juan Cardozo y cursos de especialización en Brasil y Argentina.
Su mayor tiempo de ocio lo dedicaba a la música, y en 2004 le ofrecieron formar parte de la OSCA, como músico invitado. Simultáneamente seguía sus estudios secundarios en el Colegio Internacional. “Tenía doble escolaridad; salía y me iba al conservatorio, y de ahí a la orquesta”, recuerda.
Estudiar más de una carrera al mismo tiempo siguió siendo una constante en su vida. Apenas terminado el colegio, ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), y egresó como abogado al cabo de seis años. Mientras tanto, seguía perfeccionándose como músico de contrabajo, instrumento que también enseñaba a tocar.
Llegada a Cateura
Una vez graduado en leyes, Tadeo ejerció la carrera durante tres años y se alejó de la música. Un día, en la sede del Poder Judicial vio a Favio Chávez, director de la Orquesta de Cateura, y se presentó, comentándole que era músico y que tocaba el contrabajo.
Esa conversación tendría consecuencias. La Orquesta de Cateura formaba parte de Sonidos de la Tierra, que tenía contrabajistas de otras comunidades. Cuando se produjo la separación, solo quedó un estudiante de este instrumento en el Bañado. En ese momento, Chávez se acordó del joven abogado y contactó con él para ofrecerle el cargo de profesor de contrabajo en la escuela de armonía de la orquesta.
Rotela aceptó, y al poco tiempo, ya con los músicos de Cateura inmersos en giras y conciertos, pasó a formar parte de la orquesta en agosto del año pasado, y desde entonces su actividad principal es la música. El derecho quedó a un lado.
“Me va mejor que como abogado, económica y profesionalmente”, confiesa Tadeo, quien no solo comparte con los chicos de la comunidad este momento de éxito, sino que también es partícipe de la realidad cotidiana, tan diferente a la que encuentran en las giras, compartiendo con bandas como Megadeth o Metallica, y alojándose en hoteles cinco estrellas.
Rotela piensa que la situación de quienes viven en el Bañado y se dedican al reciclaje no es responsabilidad de la orquesta, sino de las instituciones del Estado, aunque destaca que los músicos han ayudado a mejorar las condiciones de vida de las familias de algunos de sus integrantes, a través de los ingresos que reportan los conciertos.
“La orquesta tiene un sistema de ayuda social que le construye casas o piezas, o ayuda a los chicos para que puedan mantener o comprar algún instrumento convencional cuando tienen ya ciertos años de estudio. Eso hace que las familias ayuden a sus hijos a autosuperarse y a seguir estudiando, lo que ha provocado en la comunidad un cambio de mentalidad”, sostiene el artista.
Adicionalmente, gracias a este trabajo hay gente que ahora se preocupa por los que están en Cateura, agrega Rotela. E insiste en que “los músicos de la orquesta ayudan a dar una imagen de que las personas del bañado son buenas y trabajadoras. En cuanto a salir de ahí, esa es una cuestión complicada; supongo que nadie debe querer vivir en ese lugar, pero mucha gente está tan arraigada que no quiere ir a otro lado. Salir o no depende de cada individuo”.
La experiencia de la Orquesta de Instrumentos Reciclados pone a Paraguay a la vanguardia mundial en ese aspecto y en el del rescate social, ofreciendo una imagen que ya no es la del paraguayo pobre, sino talentoso y creativo, opina el músico, quien resalta que el proyecto está siendo replicado en otras partes. “Estamos orgullosos de ser parte de algo que es ejemplo para el mundo”, asegura.
Personalmente, Tadeo siente una gratificación íntima sabiendo que es protagonista de ese cambio en la mentalidad de la comunidad. “A veces uno se forma y piensa solamente en su crecimiento personal, que está muy bien, pero una vez que alcanzaste eso, tenés que aportar también. Y lo que hago en Cateura me da la satisfacción de saber que estoy aportando”, afirma.
Rotela cita a menudo a Favio Chávez, quien suele afirmar que Cateura tiene la particularidad de ser una comunidad muy unida, donde todos trabajan en comunión y solidaridad. “Y como ahí está el vertedero, también está el ingenio de reciclar, de reutilizar. Ese lugar hizo propicio el crecimiento de la orquesta”. Y lo más importante, la actitud de comprometerse con el afán de superación. Para salir a flote.
Texto: Carlos Darío Torres
Fotos: Javier Valdez.