Opinión

¿Por qué Lucio no somos todos?

Carolina Cuenca Por Carolina Cuenca

A Lucio Dupuy, niño de apenas 5 años, lo mataron en La Pampa, con una crueldad sin nombre. Están detenidas su propia madre y la pareja de ella, son dos jóvenes argentinas que, según la investigación, le hicieron todo tipo de salvajadas al niño.

¿Otro crimen más en el mundo y ya? No, hay algunos elementos de este perturbador crimen que deben ser analizados porque hacen relación a un sistema social y judicial que se hace cómplice de la barbarie.

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“En mis casi 30 años de profesión nunca vi algo así”, dijo el forense que hizo la autopsia, el Dr. Toulouse, quien informó que la muerte del niño fue por consecuencias de “politraumatismos y una hemorragia interna”, pero que encontró todo tipo de vejaciones en el cuerpecito del niño, muchas de antigua data.

La vecina escribió semanas antes en un chat que dio a conocer: “Todos los días llega del jardín (el nene) y la novia de la mamá lo caga a palo”. En agosto llamaron a la policía, pero no encontraron la casa y lo dejó así… Cuando su madre y su pareja fueron de mochileras, dejaron al niño con un tío paterno y a su regreso firmaron un acuerdo legal para llevárselo a vivir con ellas, por consejo de una abogada que convenció al tío, y la jueza interviniente lo autorizó sin ningún estudio previo del estado sicológico o equilibrio emocional de personas que llevaban una vida de excesos.

En las redes, la pareja de la madre del niño se jactaba de sus aventuras como drogadicta y sus amigas solo respondían: “Aby es así”…

El padre, sus tíos paternos, sus abuelos no tienen consuelo. Les negaron la custodia del niño. Y el abogado de la familia paterna ha expresado que este “fue un crimen de odio”.

Llama la atención que los organismos que en otros casos han saltado enseguida estén ahora mudos. ¿Es porque el niño era varón y su madre lesbiana? ¿Es porque este tristísimo suceso muestra que la violencia no tiene género?

Mientras tanto, una periodista aboga para que no se cuestione el estilo de vida de la madre… ¿Y los derechos del varón? ¿La sociedad no los debe ver? Es normal que la sociedad esté conmocionada, pero la reacción de las burocracias estatales pagadas por los ciudadanos de a pie empieza a darle cabida al relato de la posverdad, el de las etiquetas y los clichés de moda, y encima sobre la desnuda realidad los parches ideológicos como puede, porque detrás de este caso está también metida la tan bien financiada “perspectiva de género” que, por lobby progresista y desfachatez de políticos tibios, se introdujo fuertemente en el ambiente judicial y político, y hoy es para el nuevo establishment de lo políticamente correcto un principio a resguardar a toda costa, incluso por encima de la vida de víctimas inocentes.

La ideología de género, que se introduce en el Estado como herramienta de poder, habla hasta el cansancio de las asimetrías, de inclusiones, de los derechos de la niñez, pero a la hora de aplicarlos en favor de una inocente víctima concreta que no cuadra con su relato antipatriarcal, se vuelven barreras a derribar con simples etiquetas y relatos vacíos. ¡Ah, la hipocresía!

Es gravísimo lo ocurrido y el tratamiento esquivo, impersonal, lobbista y burocrático de muchos de quienes intervienen o se alejan en silencio, son síntomas de una enfermedad colectiva que, si no se detiene, traerá más víctimas. Lo contradictorio es que esa perspectiva se introduce con la bandera de la no violencia, pero, debido a su inconsistencia, se convierte en una máquina de violencia igual o peor que la que desea desterrar.

Elevamos una oración por el niño fallecido y su familia y esperamos que Paraguay rechace las presiones para introducir ese pervertido lobby internacional en nombre de las dádivas que trae consigo. Que se promueva la dignidad de las personas, la igualdad ante la ley y la perspectiva de familia en las políticas públicas para ayudarnos entre todos a evitar estos males sistémicos. Por lo menos que aquí sí Lucio seamos todos.

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