04 mar. 2024

Por debajo de su potencial

En muchas ocasiones, cuando analizamos la realidad de nuestro país, sentimos que está bastante por debajo de su potencial. Esto significa que en varias áreas no estamos logrando avanzar, a pesar de las oportunidades que existen para que podamos dar saltos significativos.

Debemos reconocer que en las últimas dos décadas, nuestro país ha logrado algunos importantes avances, pero existen frenos institucionales y también culturales que nos impiden apuntar más alto, hacia un proceso de desarrollo sostenido e inclusivo.

Las instituciones son obviamente claves para el desarrollo. Y en nuestro país el desarrollo institucional ha sido bastante dispar en los diferentes ámbitos.

En relación con nuestra institucionalidad económica, hemos logrado un nivel de fortalecimiento destacable. Instituciones como el Banco Central, el Ministerio de Hacienda, la Agencia Financiera de Desarrollo y últimamente incluso el Banco Nacional de Fomento han logrado diseñar e implementar determinadas políticas públicas que en el mediano y largo plazo han dado resultados positivos.

Por supuesto que siempre hay mucho por mejorar, pero se nota el proceso de fortalecimiento institucional que, en efecto, da sus frutos y esto se convierte en un bien público que debemos proteger y mantener.

Pero si analizamos la institucionalidad social, las cosas son bastante diferentes. Aún con los aumentos del gasto social en las últimas dos décadas, los indicadores en términos de educación, salud y protección social siguen siendo pésimos e incluso van empeorando en muchos casos.

En estos casos, la debilidad institucional de los principales ministerios es notoria y no se visualizan cambios más estructurales que nos permitan decir al menos que los procesos de transformación se han iniciado. Seguimos atrapados más bien en una dinámica del statu quo que nos va a impedir mejorar ostensiblemente esos pobres indicadores de resultados.

Si miramos al tema ambiental, otro eje temático fundamental a nivel mundial, las cosas son aún peores, pues contamos con muy buenos marcos normativos, pero con instituciones extremadamente débiles y sin la capacidad de hacerlos cumplir efectivamente.

Y, finalmente, el problema enorme que tenemos en términos de seguridad, tanto física como jurídica. Instituciones como la Policía Nacional y el Poder Judicial, en general, vienen involucionando de manera muy peligrosa, ya que se trata de una función básica que los Estados deben garantizar. El preocupante crecimiento del crimen organizado en sus múltiples facetas es el principal resultado de esta tremenda debilidad institucional.

La dinámica de la mejora institucional debe ser integral si queremos transitar hacia un verdadero desarrollo. Estas diferencias muy grandes generan cuellos de botella que no nos permiten desarrollar todo el potencial y las oportunidades que tenemos.

La ansiada búsqueda del grado de inversión es un buen ejemplo de todo esto. Conseguirlo podría significar nuevas y grandes oportunidades para el país y nuestros indicadores macroeconómicos nos acercan a dicha calificación con mucha seguridad. Sin embargo, siempre quedamos a las puertas, puesto que nuestras otras debilidades institucionales nos impiden conseguirlo.

O el serio problema de productividad del sistema educativo que se aleja cada vez más de las reales competencias que debemos desarrollar en nuestros estudiantes en todos los niveles.

La próxima llegada de un nuevo gobierno siempre abre las puertas a la esperanza, y a la posibilidad de acelerar determinados procesos de transformación que precisamos con urgencia.

Para ello, vamos a precisar importantes pactos sociales. Y los líderes de los diferentes sectores deben hacer un esfuerzo importante para articular mecanismos que nos permitan llegar a dichos pactos e implementar las transformaciones.

No debemos conformarnos con seguir por debajo de nuestro potencial.

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