Ariel Ramírez
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“La propaganda política es el arte esencial de guiar a las grandes masas”, palabras más palabras menos, decía en su libro Mein Kampf (Mi lucha) Adolf Hitler, y lejos de comparar al presidente del Olimpia, Marcelo Recanate -al que le tenemos total respeto- con el tristemente célebre líder alemán, la idea de la primera frase del párrafo parecía ser la premisa del titular decano, dirigiendo la mirada de la opinión pública hacia un antagonista, bien elegido.
Y logró muchas cosas con esto, envió mensajes claros al arbitraje, a la APF, al mismo Departamento de Selección, incluso le hizo guiños al que según él era “el futuro presidente de la República”, viendo los candidatos que existían, pero a la par tiraba sus bombitas hacia Libertad, club del cual es presidente el señor Cartes.
El desviar la atención le salía perfecto, la opinión pública en general le prestaba su atención quiérase o no y en especial el adicto a la casaca decana.
El equipo trabajaba con tranquilidad, nadie se preocupaba tanto, y lo admitimos desde nuestras páginas, las declaraciones diarias del presidente llenaban páginas y páginas y era novedoso, simpático a veces, lapidario en otras.
Pero cuando se le escaparon los disparos, producto de su forma de ser, hacia el plantel, parte de su directiva y cuerpo técnico, la cosa se puso engorrosa y las crisis internas empezaron a salir a flote.
El primero en saltar del barco y subirse a la lancha salvavidas fue Marcos Caner, lo siguieron el tesorero y su vicepresidente 1º, Cristian Domínguez, este con el salvavidas metido al cuerpo, pero aún dentro de la nave.
El plantel lo sintió, y empezó a ceder puntos, tanto que de ser holgado puntero, lo perdió por una fecha y la comparte ahora con el tricolor.
Los trapos salieron al sol y la última fue la del escribano en la Villa, en la noche previa a un juego crucial. Lejos está el Olimpia de décadas atrás, infranqueable por dentro, y donde la ropa se lavaba y secaba dentro de casa.
El triunfo fue un bálsamo, pero por como se manejan las cosas por el instituto de Para Uno, no se sabe si la calma es real, o simplemente es el ojo del huracán.