Editorial

Polución electoral exige acción de municipios y de la Justicia

Los carteles de “vote por tal o cual candidato a las elecciones municipales” están amontonados en todas partes, afectando al paisaje y obstruyendo incluso señales de tránsito, lo cual constituye un riesgo para la seguridad de los conductores. La floja, y en algunos casos nula, regulación municipal sobre la propaganda electoral en la vía pública genera un verdadero caos de polución visual en las calles de Asunción y en los diferentes distritos. Una de las pocas excepciones se vive en Atyrá, en donde la cultura de la ciudad más limpia del país impone una serie de reglas que impiden a los candidatos contaminar con carteles, afiches y pasacalles, lo cual es una excelente muestra que deberían imitar los demás municipios. Se requiere una acción más decidida de la Justicia Electoral y de los propios municipios para penalizar a los infractores, que prometen limpiar las calles, pero contradictoriamente son quienes más ensucian.

Basura electoral. Así se denomina popularmente la verdadera marea de afiches, carteles, pasacalles, gigantografías y otros elementos de propaganda que inducen a votar por tal o cual candidato para las próximas elecciones municipales del 10 de octubre, y que en estos días aparecen amontonados en todas partes, sin ningún orden ni criterio, componiendo un lamentable cuadro de polución visual en la mayoría de las ciudades de los pueblos del país.

Los materiales de propaganda aparecen tapando otros afiches, colocados en paredes, murallas, columnas de alumbrado público, incluso tapando señales de tránsito, lo cual constituye un riesgo para la seguridad de los conductores.

Tal como lo ha señalado un informe periodístico publicado por este diario, la floja, y en algunos casos nula, regulación municipal sobre la propaganda electoral en la vía pública, sumada a la nueva ley de desbloqueo de listas, que amplió el escenario de caza de votos entre los candidatos a concejales, ha contribuido a generar un mayor caos de polución visual.

En el caso del municipio de Asunción, la propaganda electoral en la vía pública está regulada por la Ordenanza Municipal Nº 157/2018, la que prohíbe que las columnas de servicios públicos, como los de la ANDE y otros, sean utilizadas para pegatinas de afiches, pero en su lugar quedan habilitadas para banderolas y pasacalles, pero las normas no son respetadas ante la inacción de los fiscales electorales, como de los inspectores municipales.

Lo llamativo es que los candidatos a intendentes y concejales plantean entre sus programas de gobierno que van a mantener limpias las calles de la ciudad, pero contradictoriamente son quienes más ensucian. ¿Cómo creerle a alguien que dice que va a hacer algo positivo por su comunidad, pero en su acción precisamente reafirma lo negativo?

Muchos de los candidatos se lavan las manos, asegurando que no son ellos, sino sus seguidores, los que incurren en pegar carteles o afiches, o realizar pintadas en lugares no permitidos. Si no tienen autoridad para controlar a su propia gente, ¿cómo esperar que administren con liderazgo un municipio?

Una de las pocas excepciones a esta caótica situación se vive en el municipio de Atyrá, Departamento de Cordillera, en donde la cultura de la ciudad más limpia del país, que ha ayudado a construir el recordado intendente Feliciano Martínez en la década del 90, ha dejado una serie de reglas que todos los actuales candidatos siguen respetando, entre ellas la de no ensuciar la ciudad con afiches, carteles y pinturas, sino realizar la campaña con un contacto directo con la gente y recorridos casa por casa. Una excelente muestra de que cuando se quiere, se puede, y que deberían imitar los demás municipios.

Se requiere una acción más decidida de la Justicia Electoral y de los propios municipios para penalizar a los infractores que siguen ensuciando cada vez más nuestro ya contaminado entorno urbano y ambiental.

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