17 sept 2026

Polémica en el Bar: El regreso de una mesa que promete encender el debate nacional

Con la conducción de Arturo Villasanti y un panel diverso y sin filtro, el programa Polémica en el Bar vuelve a Latele este sábado 11 de abril. Entre debate político, humor y miradas contrapuestas, la nueva etapa busca reconectar con su esencia histórica y, al mismo tiempo, seducir a una audiencia más joven y exigente.

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Con la conducción de Arturo Villasanti y un panel diverso y sin filtro, el programa Polémica en el Bar vuelve a Latele el próximo sábado, a las 20:00.

Foto: Gentileza.

Hay regresos que se sienten como un déjà vu necesario. Como si el tiempo, en lugar de avanzar, decidiera hacer una pausa para recuperar aquello que alguna vez nos enseñó a mirar la realidad con otros ojos. Polémica en el Bar vuelve. Y no lo hace desde la nostalgia, sino desde una urgencia contemporánea: La de volver a conversar.

El próximo sábado, a las 20:00, por Latele, el icónico formato se reinstala en la televisión paraguaya con una propuesta que promete mantener su ADN, ese cruce incómodo pero irresistible entre política, actualidad y humor, pero con una energía renovada. Al frente estará Arturo Villasanti, quien asume el desafío más importante de su carrera con la naturalidad que, asegura, lo define. El programa irá todos los sábados y domingos, con una duración aproximada de una hora y media.

“La verdad que es la oportunidad más grande y desafiante de mi carrera”, confiesa. Y no es una frase hecha. Villasanti conoce el peso simbólico de la marca no solo por su trayectoria internacional, sino por lo que representa en el ecosistema mediático local.

“La esencia a mantener es la trascendencia que siempre tuvo el espacio”, afirma, casi como una declaración de principios.

Lejos de construir un personaje, el conductor apuesta por una conducción orgánica, sin artificios. “Soy yo mismo en todos los espacios”, dice. En esa autenticidad parece estar la clave de esta nueva etapa: Una mesa donde las ideas circulen con libertad, pero también con identidad.

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Una mesa viva, diversa y sin concesiones

Si algo define a Polémica en el Bar, es su mesa. Ese espacio donde las diferencias no solo conviven, sino que se potencian. Para esta edición, la apuesta es clara: Reunir voces diversas, incluso opuestas, que conviertan cada emisión en un terreno fértil para el debate.

El panel está integrado por el profe Carlos Kiese, Dalma Benítez, William Domínguez, Carlos Gómez, Héctor Ramos y Moraima Quintana, en el rol de dueña del bar. A ellos se suman la impronta humorística de Clara Franco y Gustavo Corvalán, encargados de aportar ese respiro necesario en medio de la intensidad.

“Creo que es de los mejores paneles que tuvo el programa”, lanza Villasanti sin rodeos. Y agrega: “Hay opiniones muy enfrentadas, y eso lo va a enriquecer mucho más”.

Entre esas voces destaca la de William Domínguez, periodista de larga trayectoria, quien asume su lugar en la mesa con una convicción clara: Ser contrapoder. “Polémica en el Bar vuelve en un momento donde la gente necesita más que nunca voces claras y sin filtros”, sostiene Domínguez a ÚH.

Su rol no será cómodo, pero sí necesario. “Voy a cuestionar el poder cuando sea necesario, pero siempre con argumentos”, afirma. En un contexto en el que la opinión muchas veces se diluye en ruido, Domínguez propone recuperar el rigor sin perder la cercanía.

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El delicado equilibrio entre informar y entretener

El gran desafío de esta nueva etapa no es menor, más bien lograr que el debate político no resulte tedioso, sino atractivo. Que informe, pero también entretenga. Que incomode, pero no agote.

“El equilibrio es clave”, explica Domínguez. “El debate tiene que ser fuerte, pero la combinación con el humor va a ser el gancho”. En esa mezcla, tan paraguaya como universal, parece residir el espíritu del programa: una conversación que puede pasar de la ironía a la profundidad en cuestión de segundos.

Villasanti coincide: “Vamos a tener debates calientes, pero también entretenidos y con mucho humor”. La idea no es suavizar la realidad, sino hacerla más digerible. Traducir lo complejo en un lenguaje cercano, sin perder profundidad.

En tiempos donde la exposición mediática amplifica cada palabra, la línea entre la crítica, el humor y la responsabilidad se vuelve cada vez más delgada. El equipo lo sabe, y por eso apuesta a una premisa clara: libertad, sí; pero con reglas.

“Se puede decir todo, pero con responsabilidad”, sostiene Domínguez. “La crítica va a ser dura cuando haga falta, pero nunca personal”. No se trata de evitar el conflicto, sino de elevarlo.

El objetivo es construir un espacio donde el espectador no solo escuche, sino que entienda. Donde pueda formarse una opinión a partir de argumentos, no de gritos. “El público paraguayo es inteligente”, remarca el periodista, “y sabe distinguir cuando alguien habla con fundamentos”.

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Un bar que se parece a casa

Quizás la mayor virtud de Polémica en el Bar sea su capacidad de replicar una escena cotidiana; la de una mesa cualquiera, en cualquier casa, donde se discute de política, de economía, de fútbol o de la vida misma.

“Somos como cada una de las personas en sus casas, pero sentados en un bar”, resume Villasanti. Esa identificación directa con el espectador es, probablemente, el mayor capital del programa.

En esta nueva etapa, la intención es clara: Reconectar con el público histórico, ese que creció con el formato, pero también conquistar a una nueva generación que consume información de otra manera, más fragmentada, más inmediata, pero no por eso menos exigente.

El regreso de Polémica en el Bar no es solo un movimiento televisivo. Es, en cierto modo, una respuesta a un clima de época cuando la conversación parece haberse vuelto extrema o superficial. Aquí, la apuesta es otra: Volver al intercambio, al matiz, a la idea de que pensar distinto no es un problema, sino una oportunidad.

“Me gustaría que el público sienta que se puede debatir sin que sea aburrido”, dice Villasanti. Domínguez, por su parte, lo resume en una imagen precisa: “Que se lleven información clara… y una buena dosis de humor que ayude a digerir la realidad”.

Porque, al final, de eso se trata. De sentarse a la mesa. De hablar. De escuchar. Y, por qué no, de discutir un poco. Como en casa. Como siempre.

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