20 may. 2026

Piratas del Caribe

Por Guido Rodríguez Alcalá |

La piratería siempre fue un buen tema para las películas de aventuras. En mi tiempo, la obra clásica (en novela y filme) era La isla del tesoro. Ahora son las historias fantásticas de John Depp y otros astros de Hollywood. Al ver las películas, o leer los libros, creemos retroceder doscientos o trescientos años, al tiempo de los galeones y las luchas con sables.

Pero la piratería es una realidad actual, si bien menos espectacular que la cinematográfica. Cuatro piratas armados con fusiles AK-47, a bordo de una triste lancha, asaltaron el enorme barco de carga Maersk. La tripulación reaccionó y se llegó a un empate técnico, porque los piratas capturaron al capitán. Estados Unidos mandó varios barcos de guerra para recuperar el Maersk. Pase lo que pase, la situación es increíble: cuatro piratas con escasos medios tienen en jaque a la flota de guerra norteamericana. En realidad, a la de varios países, incluyendo la de varios países europeos. Pese a todo el control, el año pasado hubo 293 ataques piratas en las costas de Somalia y sus alrededores. Unos alrededores bastante extensos, porque han llegado hasta las islas Seychelles, en mar abierto, y a unos mil kilómetros de Somalia. En uno de sus ataques, los piratas secuestraron un barco que transportaba petróleo por valor de 100 millones de dólares. Como extra no está nada mal, considerando que los piratas son mayormente pescadores sin empleo.

A pesar de todas las medidas de seguridad, la piratería crece, como han crecido las actividades delictivas en todo el mundo. La globalización se ha trancado a causa de la crisis económica. Han disminuido el comercio internacional, las inversiones, el turismo y otras actividades legales. Pero las ilegales marchan viento en popa en todo el mundo.

No se trata solamente de los países pobres y destruidos por la guerra como Somalia. En México y los Estados Unidos aumentaron las fechorías de los narcotraficantes, que matan policías y también se matan entre ellos. En el Perú ha vuelto a las andadas el grupo Sendero Luminoso, casi desaparecido en 1992, cuando las autoridades capturaron a su líder Abimael Guzmán. En China, donde 20 millones de personas han perdido sus empleos desde 2008, han aumentado los delitos. Se teme que también aumenten en Rusia, otro país afectado por la crisis y la baja del petróleo. Según un analista norteamericano, la tendencia mundial puede resumirse así: menos empleo, más informalidad o ilegalidad, más violencia.

No es solución enfrentar la violencia con la represión policial. Aunque las fuerzas de seguridad deban intervenir en ciertos casos, la solución final no les corresponde. La solución exige tomar ciertas medidas políticas y económicas que puedan mejorar la economía y atenuar las consecuencias de la crisis. Eso a su vez exige ponerse de acuerdo sobre lo que se debe y no se debe hacer. Caso contrario, la situación irá de mal en peor.

Algunos países tienen planes para enfrentar la crisis; otros andan a la bartola. Entre los últimos se destaca el Paraguay, donde ciertos grupos tratan de aumentar la crisis para cambiar el Gobierno. Suponiendo que la maniobra y el aumento de la crisis tumben al Gobierno, ¿qué hará el sucesor? Lo que han hecho hasta ahora los políticos tradicionales: beneficiarse ellos mientras el país se funde. Un objetivo comprensible para el oviedismo y el nicanorismo, pero sorprendente en grupos que se consideran distintos.