Opinión

Penosa ensalada de despropósitos

Darío Lugo – @darilu1970

Cada año que arranca deja al descubierto más tempraneras turbulencias de toda índole que ya no permiten siquiera a uno acomodarse a presenciar el sinfín de despropósitos que nos “regalan” los representantes del pueblo.

Aún no termina enero y se multiplican los casos sospechosos de dengue, hay muertes y dicen que febrero estará peor; mientras se fugan miembros del PCC, ante el descalabro del sistema penitenciario.

Si bien ocurrió en diciembre pasado, el escándalo que tumbó al intendente asunceno arrastra todavía su torbellino mediático de denuncias y contradenuncias en este periodo, en el marco de una caótica situación con calles intransitables, plazas y parques que claman limpieza y desesperados clamores para que los focos de larvas no nos envíen al reposo obligatorio, con alguna picazón indeseada del maldito Aedes aegypti.

A nivel de Administración Central, los nombres que fueron revelados para representar al Paraguay en la mesa de negociaciones con el fin de beneficiar más la tesis local en el Anexo C del Tratado de Itaipú recibieron furibundas críticas de varios sectores, por no convencer con su postura o experiencia ante tan magno proceso, más cuando es Brasil quien sentará del otro lado a sus representantes.

Al ver los medios o recorrer las redes sociales la ciudadanía se percata de que las autoridades, en general, buscan tapar baches frente a los escándalos que se generan diariamente y las metidas de pata en que incurren los representantes de las entidades, quienes deberían aclarar o puntualizar conceptos tendientes a la institucionalidad, pero decantan por embarrar la cancha con discursos rebuscados y justificaciones inocentes.

La impopularidad se adueña cada vez más de las figuras públicas, quienes evidencian carecer de planes generales o específicos para hacer frente a los imponderables de siempre, por lo que solo se apela medianamente a la contención del problema de manera superficial y efímera; en tanto el fuego sigue ardiendo y la población reclama salidas efectivas de urgencia.

Es como una guerra de desgaste entre la acérrima defensa de sus cargos, las débiles argumentaciones y la búsqueda por desviar la atención; frente a la decepción colectiva y los reclamos naturales cuando el abanico de servicios públicos no funciona (nos quedamos sin corriente eléctrica ante la primera brisa) o algún funcionario es descubierto en claras trapisondas que instalan un festival mediático a su alrededor.

La falta de seriedad en el tratamiento de la cosa pública, elemento que finalmente desencadena el desgaste de un Gobierno y el deterioro en la administración, se ve reflejada una vez más en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de la organización Transparencia Internacional, que nuevamente posicionó al Paraguay como uno de los países más corruptos en el mundo durante el 2019.

Tanta superficialidad en el tratamiento de los temas candentes y poca previsibilidad frente a lo que –se sabe– habrá de ocurrir más adelante (por ejemplo, eventuales inundaciones que obliguen de nuevo a familias enteras a reocupar espacios públicos y generar fuerte impacto social) nos mantiene en la eterna incertidumbre, ya que la ciudad no está preparada para absorber grandes fenómenos.

Ni hablar de una tormenta, de cuya consecuencia aparecen los infaltables raudales que se tragan vehículos enteros y amenazan la vida de los transeúntes; y sin ir más lejos, la misma cotidianidad ofrece un espectáculo capitalino de absoluto abandono en casi todos los espacios.

En el año hay dos meses que están signados por las vacas flacas y que acompañan la tradición: Agosto y octubre, pero aún falta para que lleguen ambos, mientras ya se siente el desgaste en un año que apenas da sus primeros pasos. ¿Mejorará el panorama en febrero o los próximos meses? Esperemos que sí.

Dejá tu comentario