Opinión

Paraguayología

Raúl Ramírez Bogado - @Raulramirezpy

Es tan paraguayo el no cumplir con las normas, que muchos dicen que si no hay un policía que lo obligue, no van a respetar la ley. Ahora con la cuarentena sanitaria, se nota más, y la ciudadanía lo repudia, aunque antes era casi normal.

Helio Vera, en su libro En busca del hueso perdido-Tratado de Paraguayología, hizo un ensayo, como bien lo remarca del paraguayo, aunque está adaptado a unos 30 años atrás, cuando lo escribió en plena dictadura.

El nombre de su obra es por una anécdota contada por Rengger, sobre que el Dr. Francia, en una ocasión, le encargó que hiciera “la autopsia de un paraguayo, para asegurarse de que sus compatriotas no tenían un hueso de más en el cuello, que les impedía levantar la cabeza y hablar recio”.

Sin embargo, pese a los años, muchas de sus conclusiones siguen siendo una verdad casi absoluta, tales como que existen dos países en uno. El Paraguay de gua’u, de ficción, que es el de exportación, el que ven los turistas, y el Paraguay teete, el real, que se encuentra agazapado como un ladrón.

Otra de las verdades es que al paraguayo no le gusta leer, y desconfía del que lee mucho. “Desconfianza no es odio ni revanchismo y que tiene cierto olor a precaución, de cautela, de mesura, para evitar las trampas que dejan las letras, con su inagotable capacidad de producir extraños desvaríos de la mente”.

También hace un estudio de nuestros orígenes, donde cita a los guaraníes, los españoles, y todas las nacionalidades que componen ahora la población paraguaya. Además, un interesante aporte de la pobreza del pueblo, que se da desde los tiempos de la colonia, por la ubicación geográfica, por lo que los llama “isleños de tierra adentro”.

En fin, la obra habla de la galería de los “abogados” del pueblo, que están presentes en todos los momentos de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. Cita a varios. San La Muerte, San Cayetano, Santa Rita, San Alejo, San Onofre, entre otros.

Además, y esto tampoco cambia, es sobre la mentalidad de los que están en el poder, que resume en el “que se halla arriba, manda”. La cultura de los que llegan al poder, que están por encima de los demás ciudadanos, no obligados por supuesto a cumplir con la ley. Se mofan incluso de desviarla, de usar alguna treta para pervertir e incumplirla, usando la ley del mbarete.

El interesante tratado, que le valió el premio del V Centenario, aún se encuentra bien vigente en esta cuarentena.

Es que una gran cantidad de personas creen que son inmunes al Covid-19, por lo que no cumplen la cuarentena, al punto que tuvieron que endurecer los controles, pero igual le buscan la vuelta. Hasta escanean permisos de trabajo, para burlar el control policial.

Al final, esto derivó en cerca de 1.500 imputaciones por la violación de las medidas sanitarias. De esta manera, los pasillos judiciales se llenaron de procesados seguidos de cerca por sus familiares.

Incluso, una senadora, una diputada y un diputado, con la cultura del que manda, no tuvieron en cuenta los decretos presidenciales, violaron las medidas, y expusieron a todos al maldito virus. Esto se da, entiendo yo, por el poco afecto a los libros, como decía Helio Vera.

La pobreza de esta isla rodeada de tierra se ve reflejada en la infraestructura sanitaria, y en la cantidad de gente que se sostenía de manera informal. Estos sufren directamente los efectos de la cuarentena.

También están las creencias de que “a mí no me va a tocar” el Covid-19, por lo que andan sin problemas.

Y como protección, tienen los remedios caseros, recomendados por los vecinos y en los distintos grupos de WhatsApp.

Lo único que se nota es que nuestro modo de ser, hace que pareciera que no tenemos otro destino que ser arrasados por este virus.

Esperemos ir contra nuestra propia idiosincracia y respetemos las medidas sanitarias, para sortear el coronavirus.

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