La semana pasada, en esta misma columna, elegí tres escenarios para medir el talante político. Ahora los resultados están a la vista y, como suele ocurrir, la realidad se encargó de confirmar algunas intuiciones y de desmentir otras.
El primero de ellos fue Asunción. La increíble victoria de Soledad Núñez fue un terremoto político que inyectó energía a una oposición al borde de la inanición y dejó estupefacto al Partido Colorado. Un dramatismo acentuado por las encuestas truchas de Ati Snead y Adolfo Grau que intoxicaron el ambiente previo con una sensación irreal de resultados. ¿Fue una operación similar a aquel encuesticidio planificado de 2018, cuando daban a Mario Abdo una inexistente ventaja de 25 puntos sobre Efraín Alegre? El objetivo fue desmoralizar a los potenciales votantes y aportantes de la candidata opositora.
Este engaño fue amplificado por las bocas de urna. Esta vez se pasaron. Embaucaron al propio equipo de Camilo Pérez, que cometió una imprudencia política inaudita: festejar la victoria antes de que se contaran los votos. Las interpretaciones en carpas republicanas se agolparon en las horas siguientes y la palabra “traición” estuvo en el centro de los argumentos, aunque no queda claro quién traicionó a quién.
La Junta Municipal tendrá mayoría colorada, con un avance importante del tercer espacio, que presentó muy buenos candidatos. ¿Qué queda del PLRA en la capital? Aparte de Fiorella Forestieri, sobreviven dos de los causantes del descrédito ciudadano: Augusto Wagner y Ramón Ortiz, cada vez más solos en su pequeño kokue prebendario. Ya es hora de que los liberales tomen nota que, así, van al despeñadero electoral. Suficientemente revelador es el dato que, en un país tradicionalmente bipartidista, no tengan un solo diputado en la capital.
El segundo elemento simbólico era Ciudad del Este. Si Dani Mujica ganaba ajustadamente, Miguel Prieto estaría frito. Sin embargo, obtuvo un fenomenal 73% de los votos. ¿Quién podría haberse imaginado, tan solo una década atrás, que ese granítico feudo colorado pasaría a manos de la oposición? Hoy: chau, clan Zacarías; chau, José Ortiz, y chau, clan Portillo. Ciudad del Este se convirtió en un laboratorio de lo que puede pasar cuando el hartazgo se organiza y encuentra un líder, aunque ese líder tenga juicios pendientes y una sombra que lo persigue.
Esa victoria le da una proyección nacional a Prieto, aunque no se haya extendido a todo el Alto Paraná, donde la ANR ganó en 14 de las 22 intendencias en juego. ¿Podrá convertirse en un candidato igual de potente en otros territorios paraguayos de cara al 2028?
De aquí en adelante, los colorados deberán decidir si persisten en bajarlo judicialmente de la campaña o evaluar si la persecución no lo fortalecerá aún más y, los liberales, decidir cómo negociar la chapa. Sostienen que hay que aliarse, pero que les corresponde la presidencia. Solo que les recordarán una historia cruel: cada vez que una chapa aliancista es encabezada por un liberal, pierde. Los colorados pueden hacer voto cruzado, pero les oprime el corazón cedérselo al rival tradicional.
Por último, el tercer escenario era el número total de votos obtenidos en todo el país. Aquí sí gana la ANR. Aspiraban ganar 180 municipios, conquistaron siete más. Obtuvieron casi 200.000 votos más que toda la oposición, lo que reconfirma su calidad de fuerza mayoritaria del país.
Los liberales soñaban con 100 intendencias, obtuvieron menos de las que ya tenían. La alianza –encabezada por un liberal– fue derrotada en Encarnación luego de más de una década de intendentes opositores, y Central fue una debacle.
La multiplicidad de datos y cifras no son replicables en elecciones nacionales, pero dejan lecciones. Para la ANR: ¿habrá que barajar de nuevo las candidaturas? Para el PLRA: ¿se animarán a desprenderse de sus chatarras políticas? Y para el tercer espacio: ¿lograrán superar los egos y aprender de Soledad Núñez?
Ya lo ve: oposición 2, ANR 1 en estos escenarios arbitrarios. La oposición ganó las joyas, pero el coloradismo se quedó con el collar. Y eso, en política, sigue siendo lo que más pesa. Esto no presagia nada definitivo para el 2028, solo vuelve muchísimo más interesante la futura campaña electoral.