Mirada actual. Desde el púlpito de la Basílica de Caacupé, el monseñor Ricardo Valenzuela –durante su homilía– se refirió a las profundas desigualdades que están impactando en la sociedad.
Durante la misa ofrecida en el tercer domingo de Pascua, mencionó que las desigualdades debilitan y afectan la convivencia. Esto no es un hecho aislado y tiene repercusión en distintos estamentos de la sociedad, desde los hogares y se extienden a los barrios.
Monseñor Valenzuela expresó: “Vamos a reparar las injusticias que envenenan de raíz la salud de toda la humanidad. La fragilidad humana es generalizada. Por ello, nadie queda fuera de las dificultades de la sociedad actual”.
Las recientes crisis demostraron una necesidad urgente de reconstruir los vínculos entre las personas.
“Todos somos frágiles, todos padecemos, sufrimos, todos somos iguales y todos somos valiosos también”, señaló el obispo de Caacupé.
MEDIDAS. En otra parte del sermón dominical, el sacerdote insistió en que las brechas sociales existentes deben ser enfrentadas con decisiones concretas.
Agregó que dichas diferencias profundizan el sufrimiento de los sectores más vulnerables y afectan el tejido comunitario en su conjunto. “Es tiempo de eliminar las desigualdades y reparar las injusticias”, expresó como anhelo y tarea a realizarse.
El religioso llamó a recuperar la vida en comunidad como base de una sociedad más equilibrada. Para ello, tomó como referencia el modelo de las primeras comunidades cristianas. “Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común, repartían según la necesidad de cada uno”, relató sobre aquella convivencia comunitaria cristiana.
Resaltó el poder de la palabra de Dios entre los feligreses, sobre todo en los momentos difíciles personales y sociales, especialmente en contextos de crisis o desánimo. Reafirmó lo dicho al señalar que muchas personas encuentran en la fe un apoyo para enfrentar situaciones límite.
Como conocedor de la palabra de Dios, indicó que el mensaje evangélico actúa como guía en momentos de incertidumbre para todos los creyentes.
“Tu palabra, Señor, es lámpara para mis pies y luz para mis pasos”, expresó ante los presentes el mayor referente de la Diócesis de Caacupé.
Por otra parte, cuestionó la indiferencia frente al sufrimiento ajeno y la falta de compromiso con las necesidades del entorno inmediato.
Valoró el trabajo que realizan los medios de comunicación y como cierre hizo un llamado a la conciencia y a la acción frente a la realidad cotidiana. K.G.