El religioso se sumó al juego tradicional en medio de risas, saltos y el entusiasmo de los estudiantes, quienes celebraron su presencia.
El gesto fue destacado como una muestra de sencillez y cercanía pastoral, reflejando “el corazón de un pastor que se hace niño para estar cerca de su rebaño”, en una jornada en la que también la fe se vivió en el patio y en el juego compartido.
Desde la Diócesis de Caacupé resaltaron el significado del momento al recordar la cita bíblica que expresa: “Dejen que los niños se acerquen a mí” (Mt 19,14).
“Este gesto nos recuerda que la santidad no está reñida con la espontaneidad y que el camino al cielo –al igual que en la rayuela– se construye paso a paso, con equilibrio y, sobre todo, con mucha alegría”, señalaron.