Ambos inauguraron sendas exposiciones que vienen a mostrar, según el director de este espacio, Fernando Francés, a dos exponentes de lo que se puede considerar “el arte pop del siglo XXI”, influido, como otras artes populares anteriores, por la publicidad, el cómic o la historia del arte.
Obey, que ha sido noticia en los últimos días por la orden de detención a la que se enfrenta en Detroit por vandalismo en edificios públicos, hecho que no quiso comentar hoy, reconoce que uno de los temas principales de su obra es “el cuestionamiento de la autoridad”.
“Me interesa interrogarme sobre cómo la acumulación de poder puede llevar a la corrupción”, afirmó en rueda de prensa Obey, al que le interesan además en su obra los derechos humanos, la justicia, la guerra y sus motivaciones, así como las cuestiones medioambientales.
En sus carteles recurre con frecuencia a la estética de la propaganda soviética, porque le llama la atención cómo “en Estados Unidos, esta propaganda provocaba rechazo y miedo, pero, sin embargo, otra propaganda como la publicidad, que es mucho más manipuladora, se colaba y no era temida por la sociedad”.
Una de sus creaciones más famosas es el cartel de Barack Obama para la campaña presidencial de EE.UU. de 2008, acompañado de la palabra “hope” (“esperanza”), aunque ahora, en la recta final de su mandato, no se atreve a calificarlo con una palabra.
“Hice el cartel en el marco de una campaña por un sentimiento y una creencia política en el movimiento tan fuerte que se generó en EE.UU. y no me voy a parodiar yo mismo, porque ya se han hecho bastantes parodias. Mi arte va ahora a los principios más que a las personalidades concretas”, explicó.
Sobre el salto a un museo con esta exposición de más de trescientas obras, Obey asegura que su reto como artista “es ser creativo y da igual si es en una galería o en la calle”.
“Yo empecé en la calle porque nadie me daba la oportunidad de exponer, pero no es contradictorio con exponer en un museo, y hay vasos comunicantes con el arte urbano. Me considero populista, porque quiero que mi mensaje llegue al máximo de gente con cuadros, murales, camisetas o pegatinas”, resaltó.
En el mismo sentido se pronunció el británico D.Face, al que le interesa sobre todo “hacer arte” y considera llegar al museo “una evolución”, porque “da oportunidades que la calle no tiene”.
Con un total de 39 obras influenciadas por el cómic y el grafiti, D.Face ha titulado su exposición “Wasted Youth” (“Juventud desperdiciada”) recordando su propia experiencia personal.
“Todos me decían que estaba equivocado, porque no seguía la escuela tradicional, y mis padres y mis profesores estaban en desacuerdo, pero todo me ha llevado a florecer artísticamente, y la exposición es un alegato para perseguir los propios sueños e intereses, porque es lo que lleva a ser auténtico con uno mismo”, señaló.
Los temas principales de su obra son “el amor y la muerte”, ésta “no sólo en sentido físico, sino también metafórico, relacionado con el sentimiento de pérdida”, y considera que una frase resume su actividad artística.
“La muerte deja un vacío que nadie puede curar, y el amor también deja heridas incurables”, afirmó D.Face.
José Luis Picón.