En virtud de esa orden, el Departamento de Tesoro anunció sanciones contra Jalifa al Ghweil, el jefe del Gobierno en Trípoli, al que se considera rebelde.
Estados Unidos “se compromete a utilizar todas las herramientas a nuestra disposición para apoyar al Gobierno de Acuerdo Nacional de Libia, que trabaja para construir un país más seguro y estable para el pueblo libio”, sostuvo en un comunicado el subsecretario interino del Tesoro para Terrorismo e Inteligencia Financiera, Adam Szubin.
“Nos opondremos a los intentos de socavar o desestabilizar al Gobierno de Acuerdo Nacional en este momento crítico”, advirtió el funcionario estadounidense.
Las sanciones contra Al Ghweil se traducen en el bloqueo de todos sus activos e intereses en EE.UU., así como la prohibición de transacciones con individuos o entidades estadounidenses.
En la orden ejecutiva enviada hoy al Congreso, Obama declara que la violencia actual en Libia “amenaza la paz, seguridad, estabilidad, soberanía, transición democrática e integridad territorial” de ese país.
Como ejemplo, Obama cita los ataques de grupos armados contra instituciones estatales, misiones extranjeras e infraestructura “crucial”, así como los “abusos” contra los derechos humanos y las violaciones del embargo de armamento impuesto por el Consejo de Seguridad de la ONU en 2011.
Todo ello “constituye una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, argumenta Obama en la orden ejecutiva.
Así, con esta nueva orden, que amplía el alcance de la emitida el 25 de febrero de 2011, el presidente autoriza al Departamento del Tesoro, en consultas con el Departamento de Estado, a bloquear activos y prohibir la entrada en EE.UU. a individuos responsables de “amenazar la paz, seguridad y estabilidad de Libia”.
En una reciente entrevista, Obama dijo que cree que “su peor error” como presidente fue “no planear el día después” de lo que calificó como “decisión correcta” de intervenir en Libia en 2011 para acabar con la dictadura de Muamar al Gadafi.
Libia es un Estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la comunidad internacional decidió apoyar militarmente el alzamiento contra la dictadura de Gadafi, que cayó ese mismo año.
Desde hace un mes el país vive una situación política confusa, con un Gobierno de unidad nacional establecido en Trípoli que no cuenta con legitimidad interna, un Parlamento reconocido internacionalmente en Tobruk que se niega a respaldar ese gabinete, y un liderazgo cesante y rebelde en la capital que aún conserva poder militar.
De la situación han sacado provecho tanto grupos radicales como la rama libia de la organización terrorista Estado Islámico (EI), que en el último año ha ampliado el territorio bajo su control e incluso establecido un nuevo bastión en la costa del Mediterráneo.