Turturro explicó que el documento, promulgado el 25 de mayo de 2026, no trata “sobre la inteligencia artificial”, sino sobre la custodia de la persona humana “en el tiempo de la inteligencia artificial”.
Dijo que la encíclica se inscribe en la Doctrina Social de la Iglesia y reafirma principios como el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad y el destino universal de los bienes.
El representante del Vaticano destacó que el mensaje central del texto es que “todo ser humano tiene una dignidad infinita y nunca pierde esa sublime capacidad de amar que Dios le dio cuando lo creó”.
Pese a las guerras, la violencia y la indiferencia, el papa León XIV considera a la humanidad como “magnífica” por su capacidad de amar y trascender, indicó.
Asimismo, resaltó que la IA constituye uno de los mayores logros del ingenio humano, pero advirtió que su creciente poder debe estar guiado por criterios éticos.
Citó al Papa, quien dijo que “nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma” y recordó que “más poderoso no significa necesariamente mejor”, por lo que la tecnología debe orientarse siempre al bien común.
El nuncio refirió que la inteligencia artificial no puede equipararse con la inteligencia humana porque carece de experiencia, conciencia moral, capacidad de amar y sentido de responsabilidad.
En ese contexto, alertó sobre el riesgo de delegar en algoritmos decisiones que afectan la vida, la reputación y los derechos de las personas.
También identificó tres riesgos principales que plantea la encíclica: el poder tecnocrático sin límites éticos, la deshumanización y la creación de una “Babel tecnológica”, donde las personas quedan sometidas a decisiones automatizadas.
Según explicó, estos escenarios pueden aumentar las desigualdades y concentrar el poder en pocos actores.
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Frente a esto, indicó que la Iglesia no pretende ofrecer respuestas técnicas, sino aportar una visión basada en la revelación y en la comprensión de la dignidad, la libertad y la vocación relacional de la persona.
Sostuvo que el diálogo con los sectores políticos, económicos y tecnológicos es indispensable para orientar el desarrollo digital hacia el servicio de la humanidad.
Impacto
Turturro remarcó que la encíclica dedica especial atención a los efectos de la IA sobre la verdad, el trabajo y la libertad.
Advirtió que la manipulación de la información, la automatización laboral y el control derivado de la recopilación masiva de datos exigen una educación crítica, normas justas y una responsabilidad compartida.
El diplomático destacó además el llamado del Papa a “desarmar la IA”, entendiendo que la tecnología debe liberarse de las lógicas de dominación, exclusión y muerte para ponerse al servicio de todas las personas.
El desafío, describió, no consiste en aceptar o rechazar la tecnología, sino en humanizar su utilización.
En esa línea, recordó que el documento propone construir una sociedad inspirada en la imagen bíblica de Nehemías, promoviendo un desarrollo integral que incluya a todas las personas y respete su libertad, interioridad y vocación al amor, dimensiones que ninguna máquina puede sustituir.
Durante su exposición, el nuncio instó especialmente a los sacerdotes a preguntarse cómo custodiar “la magnífica humanidad” en las comunidades cristianas, en un contexto marcado por profundas desigualdades, jóvenes hiperconectados y sectores vulnerables que podrían quedar excluidos de la transformación digital.
Turturro finalizó la presentación al señalar que la encíclica invita a optar por una humanidad capaz de amar y servir al prójimo antes que por una sociedad centrada únicamente en el poder tecnológico.
“Tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos”, enfatizó, retomando el mensaje central del primer documento pontificio de León XIV.