16 jun. 2026

Nuevos signos

Benjamín Fernández Bogado - www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

La elección de un Papa latinoamericano no es un acontecimiento cualquiera, es por sobre todo un reconocimiento mundial a una región de extraordinario potencial desperdiciado en gobiernos populistas, autoritarios o mediocres. El signo del Pontífice electo es trabajar duro y con humildad en la recuperación de los valores que hacen posible construir sociedades más prósperas y orgullosas. El mismo papa Francisco es hijo de esa tradición de valores familiares que, migrando de Italia, encontraron un sitio para desarrollarse en la Argentina, hasta alcanzar el honor más grande al que pueda ambicionar cualquier católico. Quizás nos esté diciendo más cosas esta elección, porque estas cuestiones exceden el ámbito restringido del creyente o del ateo. Sus primeros gestos y palabras, además de la elección del nombre, muestran con claridad un sendero renovado de entrega, compromiso, austeridad, disciplina y consagración a las tareas más excelsas. Es también un mensaje a los cínicos y pícaros, que no solo abundan en la política sino que han tomado por asalto nuestras sociedades para mofarse de quienes con valores superiores han pasado a ser el hazmerreír de muchos.

Paraguay sufre esto desde hace un buen tiempo, y el mensaje también va para una jerarquía de esta Iglesia excesivamente tolerante con los pícaros y bribones, al punto que uno de ellos alcanzó la presidencia de la República sin que nadie entre ellos se animara jamás a denunciar su conducta equivocada. Para nuestros obispos es claramente un mensaje serio: o trabajan comprometidos en su fe o deben abandonar el cómodo y privilegiado ejercicio de su magisterio.

Nuestro país debe atraer a los mejores en valores para que sean sus pastores, políticos, policías, militares o maestros. Si continuamos dejando que estas instituciones sean depósitos de seres humanos fracasados, no nos quejemos de los resultados que esta democracia ha venido brindando como experiencia colectiva en esos campos. Si la gente entra por el salario o la comodidad, por la seguridad o por los honores en cualquiera de estos oficios..., estamos mal. Estos son los lugares donde los valores son más rigurosamente necesarios y en donde el sentido del servicio, y no del poder, debe imponerse de manera reiterada. Requerimos con urgencias replantearnos la misión que estas instituciones tienen entre nosotros y que esperamos que ellas realicen. Si no lo hacemos, pronto de nada servirá quién alcance el poder, porque de verdad el ejercicio del mismo estará muy distante de los niveles de excelencia que la sociedad reclama. Los perdedores sociales no pueden ser curas, maestros, policías, militares ni políticos. En estos ambiente los pícaros, bribones y bandidos apestan, y deberían ser identificados y separados de aquellos que sí creen que el servicio a los demás es el blasón más importante que ostentan.

Si creemos que eso no es posible, si entendemos como sociedad que no podemos darnos algo mejor que lo que tenemos en esos sitios..., pues entonces no nos quejemos de los resultados mediocres que ha alcanzado la democracia en este país. No vamos a combatir la ignorancia, el delito, cuidar nuestras fronteras o las almas del Paraguay si creemos que los perdedores sociales deben acabar con un salario, un uniforme o una sotana desde donde mancillar la confianza depositada en ellos.

Esta semana fue noticia que el papa Francisco se cocinara, anduviera en metro u ómnibus o que fuera humilde..., como si todo eso no estuviera a tono con su investidura, cuando en realidad una persona se mide no por esos raseros, sino por la entrega, el servicio y la capacidad de estar a la altura de las demandas de un cargo, oficio o trabajo.

Hay que volver a las raíces. La matriz cultural paraguaya ha sido siempre de esfuerzo, trabajo y humildad.

Lo que vino después fue lo que nos hundió como país.