La Orquesta Sinfónica del Congreso Nacional (OSIC) ofrecerá este jueves 11 de junio una de las propuestas más relevantes de su temporada artística con el concierto denominado Nuevos horizontes sonoros, que reunirá estrenos absolutos de compositores latinoamericanos y una obra emblemática del repertorio internacional.
La cita será a las 20:00 en el Teatro Municipal Ignacio A. Pane (Presidente Franco entre Chile y Alberdi), con acceso libre y gratuito para todo público.
Bajo la dirección del maestro Gabriel Graziani, director asistente de la OSIC, el programa propone un recorrido que conecta la creación sinfónica contemporánea de la región con una de las piezas más importantes escritas para viola y orquesta a comienzos del siglo XX.
La velada se abrirá con el estreno mundial de Danza paraguaya Nº 3, obra del compositor paraguayo Juan Sebastián Giménez. Según explicó Graziani, la creación explora elementos característicos de la identidad musical paraguaya y los proyecta al ámbito sinfónico mediante una combinación de tradición y lenguaje contemporáneo.
Asimismo, la pieza se presenta como una nueva contribución al repertorio académico nacional y evidencia el creciente interés de los compositores paraguayos por dialogar con las raíces culturales desde una perspectiva actual.
El segundo estreno absoluto de la noche será Ritual de primavera, Op. 10, del compositor argentino Julián Caloggero. Inspirada en el antiguo mito griego de Deméter, Perséfone y Hades, la obra plantea un viaje simbólico a través de la oscuridad y el renacimiento.
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A través de una rica paleta orquestal y marcados contrastes sonoros, el poema sinfónico retrata el descenso de Perséfone al inframundo y su posterior regreso a la superficie, un relato que en la mitología clásica representa el ciclo eterno entre la muerte y la renovación, el invierno y la primavera, la sombra y la esperanza.
La segunda parte del programa estará dedicada a la primera audición en Paraguay del Concierto para viola y orquesta del compositor británico Cecil Forsyth (1870-1941), considerado una de las obras más significativas del repertorio concertante para viola de comienzos del siglo XX.
El maestro Graziani destacó que la partitura se caracteriza por su lenguaje romántico tardío, la riqueza de sus melodías y la elevada exigencia técnica para el solista, aspectos que la convierten en una pieza de gran atractivo tanto para intérpretes como para el público.