La noche está en pañales. Son las 00.20, aproximadamente. Sobre la calle Colonos Alemanes los menores aguardan con ansias su ingreso a la disco ubicada sobre esta calle. En ese lapso pasa de todo, hay de todo.
Desde venta de alcohol a menores en cualquier almacén, hasta el cambio de un porro por una lata de cerveza, de manera fácil, a la vista de policías, de los demás jóvenes y, también, de mayores que transitan por esa cuadra.
El proveedor está mezclado entre los chicos y chicas agrupados en la vereda. Es fácil detectar dónde se consigue “lo que te hace volar toda la noche, pero a veces te deja medio estúpido”, como definiría después un adolescente adicto, refiriéndose a la marihuana.
Las periodistas de este diario fueron hacia el vendedor de “Stone” o “Petardo”, para adquirir uno. La compra fue más fácil de lo que imaginaban: consiguieron marihuana como para armar un porro, y otro ya listo, a cambio de dos latas de cerveza (ver cuadro anexo). Al consultarle si tenía algo más fuerte, el vendedor respondió que a la mañana siguiente las esperaría en una de las playas con “merca” (cocaína) y crack. Ellas tenían que ir preparadas con G. 50 mil.
Luego de esta experiencia, la calle estaba casi vacía. Los niños lograron convencer a los guardias de la disco para ingresar. Rapidísimo. En menos de una hora.
Imitaron la viveza adolescente. Para constatar que en ese local entran menores, las enviadas preguntaron al guardia si sus hermanitas (supuestamente), de 15 y 16, podían pasar. La primera respuesta del contralor fue un no rotundo. Después de una leve insistencia, dijo que sí. Entraron con la niña de 16. El local ofrecía barra libre toda la madrugada, sin control alguno.
La noche transcurre divertida, pero termina de la peor forma: con vómitos por todos lados y adolescentes que no pueden pronunciar su nombre.
Lo fácil que es comprar droga
–Periodistas: ¿Tenés algo para vender?
–Vendedor: ¿Cómo que?
–P.: Un porro.
–V.: ¿Un Stone?
–P.: Sí.
–V.: Sí tengo. ¿Eso nomás querés?
–P.: Sí, por ahora.
–V.: ¿Cuánto querés?
–P.: Como para un porro por ahí.
–V.: ¿Para uno nomás?
–P.: Mmm... Dame para dos. ¿Cuánto me va a costar?
–V.: Traeme dos latitas de cerveza. Te preparo uno, y el resto de doy para que lo prepares vos. Así cerramos.
– P.: Dale. Che... ¿y no tenés algo más fuerte para después?
–V: Sí, pero no tengo conmigo. Mañana a las 10.00 voy a estar en una de las playas. Tengo “merca” y crack. A partir de cincuenta mil ya te voy a dar algo. Si querés en mayor cantidad, tenés que hablar con el “person” que está en Itauguá, porque a nosotros nos confían 10 gramos nomás, porque somos adictos. Si ellos llegan a saber que nosotros vendemos, nos pueden matar. Así que siempre tenés que decir que un canillita te vendió.
Esto sucede luego de
fumar unos porros
La marihuana es, probablemente, de las drogas prohibidas, la más consumida. Es una mezcla de hojas, tallos y flores de la Cannabis sativa. Su ingrediente psicoactivo es el tetrahidrocannabinol (THC).
Las membranas de ciertas células nerviosas cerebrales se adhieren al THC. Éste lanza reacciones que llevan a la euforia que se experimenta al fumar marihuana. El efecto se siente de inmediato, pero luego de media hora el mismo alcanza su apogeo.
Efectos a corto plazo: problemas de memoria y aprendizaje; dificultad para pensar, pérdida de coordinación y aumento del ritmo cardiaco. Su uso a largo plazo crea cambios en el cerebro y aumenta la activación del sistema de repuesta al estrés (menor tolerancia).
En la primera hora luego de haber fumado marihuana, el riesgo de sufrir un ataque al corazón se cuadruplica. Aumenta el peligro de desarrollar cáncer de cabeza o cuello, ya que su humo tiene entre 50 y 70% más hidrocarburos carcinógenos que el del tabaco.
El alcohol afecta a
casi todos los órganos
El alcoholismo es una enfermedad crónica, progresiva y a menudo mortal. Es un trastorno primario y no un síntoma. Es producido por la combinación de diversos factores fisiológicos, psicológicos y genéticos, y se caracteriza por una dependencia emocional y a veces orgánica del alcohol.
El alcohol es una substancia depresiva que disminuye el funcionamiento del sistema nervioso y afecta al cuerpo y a las neuronas rápidamente.
Perturba la razón y el juicio; retarda los reflejos, dificulta el habla y el control muscular; provoca pérdida del equilibrio, disminuye la agudeza visual y auditiva; dificulta la capacidad de reacción, irrita las paredes del estómago e intestino; provoca náuseas y vómitos; etc.
En grandes cantidades produce pérdida del conocimiento, gastritis crónica, altera el hígado, lleva a una cirrosis hepática, provoca hepatitis aguda, que puede llevar a la muerte, y causa el deceso por parálisis respiratoria y compromiso cardiovascular.
El riesgo de alzar el
volumen al máximo
El ruido en niveles excesivos puede causar pérdida de capacidad auditiva, alteraciones fisiológicas y psicológicas en las personas expuestas, además de otros efectos, como la alteración del sueño y el aumento del estrés del individuo.
El potente ruido interfiere en la comunicación, en el aprendizaje, en la concentración y en el descanso.
Cuando una persona está expuesta a una cierta intensidad de ruido, se producen también modificaciones en la circulación de la sangre y en el funcionamiento del corazón.
Los pobladores de San Bernardino corren el riesgo de adquirir cualquiera de estas molestias. “Nosotros no podemos dormir, no solo por el ruido de las discos, sino también por los autos que tienen música a todo volumen y por los desórdenes generados por los adolescentes alcoholizados”, se lamenta una vecina.
La ley permite solo 45 decibeles de 20.00 a 7.00, en el casco urbano, y 60, de 7.00 a 20.00.
3
son las personas que trabajan en la Consejería por los Derechos del Niño y Adolescente (Codeni) en la Municipalidad de San Bernardino.
100.000
personas llegan los fines de semana a San Bernardino. La ciudad no está preparada para esta cantidad de gente.
50.000
de las 100.000 personas que pueblan San Ber los fines de semana solo van “a farrear”.
14 a 17
es la edad aproximada de muchos de los que asisten a las discotecas céntricas de San Ber, donde se vende alcohol libremente.
9.200.000
aproximadamente (200 jornales) debe pagar una discoteca por cada menor de edad alcoholizado que se encuentre dentro de su predio.
43
de cada 100 chicos que van a instituciones educativas en Paraguay beben alcohol frecuentemente (Fuente: Observatorio de la Secretaría Nacional Antidrogas).