“No hay pan, no hay leche. No tenemos corriente. Los niños no van al colegio porque no desayunan y, cuando van, caminan hasta tres kilómetros porque no hay transporte…”, cuenta a EFE mientras a su lado su esposo Víctor, de 49, solo asiente con la mirada pérdida.
ESTAR EN PIE, UN RETO. Él dice que ya una vez ha pedido en su trabajo que lo dejen volver a casa porque, entre tanto calor, apagones de más de diez horas y otras dificultades, mantenerse en pie es un reto: “Me voy porque tengo sueño, estoy cansado (...) Esto es duro, muy duro”.
La pareja vive en Pura y Limpia, una humilde barriada de chabolas junto a la localidad de Santa Marta (occidente de Cuba).
EFE habló con ellos una semana antes de que allí –y en otros cuatro municipios de la isla– se vivieran este domingo manifestaciones, alguna con cientos de personas, en las que se gritaba “¡Comida y corriente!”, pero también “¡Libertad!” y “¡Patria y vida!”.
Para Catalina y Víctor, como para sus vecinos, la vida se ha vuelto cada vez más difícil en estos últimos tres años.