Opinión

No estaba muerto, andaba de parranda

Brigitte Colmán – @lakolman

Más de 150.000 estudiantes de las escuelas del Departamento Central no reciben los kits de alimentos, como lo hacen en otros departamentos del país. No sé si recuerdan pero hace dos meses estamos en cuarentena y miles de familias no tienen que comer.

El dato lo proporciona una denuncia del Sindicato Nacional de Directores de Instituciones Educativas del Paraguay (Sinadi), contra la administración de la Gobernación de Central, por la falta de distribución de kits de alimentos. De acuerdo con los datos, 19 distritos de Central están afectados. La situación es muy grave, la mayoría de los padres de estos niños ya no trabajan debido a la pandemia.

Cuando se suspendieron las clases presenciales, el Ministerio de Educación y las Gobernaciones deberían haber reemplazado el almuerzo escolar por kits de víveres.

El gobernador de Central, Hugo Javier González dispone de un total de 64.487.277.584 guaraníes para entregar kits de alimentos a los alumnos de los colegios públicos. Sin embargo, la gente está pasando hambre.

Conozco el caso de una pareja de Areguá, con cuatro hijos pequeños y él en plena pandemia se quedó sin trabajo cuando la firma en la que trabajaba cerró sus puertas.

Desde hace más de un mes esa familia, de gente trabajadora, sobrevive gracias a una olla popular que ayudan a organizar con sus vecinos, personas que se encuentran en las mismas condiciones de desprotección y desamparo.

Mientras estos pobladores juntan con gran esfuerzo tomates, cebollas, aceite y fideos, para la olla del día, el Estado paraguayo no solo ya se endeudó más de 1.600 millones de dólares, sino que además está considerando aumentar esa deuda, que por cierto, deberá ser pagada por los hijos y nietos de la pareja aregueña, a quienes en estos días, el gobernador de Central, Hugo Javier González les está negando los alimentos básicos para una vida digna.

La semana pasada, mientras las señoras de aquel barrio de Areguá, con preocupación veían mermar la cantidad de papas y zanahorias para el guiso comunitario, el gobernador colorado de Central festejaba un cumpleaños en el que, por lo que pudimos ver en la televisión, sobraban apetitosas tortas. Hubo un karaoke y el relajo ignoró por completo el aislamiento social al que estamos condenados todos los paraguayos desde hace más de dos meses.

El gobernador de Central, inoperante, vano, incapaz, prescindible e inútil, actualmente guarda prisión domiciliaria a la espera de los resultados del test del Covid-19; y en caso de no estar contagiado con la enfermedad, podrá volver a sus funciones de gobernador. O sea, a la nada le sumamos más nada.

Un amplio sector de la ciudadanía reclama vía redes sociales, se queja y plaguea, presiona y entonces, cuando ya no queda otra alternativa, la pesada burocracia de la Fiscalía reacciona. Esto pasó durante toda esta crisis por el coronavirus cuando se han denunciado casos de -presunta- corrupción con las compras del Estado para los insumos hospitalarios. Porque es evidente que los miserables no descansan ni siquiera en medio de una pandemia.

También hemos sido testigos de casos de inevitable prepotencia de autoridades, como la del intendente de Pedro Juan Caballero, José Carlos Acevedo, quien no solo se llevó por delante una barrera militar sino que de paso se cargó la carrera de un milico, que al parecer fue solo una cabeza de turco.

Hugo Javier tiene derecho a ser mediocre, y la culpa de que esté donde está la tienen la dirigencia cartista del Partido Colorado, y sus electores.

Él recibe un suculento salario de gobernador para hacer un trabajo para el cual no está capacitado, pero tendría que aprender a disimular un poco. Porque un día de estos, la gente de Central ya no se va a conformar con ollas populares y le va a perder la paciencia.

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