Editorial

Municipalidad tolera la polución visual generada por los carteles

La cartelería publicitaria dispersa por las calles y avenidas de la ciudad de Asunción no solo causa una polución visual que apeligra a las personas, sino que también conspira contra la estética urbana. Al sumar este problema al congestionamiento vehicular, la contaminación producida por los caños de escape de los vehículos, la suciedad, las veredas rotas y otras situaciones se tiene como resultado una capital descuidada por la Municipalidad que la gobierna. Es necesario, entonces, que la Comuna asuncena, a la par de perseguir a los que colocan sin permiso sus gigantografías, haga una revisión general de los carteles que se ubican a mansalva en cualquier parte sin ceñirse a las ordenanzas que regulan su colocación.

La Municipalidad de Asunción está preocupada porque el 60 por ciento de los carteles luminosos ubicados en estratégicos puntos de convergencia de calles y avenidas no pagan los impuestos establecidos. A partir de ese dato ha iniciado la campaña denominada “Descontaminación del paisaje visual urbano”.

Esa acción es tomada al amparo de la Ordenanza 121 que data de 2017. En virtud de la misma se reglamenta el funcionamiento de la publicidad en carteles electrónicos (pantallas Led/LCD y afines). Su propósito expreso, no considerado en disposiciones anteriores, es “prevenir la polución lumínica mediante la regulación del flujo radiante por parte de las pantallas Led y/o los denominados carteles electrónicos”.

El tema de cartelería luminosa es uno de los muchos temas que preocupan al ciudadano, dado que se expone diaria y constantemente al reflejo de luz que puede producir encandilamiento si se fija la mirada en ellos, y de ahí los peligros para convertirse en un motivo más de accidentes de tránsito.

La ordenanza establece los niveles correctos permitidos. Los mismos fueron establecidos por entendidos en la materia y están regulados de acuerdo con el lugar de colocación de los materiales a ser visualizados, según estén emplazados en zonas oscuras o de bajo, medio o alto brillo.

Ahora bien, la Municipalidad nunca habló de un control para ver si las gigantografías ubicadas, por ejemplo, en San Martín y Aviadores del Chaco se ajustan a los niveles de luminosidad establecidos. A simple vista, con las variaciones de luces a lo largo del día se observa que el rango luminoso es muy elevado.

La Comuna, que debería gestionar el bien común de la ciudad protegiendo a los ciudadanos que pagan sus impuestos, pasa por alto ese detalle. Su interés se inclina más a cobrar a los transgresores antes que a amparar a la gente de la polución visual expuesta en las vías de circulación.

Por otro lado, al abordar el tema del descuido de la cartelería de gran porte y costo, es imposible no considerar que Asunción está llena de carteles de todo tamaño, color e idioma sin orden alguno, ubicados incluso en las veredas. Allí también hay verdadera contaminación visual y ambiental. Bastará mirar el Mercado 4 y su entorno inmediato para corroborar esta afirmación.

Esa cartelería dispersa y descontrolada conspira contra la estética urbana y evidencia que la Municipalidad no se interesa por intervenir en los espacios públicos para garantizar una vida urbana de calidad a las personas.

La Comuna asuncena, además de cobrar los impuestos a las gigantografías instaladas al margen de las normas vigentes y controlar que no haya un desborde de luminosidad en los mismos, tiene que emprender también una campaña para regularizar la colocación de los carteles de todo tipo en toda la ciudad.

Es de esperar que, en corto tiempo, la Municipalidad de Asunción tome medidas correctivas globales para proteger a las personas de la incontrolada polución visual y ambiental que hoy pone en riesgo a las personas y conspira contra su estética.

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