16 may. 2026

México bajo fueg Carteles sin frontera

La línea que separa a México de EEUU ya no parece ser una barrera para los narcos. En Washington dicen que su vecino es “un estado fallido”. Felipe Calderón pide que se termine con el consumo en USA.

El enorme camión Freightliner dio marcha atrás e incrustó la culata contra la valla de alambre que separa México de Estados Unidos. Dos hombres abrieron la puerta trasera y bajaron una plataforma de acero por encima de la valla. Un segundo más tarde se prendieron unas luces y salieron del camión dos camionetas a toda velocidad. Bajaron por la rampa y se perdieron en el desierto. La operación no había durado más de cuatro minutos. La Border Patrol estadounidense llegó casi quince minutos después de ver todo por una pantalla del radar. Pero no pudo hacer nada. Las camionetas desaparecieron en la madrugada rumbo a Tucson, en Arizona. Una fuente de inteligencia dijo después que probablemente llevaban un cargamento de marihuana valuado en un millón de dólares que dos días más tarde fue distribuido desde Houston, Texas, hacia todo el país. La frontera ya dejó de ser un problema para los carteles mexicanos del narcotráfico que cada vez actúan con mayor audacia e impunidad.

El mes pasado el diario Los Ángeles Times informaba del secuestro de Juan Francisco Pérez Torres en el centro de la ciudad de Phoenix, en Arizona. Un muchacho de 34 años a quien se llevaron dos sicarios frente a su mujer y dos vecinos. Cuando llegaron los detectives Gina García y Sal Salgado, la mujer de Pérez Torres empezó a decir que no había pasado nada, para luego admitir el secuestro. El problema era que el muchacho, aparentemente, se había quedado con un vuelto de unos narcotraficantes de Sinaloa, el mismo estado mexicano donde había nacido. Los detectives, finalmente, lograron liberarlo y descubrieron una red de narcotraficantes y secuestradores conectada directamente con el cartel del “Chapo” Guzmán en Culiacán. El año pasado, en Phoenix, se registraron 366 secuestros, el número más alto de cualquier ciudad estadounidense. Los detectives García y Salgado aseguran que todo es obra de los narcos mexicanos que ya controlan ese territorio que le arrebataron hace tres años a la mafia local estadounidense. Y no es la única ciudad que controlan. De acuerdo a un informe presentado en el Congreso de Washington por la US National Drug Threat Assessment, los carteles mexicanos operan en 230 ciudades estadounidenses.

ESTADO DE ALERTA. Todo esto asusta a las autoridades de Estados Unidos. El ex zar de las drogas, el comandante Barry McCaffrey, el ex director de la CIA, Michael Hayden, y hasta el líder del sector más conservador de los republicanos, Newt Gingrich, lanzaron en los últimos días el alerta sobre el país vecino al que calificaron como “un estado fallido”, al estilo de Somalia o Afganistán, que están en manos de los señores de la guerra. Algo que enfureció al presidente Felipe Calderón, quien al hablar la última semana ante un foro de Perspectivas y Oportunidades Económicas en la ciudad de México dejó de lado el discurso que tenía preparado y se lanzó con una fuerza inusitada contra las críticas: “Reto a quien diga eso a que me diga a qué punto del territorio nacional quiere ir y lo llevo. Podrá ver muy claramente en cualquier punto de nuestro país el imperio del Estado”.

Y por primera vez desde que asumió el cargo, Calderón exigió claramente que Estados Unidos acepte su parte de responsabilidad en el problema del narcotráfico al ser la nación donde se consume el 90% de las drogas que pasan a través de México o se producen aquí. “Díganme, ustedes, cómo se explica un mercado tan grande de drogas, el más gran del mundo, en Estados Unidos, sin la corrupción de ciertas autoridades estadounidenses”, dijo Calderón y hasta golpeó el estrado.

Unas horas antes se había anunciado desde el vecino del Norte un recorte en la ayuda que Washington le prometió a México para la lucha contra el narcotráfico dentro de la llamada Iniciativa de Mérida. El Congreso impuso un recorte de 150 millones de dólares y sólo enviará 300 millones. Pero lo que terminó por enfurecer a Calderón fue la inclusión del capo del narcotráfico “El Chapo” Guzmán en la lista de los más ricos del mundo que elabora la revista Forbes. “Lamento profundamente que haya escalado una campaña que parece que es en contra de México, Que la opinión pública, y ahora las revistas, no sólo se dedican a atacar, a mentir sobre la situación de México, sino a exaltar a los criminales”, soltó Calderón. Una hora después le contestaba el portavoz del Departamento de Estado, Robert Wood: “El Gobierno de Estados Unidos no está tramando una campaña contra México”. Ese será el eje de las conversaciones esta semana cuando llegue Hillary Clinton a México y cuando viaje el presidente Barack Obama el 24 de abril, en la que será su primera visita a América Latina.

GUARDIA NACIONAL. Obama dijo apenas un día antes que “es inaceptable que haya carteles de la droga que estén cruzando la frontera con Estados Unidos y matando a ciudadanos estadounidenses”. Había recibido poco antes un llamado del gobernador de Texas, Rick Perry, pidiéndole que envíe a la Guardia Nacional a la frontera. Obama contestó públicamente que “no estoy interesado en militarizar la frontera... pero voy a escuchar las recomendaciones de mi equipo de seguridad”, aunque tiene presiones internas para actuar en ese sentido. El jefe del Estado Mayor Conjunto, Michael Mullen, hablando ante una comisión del Senado confirmó que se había ofrecido ayuda militar a México y lanzó algunos conceptos preocupantes para todo el continente: “Hay principios de contrainsurgencia en juego aquí, aún cuando se trata de un combate contra carteles de la droga”.

Pero nadie habló directamente del consumo y cómo terminar con él. De acuerdo al Departamento de Salud, 35 millones de estadounidenses de más de 12 años consumieron alguna droga ilegal en el 2007. De estos, 25 millones usaron marihuana y 5 millones cocaína. También provienen de Estados Unidos todas las armas utilizadas por los narcotraficantes mexicanos que compran en alguna de las 6.500 armerías y las 150 ferias de armas que se concentran en una franja de 150 kilómetros dentro del territorio estadounidense y a todo lo largo de la frontera.

La oficina de Control de Activos de Washington logró detectar 33 empresas que operan a uno y otro lado de la frontera y que son utilizadas por el Cartel de Sinaloa para el blanqueo de dinero proveniente del narcotráfico. La contadora Blanca Cáceres Salazar es quien maneja toda esta red financiera del narco bajo diferentes nombres y nombres de testaferros.

Aquí en la frontera es donde se concentra también el foco de corrupción que permite que el narcotráfico florezca. Del lado estadounidense, en El Paso, atraparon al ex zar de la droga mexicano, Noe Ramírez Mandujano, recibiendo 450.000 dólares del cartel de Sinaloa. Era apenas el pago mensual por pasar información acerca del movimiento de las tropas del Ejército en esta zona. El propio presidente Calderón dijo en el llamado Día Contra la Corrupción que se había hallado a 11.500 funcionarios culpables de cobrar “mordidas” (coimas) por 300 millones de dólares. Transparency México, la organización que monitorea la corrupción en todo el mundo, asegura que en este país se pagan más de 2.000 millones de dólares en “mordidas”. Y el profesor Edgardo Buscaglia, del Instituto Tecnológico Autónomo que hizo un relevamiento del fenómeno, asegura que el 63% de los municipios mexicanos están controlados de alguna manera por el dinero del narcotráfico.

SOFISTICADAS ESTRUCTURAS. Todo ese dinero e impunidad les permitieron a los carteles armar estructuras muy sofisticadas que rayan con la de una organización política de primera línea. El 17 de febrero, cuando comenzaron a llegar los refuerzos de tropas a Ciudad Juárez, se registraron manifestaciones simultáneas que cortaron por todo un día la circulación en cinco puentes internacionales que cruzan hacia Estados Unidos y en la emblemática ciudad de Monterrey, donde hasta ahora se registra un movimiento menor de los carteles.

De un momento a otro se aglomeraron en las entradas de los puentes decenas de manifestantes con pancartas que pedían el retiro de las tropas. El gobernador de Nuevo León, Natividad González, dijo que se trataba de grupos de “narcolumpen”. Lo cierto es que de acuerdo a una investigación de la revista Proceso, se trató de gente a la que el Cartel de Juárez y Los Zetas, la fuerza de choque del Cartel del Golfo, le pagó entre 20 y 30 dólares a cada uno para que se manifestaran en el lugar.

Frente a la entrada del puente en el centro de Ciudad Juárez, un informante me señala a un muchacho de unos 25 años, delgado, de bigote fino y gorra de béisbol. Me dice que fue uno de los que pagaron ese día y organizó la protesta. Me acerco a preguntarle.

--Ah, chingá, ¡a poco va a haber despensas! (no, bolú, no hubo dinero). ¿Pero trajiste a la gente? Buey, hubo una chinga de gentes (mucha gente). Vinimos con mucha raza (mucha gente).

Cuando me di vuelta vi a dos tipos de caras brutales que observaban la escena. Estaban parados sobre la baranda del puente, a 50 metros de donde comienza el territorio estadounidense. Son los informantes que controlan todo y se manejan como si allí no hubiera fronteras. Para los narcos todo es territorio propio.

LA SERIE

Está serie de notas comenzó el domingo con un relato sobre la narcoguerra en Culiacán, Sinaloa, y continuó ayer con lo que está sucediendo en Juárez, más conocida como la “ciudad de la muerte”.