17 ago 2026

Medio insulto y un libro

La pasión mal entendida

Por Carolina Cuenca - ccuenca@uhora.com.py

Es famosa la alocución que hiciera el gran poeta español Federico García Lorca al pueblo de Fuente Vaqueros (Granada) en setiembre de 1931 con motivo de la inauguración de una biblioteca. Decía el maestro:

“Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. «Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre», piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Esta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión”.

Este alto concepto suyo de la pasión es lo que me recordó, por contraste, el manoseado uso que le dan a esta expresión ciertos dirigentes de fútbol, en particular, y muchos otros líderes sociales, en general. Se está expandiendo por culpa de ellos una tergiversada forma de entender uno de los condimentos de la belleza de la vida: la pasión.

“La pasión del fútbol” dicen y con ello justifican el insufrible maltrato, la verborragia, el chisme, la incitación a la violencia que se hace día tras día en el “ambiente” “deportivo”. Así, entre comillas, porque lo que en realidad resulta es un denso contexto vital que apenas da para respirar y no tiene nada de deportivo ni de bello, la verdad.

Todavía hay chicos que se creen este discurso e imitan la conducta bochornosa de los “adultos” que conducen sus clubes o partidos políticos, pero entre varios otros jóvenes empieza a expandirse un desencanto tan grande que los aleja de la verdadera pasión que puede significar practicar un deporte, hacer política, por ejemplo, y los acerca peligrosamente al borde del mundo del autoencierro, de la falta de socialización y de la soledad.

Quizás estos son los más inteligentes porque se sienten heridos por quienes deberíamos acercarlos, como decía Lorca, al gozo “del supremo bien de la belleza”.

Quizás a ciertos intereses oscuros les convenga mantener a la masa al borde del precipicio, disfrutando eso sí de pan y circo, pero sin pensamiento, sin belleza, sin crecimiento humano, sin desarrollo.

Lo penoso es que esto siempre termina siendo un arma que apunta hacia los mismos que la encañonan y luego hiere a los inocentes.

Si de hallar un camino distinto se trata, para escapar de este atolladero educativo, creo que las mismas palabras de Lorca pueden ayudarnos a encontrarlo:

“Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro... bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado... el lema de la República debe ser: Cultura”.