12 feb. 2026

Luis Cogliolo
El artista que adoptó a Areguá como musa

CREATIVO Y FIEL A SU ESENCIA. Cincuenta años de trayectoria celebró recientemente el artista visual Luis Cogliolo, un referente de la cultura paraguaya contemporánea.

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@Lic.marisolramirez

Medio siglo de creación artística fue parte de una muestra retrospectiva en la que se vieron trabajos realizados por Luis Cogliolo.

Desde mediados de noviembre, el artista ofreció una Retrospectiva con sus obras de toda una vida, en la galería Casa Mayor del barrio Villa Morra.

Este evento que fue impulsado por Sara Cogliolo, su hija, se apoyó en la agencia de publicidad Wacamole y en el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (Fondec).

“El foco fue destacar la trayectoria de mi padre en el ámbito del arte y el aporte a la cultura nacional que hizo al país, con sus 50 años de trabajo”, explicó a ÚH Sara Cogliolo, quien formó parte del equipo curatorial.

La muestra fue para el público un viaje visual desde los primeros dibujos técnicos y experimentaciones gráficas de Cogliolo en la década de 1970 hasta sus obras más recientes.

Se pudo disfrutar de sus esculturas y composiciones, en las que el color, la naturaleza y los materiales cotidianos cobran nueva vida.

La selección de obras incluyó propuestas elaboradas desde 1975 hasta la fecha, lo cual hizo que la convocatoria sea inédita, con piezas nunca antes exhibidas que pertenecían al archivo personal del artista.

Acerca de sus creaciones consultamos al artista qué le inspiraba en sus comienzos, y qué le mantiene inspirado hasta hoy.

“Mi preocupación en la década de los 70 con relación a mi obra era expresar mi incomodidad con la realidad de ese momento: la realidad política y la realidad social”, recordó.

Por eso su obra era en blanco y negro, “y tenía que ver con rupturas, con hilos y con papeles que se doblan. Es decir, mi trabajo se orientaba por ese camino”, detalló.

Evolución. La evolución de Luis Cogliolo, quien nació en Buenos Aires, Argentina, y se radicó en Paraguay desde los años setenta, se dio lenta pero segura.

Fue parte de una generación pionera que introdujo la gráfica, el diseño y el lenguaje experimental en el arte local.

Su producción transitó del rigor técnico a una poética inspirada en lo natural, incorporando materiales encontrados, geometrías simbólicas y paisajes transformados por la sensibilidad.

“Obtuve grandes satisfacciones, primero como artista, luego como ser pensante”, destacó.

“Nunca pensé que llegaría a vivir de la venta de mis obras. Durante gran parte de mi vida fui artista de fin de semana, porque de lunes a viernes tenía que trabajar en otra cosa”, confesó.

A lo largo de su extensa producción, Luis Cogliolo también fue agitador cultural, agricultor, galerista y observador atento del entorno, combinando el trabajo del artista con el del sembrador de ideas.

Cogliolo jamás imaginó que podría vivir de la venta de sus obras, llegando a tener su propio espacio, su taller.

“Me parece increíble y fue con mucho sacrificio, tanto mío como de otras personas”, agregó.

RIESGOS/RECONOCIMIENTO. Los riesgos enfrentados, analizó el artista, consistieron en saltar de un tema a otro.

“Si bien la serie de Areguá es lo más conocido de mi obra, tengo muchas otras series que hice en paralelo, con diferentes técnicas y en diferentes momentos, y no sabía si al público le iban a gustar o no”.

En estos años de trayectoria, la serie Areguá es la más conocida, ¿cuál es la serie que le sigue a Areguá en el ranking de posicionamiento y venta?: “Es la serie llamada Sueños sin Color, que es un trabajo sobre niños del mundo.

Esta serie es un trabajo de intervención de imágenes; “utilizo fotografías de otros artistas para intervenir en la imagen”, respondió Cogliolo.

Arte y memoria. Como artista y testigo de la historia artística del país, Luis Cogliolo califica a Areguá como su musa inspiradora.

“No tengo mucho contacto con Asunción, mi musa es Areguá”, explicó uno de los referentes más sólidos de la plástica paraguaya.

Por ejemplo, la serie Areguá, “el tema de las hojas, etc., nació de las veces que la vegetación de Areguá me invadió, de su cotidianeidad de naturaleza y vegetación”.

En cuanto a Asunción –sumó–, “está en mi memoria la Asunción de las décadas de 1960 y 1970, con sus calles de jazmines y azahares, pero cada vez es menos esta la Asunción actual”.

Memoria y esencia. Al hablar de la relación entre su obra y la memoria del paraguayo, Luis Cogliolo reflexionó sobre la particularidad de su trabajo.

“Mi obra es bastante particular, y dentro de mis memorias, esto cuenta mi vida, no solo como artista, sino como persona, porque para mí el arte y todo esto es una actitud ante la vida”, expresó. “No asumo el arte o la palabra ‘artista’ como un personaje esnob que aparece en vernissages y en entrevistas. No me preocupa mucho lo que la gente piense sobre mi obra. Todo este trabajo lo hice más para mí que para el exterior”, dijo.

Para el artista, siempre fue claro, “al que le gusta, compra. Hice algunas concesiones para sobrevivir, pero básicamente, mantuve mi espíritu de persona libre, mi esencia”.

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