A tal grado llega la discriminación de los varones con respecto a sus compañeras que estas, para defender sus intereses y plantear sus reivindicaciones, se vieron empujadas a formar el Centro Serafina Dávalos. Al escoger ese nombre se evidencia que los sueños de aquella feminista pionera siguen vigentes.
Esa mentalidad de rechazo de los que comparten las aulas con personas tan iguales a ellos es explicable desde el punto de vista del autoritarismo y la preeminencia del hombre, que todavía no han sido desmantelados como conducta social. Refleja lo que en otros ámbitos, de manera más solapada y no siempre publicitada, sigue manifestándose.
El preconcepto que mueve esa idea retardataria y anacrónica es la superioridad del sexo masculino: los hombres son libres, capaces e inteligentes. Las mujeres son todo lo contrario. Por lo tanto, tienen que seguir relegadas.
Cuando ya los avances hacia la plena igualdad entre hombres y mujeres –por lo menos a nivel teórico, porque en el terreno de lo práctico aún hay mucho camino por transitar– son tan considerables, en pleno siglo XXI, parece imposible que existan jóvenes que activamente promuevan y practiquen esa forma de barbarie que es marginar a sus semejantes.
Sin embargo, los vientos de una sociedad más abierta, inclusiva, democrática y tolerante no han soplado aún a quienes pretenden mantener un modelo cerrado, excluyente, dictatorial y agresivo. Caminan a contramano de la historia y reproducen en su conducta un esquema que hoy solo puede motivar rechazo y condena.
Si bien el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), al convertir en una institución de enseñanza mixta el CNC, dio un paso trascendente hasta hoy que no logra desactivar el dogmatismo de los estudiantes con respecto a sus compañeras. Sus métodos, por lo que se observa, son ineficaces para convertir en cenizas criterios que hoy ya deberían haber estado sepultados.
La existencia de un centro de estudiantes de hombres y otro de mujeres muestra las aristas de un problema no resuelto que incide en la calidad de la educación. Los jóvenes se perjudican a sí mismos al mantener una situación que es fuente de incomodidades y conflictos explícitos o implícitos que permean las relaciones entre los actores sociales presentes en esa institución fundada en 1887.
Los defensores de un machismo extemporáneo deben arriar sus banderas de intransigencia y convivir respetando a seres humanos que tienen los mismos derechos que ellos.
A las autoridades del MEC y del CNC les compete buscar y encontrar otras estrategias para cambiar esa realidad que atenta contra los principios de la reforma educativa.