La foto de tapa de ÚH del pasado miércoles 26 era sobrecogedora, inquietante. Con un golpe de vista la gráfica pudo haber pasado desapercibida, pero bastaba detenerse en ella unos segundos para que afloraran la indignación y la rebelión. Daban ganas de gritar y salir a patear las abundantes e inútiles posaderas de mandatarios y de todos aquellos que se dicen representantes del pueblo. En la década del 60 había otras formas de rebelarse, pero ello hoy resulta improcedente, ética y políticamente.<br>La portada ofrecía, con un fondo de miseria, la imagen de una mujer que aún guarda vestigios de juventud y belleza, pero la desesperanza que arrastra le agrega años de vida, como una máscara indeleble. Su rostro abrigaba una mirada perdida, sin ningún atisbo de alegría ni esperanza.<br>La mujer cargaba dos robustas niñas que, con sus escasos años, ya tenían también marcadas en el rostro el signo del pesimismo, como avizorando un futuro de postergaciones. Los gestos de las niñas eran aún más lacerantes y escrutadores que el de la madre. Las miradas también perdidas, los ceños fruncidos, la vivacidad ausente. Eran el fiel retrato de la inocencia ultrajada por el abandono y la indolencia políticas.<br>Por si fuera poco, la mujer, en medio de la desolación que dejaron los incendios y la sequía, fue abandonada por su pareja, quien se llevó a su hijo de 5 años.<br>María Vázquez, 27 años, y sus hijas Catalina (3) y Fidelina (1), pobladoras del asentamiento Ko’ê Pyahu (Nuevo Amanecer, vaya ironía), distrito de Agüerito, departamento de San Pedro, no son fantasmas, espejismos ni un invento de la prensa. Son parte de esa realidad que viven miles de familias en el campo y la ciudad. Son el resultado de la ignorancia, de la ineptitud y de la insensibilidad políticas.<br>Son parte de esa realidad que lastima y que la mayoría de nuestras autoridades y políticos no ven o no quieren ver para no incomodarse o para tener que trabajar.<br>María Vázquez y sus hijas son solo parte de unas estadísticas oficiales engañosas imposibles de rebatir porque en este país no existe una institución privada que contraste los maquillados números gubernamentales sobre la pobreza.<br>La población paraguaya ha sido sometida de tal manera que no atina a rebelarse en contra de sus verdugos.<br>Una nueva oportunidad de romper con esas cadenas está cerca. Ojalá esta vez la sepamos aprovechar.<br>