Por Manuel Ferreira Brusquetti
Economista Jefe
Fundación Desarrollo en Democracia
Un paisaje nuevo empezó a aparecer últimamente en el campo argentino. Donde antes se veían extensos cultivos, hoy se ve una tierra marrón apenas cubierta por barbechos que nos recuerdan previas labranzas en campos de elevada producción, y en medio de estos paisajes casi lunares unas tiras muy blancas que parecen cicatrices que cortan las llanuras pampeanas. Son los silos bolsa. Unas enormes bolsas de plástico donde se ha guardado la producción de toda la campaña de la pujante agricultura argentina que los productores se niegan a compartir con un Estado depredador.
Cuando se hace un recorrido semejante por el campo paraguayo se pueden ver extensiones similares de verdes praderas sembradas con trigo, y amarillos maizales castigados por las duras heladas que antecedieron al veranillo de San Juan.
Aunque hablemos de agricultura, estas diferencias cromáticas tienen su origen sólo parcialmente en los efectos de la naturaleza. Mientras el verde del trigo joven y el amarillo del maíz seco, son los colores naturales de estos cultivos al arbitrio de los elementos, el marrón oscuro y el blanco brillante del campo argentino nacen, aunque resulte difícil creerlo, de la mano del hombre. Es que el sistema de retenciones al que ha sujeto el gobierno argentino a su poderosa agricultura, ha sido el incentivo necesario para que los agricultores dejen de cultivar y tengan que ir a las rutas a intentar convencer a los demás de lo injusto de estos gravámenes. Porque las retenciones se cobran sobre lo que se vende, sin importar lo que costó, y se le cobran sólo al sector agropecuario, cuando éste por primera vez en la historia está pudiendo salir de los vaivenes típicos de esta producción. Y como los impuestos no se pueden exportar, ni en Argentina ni en ninguna parte del mundo, resultan en precios menores para los productores, sin distinguir si son grandes o chicos. Se nivela por lo bajo.
Nuestro gobierno feto, porque aún no ha nacido, parecería estar dando indicios de que le interesaría cobrar retenciones similares a las que tanto daño causan a la Argentina. ¿Para qué poner impuestos nuevos si la recaudación tributaria sigue creciendo en nuestro país, y Fernando Lugo va a recibir una importante suma en la caja del Estado el 15 de agosto? Lo que pasa es que los gastos del Estado también van en aumento, y no son precisamente aquellos que se convierten en rutas, puentes, salud o educación, sino los que generan más funcionarios públicos, costosos e innecesarios para el pueblo paraguayo, pero imprescindibles para los votos de la clase política. ¿Tiene intenciones Lugo de librar la verdadera batalla, o se quiere esconder detrás de una supuesta redistribución que sólo aportará conflicto?
Antes de pedir nada, Fernando Lugo y sus ministros tienen la obligación de demostrar primero lo que pueden hacer. Coincido profundamente con las manifestaciones de nuestro electo presidente de que hay que reducir la desigualdad. Pero en Paraguay, esto no implica sacarles a unos para darles a otros. En estas latitudes, Robin Hood no funciona.
En Paraguay, luchar contra la desigualdad significa integrar a grandes sectores marginados a las cadenas productivas. Y estas cadenas productivas están íntimamente relacionadas al agro. El ingreso de China, India y Rusia a los mercados capitalistas y la necesidad de combustibles del primer mundo, ha hecho que los precios de los alimentos suban y los de las máquinas bajen. El mundo quedó dividido entre productores y no productores de alimentos. Y nosotros nos encontramos en el primer grupo. Lo importante no es destruir lo existente, sino ser lo suficientemente inteligentes para utilizarlo como plataforma para crecer mucho más, y en el proceso ir integrando a toda la población posible a esta gran empresa nacional.
Distribuir en Paraguay significa buscar fuentes de ingresos sin afectar los incentivos para producir. Itaipú, como bien lo señaló Lugo en toda su campaña, es una fuente viable para esto. Hay que seguir reduciendo la evasión, y para ello, buscar mejorar los mecanismos de recaudación sin alterar los incentivos de los contribuyentes, porque si los alteramos sólo vamos a generar más evasión.
Entretanto, no imitemos a la Argentina. Los colores de nuestro campo son mucho más lindos.