Correo Semanal

Los buscadores del Cabichuí perdido

 

Andrés Colmán Gutiérrez

Un mita’i soldado descalzo y con el torso desnudo, vestido apenas con un chiripá y la clásica gorra tricolor en la cabeza, portando un espadín en la cintura, recibe de manos de un sargento del Ejército del Mariscal Francisco Solano López un voluminoso bolso con periódicos que cuelga del hombro, con instrucciones precisas: “Debe llegar hasta el extremo más al Sur, sin falta”.

“Llegaré, sargento”, promete el mita’i, echando a correr por el campo de batalla. Alcanza a escuchar la última recomendación del superior: “Anínte nde juka hikuái” (No dejes que te maten), mientras sigue a la carrera entre lluvias de balas, cañonazos y combates cuerpo a cuerpo. Llega al frente y se mete a una carpa donde es reprendido severamente por haber interrumpido la discusión de los oficiales. “Traigo el Cabichuí, señor”, se excusa el chico, dejando el paquete sobre la mesa. Un teniente vocifera enojado, mientras sus camaradas se apoderan de los ejemplares. Las carcajadas lo sorprenden. El airado oficial se da la vuelta y ve a todos leyendo entre ataques de risa. Entonces él también toma un periódico con gesto adusto, pero al poco rato tampoco puede parar de reír.

Escena similares se repiten a lo largo de la trinchera, donde los soldados celebran cada artículo, cada dibujo satírico. Aunque no todo es alegría, cuando el mita’i regresa al campamento encuentra que el mismo sargento que le había dado los periódicos está ahora tendido en el suelo, herido de muerte tras un ataque aliado.

Es el argumento de la historieta Canillita, escrita por el guionista y novelista uruguayo Rodolfo Santullo y dibujada por Roberto Goiriz, con colores de Edgard Arce, una de las varias obras incluidas en el álbum El Cabichuí perdido, que se presentará el jueves 10, a las 19.00, en El Cabildo de Asunción. El volumen de 98 páginas a todo color reúne 15 trabajos de 19 escritores, guionistas y dibujantes, convocados por el historietista y editor Roberto Goiriz en un homenaje al legendario periódico de trinchera Cabichuí, editado durante la Guerra de la Triple Alianza.

UNA BATALLA CUTURAL.

El llamado “periodismo de trinchera” cumplió un rol fundamental durante la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), que enfrentó al Paraguay contra Brasil, Argentina y Uruguay. Cuatro fueron los periódicos que se editaron durante la contienda: El Centinela, Cabichuí, Cacique Lambaré y La Estrella.

De todos ellos, el que más ha destacado por su calidad estética y por su lenguaje agresivamente sardónico fue el Cabichuí (avispa, en guaraní), que empezó a editarse el 13 de mayo de 1867 en el cuartel general del Ejército paraguayo en Paso Pucú, en la actual región de Ñeembucú.

Escrito en castellano y guaraní, en un lenguaje popular, con un tono abiertamente propagandístico y panfletario, incluyó artísticos grabados caricaturescos, en páginas impresas de manera artesanal. Ante la precariedad de los recursos, se fabricaba el papel con fibras de karaguata, una planta nativa de la región, y se confeccionaba la tinta con el jugo de porotos negros (kumanda hu) y bayas silvestres. En la calidad de sus textos e imágenes se reconocen las bases de varias disciplinas artísticas en el Paraguay, como el periodismo, las artes plásticas, el humo gráfico y el cómic o la historieta.

Entre sus escritores se menciona a Natalicio Talavera (considerado el primer poeta paraguayo y el primer periodista corresponsal de guerra), Juan Crisóstomo Centurión, Eugenio Bogado, Francisco Solano Espinoza, Fidel Maíz, Tristán Roca y Víctor Silvero, y entre sus ilustradores a Saturio Ríos, Inocencio Aquino, Gregorio Cáceres, Juan Bargas, Francisco Velasco, Francisco Ocampos, entre otros.

“Se publicaron 95 números del Cabichuí, pero nosotros encontramos en nuestra imaginación el número 96 para continuar la batalla cultural con nuevas creaciones, que van desde el relato histórico hasta las narraciones de ciencia ficción, desde el humor disparatado hasta las reflexiones sobre el conflicto”, explica Roberto Goiriz, quien se encargó de dirigir y editar el álbum de homenaje al legendario periódico, en el marco de los 150 años de la Guerra.

LA RESISTENCIA DEL HUMOR

El álbum inicia con una versión recreada del apócrifo número 96 del Cabichuí, fechado en mayo de 1870, en donde los textos de Hugo Lafuente y los grabados de Gustavo Rodríguez imitan el lenguaje y estilo original del periódico para contar el final de la contienda, con la muerte de López en Cerro Corá.

Javier Viveros escribe El Congreso de la grafía guaraní, con dibujos de Adam, narrando un sesudo encuentro presidido por López, en donde se estableció históricamente el primer alfabeto guaraní en pleno campo de batalla, el mismo que luego sería utilizado en los periódicos de trinchera, al cual el sabio Moisés Bertoni consideró “el mejor de los alfabetos populares existentes”.

Moneco López y Nico Espinoza, en su mejor estilo caricaturesco, narran la disparatada odisea de un grupo de soldados a quienes se encarga editar El mamangá, un presunto suplemento cultural del Cabichuí, sin dejar títeres con cabeza: Se burlan de los enemigos aliados, pero también de López, de Madame Lynch, de los propios soldados “pila”, aunque sus principales dardos tienen que ver con la actual situación política y social del país y mucho más con la fauna periodística que ellos tan bien conocen. En su divertida y colorida entrega de once páginas aparece hasta el gaucho argentino Inodoro Pereira, personaje del gran Fontanarrosa, haciendo un cameo.

Con un tono expresivamente dramático, con guion y dibujos propios, en Soldado de papel, Ale Espinoza cuenta la emotiva y estremecedora historia de uno de los grabadores del periódico. Colmán Gutiérrez (guion) y Kike Olmedo (dibujos) traen La pluma y la espada, una crónica sobre la últimas horas de Natalicio Talavera, víctima de una epidemia de cólera en pleno frente de batalla, con su heroica vida contada en una recuento de imágenes fugaces.

El mordaz Melki une la ciencia ficción futurista con la historia en épocas de la guerra para retratar muy humorística y cruelmente al cruel Conde D’Eu. Carlos Argüello parte de la aventura actual de una ciclista por los cerros de Sapukái, para hacer una viaje al pasado y sus misterios. Ray Armele entrega un elaborado cuento ilustrado por Goiriz “en los cielos de la guerra”. Lafuente y Montoya apelan también al humor y a la ciencia ficción en El Tratado, mientras Viveros y Adam recurren al mismo estilo visual original del Cabichuí para contar una divertida historia en Imperio macacuno.

El escritor e historiador Fabián Chamorro extrae de las propias páginas del Cabichuí la historia de Francisca Cabrera, la heroica mujer que decidió morir peleando junto a sus hijos, antes que entregarse al enemigo, con una historia en la que Goiriz combina hábilmente sus dibujos con las ilustraciones de origen. El álbum se completa además con varias caricaturas de aquellos grandes artistas gráficos de hace 150 años.

De aquella guerra a esta actual época de crisis, el humor gráfico y la creatividad narrativa siguen siendo armas de resistencia, claves de identidad. Reír de lo que nos pasa es una manera de mantener encendida la esperanza. Así lo entendían aquellos que hace un siglo y medio pelearon por la dignidad y la patria, con la pluma y con la espada. Así lo entienden quienes hoy reavivan la legendaria llama del Cabichuí.


Escritores y dibujantes rinden homenaje al más celebre periódico de la Guerra del 70 con un álbum que combina el humor, la aventura y la sátira política,

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