Loma Vermelha. Vinícius Mato conversa con un cliente, luego de que haya realizado su compra. Ambos sostienen la conversación en fluido portugués.
El negocio de Vinícius, quien hace cinco años llegó desde Brasil a Paraguay para estudiar Medicina, está repleto de productos de su país.
“Es para la gente que todavía está acostumbrada a las cosas de allá”, explica sobre la mirada certera que tuvo para captar el nicho de clientes que vienen a su local.
El nombre del negocio de Vinícius está en portugués, como otros de su calle y más allá. Idioma que puede escucharse hablar a varias personas en la calle, en la música que sale de los bares, locales de comida, peluquerías, gimnasios, servicios jurídicos, etc. El léxico brasileño tiene fuerte preponderancia en Loma Pytã desde hace casi una década, cuando una universidad privada empezó a recibir estudiantes del país vecino que siguen la carrera de Medicina.
Es tan marcada la presencia de brasileños que el ingenio popular a rebautizado al barrio como Loma de Janeiro. Al recorrerla, pareciera ser que uno está en la frontera o en el mismo Brasil. Uno vuelve a su punto geográfico exacto cuando escucha como los vehículos golpean sus partes con los innumerables baches.
Vinícius, quien lleva ese nombre por el poeta brasileño, ha encontrado motivos para quedarse en Paraguay, aún estando en pausa su carrera de Medicina.
“De Paraguay me gusta las oportunidades de trabajo que hay, pero principalmente la gente. Este un país muy receptivo, con gente muy hospitalaria”, dice y adelanta que piensa traer a toda su familia.
Distintas distancias recorrieron Víctor y Viviane Souza para llegar a Paraguay. Víctor llegó desde São Paulo, en cambio su compañera tuvo que hacer alrededor de 3.000 kilómetros desde su Maranhão natal hasta ese barrio de Asunción, donde compatriotas suyos vienen y van.
Ambos coinciden en que venir a Paraguay es una nueva experiencia de vida. Aunque Víctor confiesa que, como todo nuevo desafío tenía cierto temor para venir. “Es una nueva experiencia, una nueva vida. Me gusta mucho hablar con la gente”. Dice que optará por la cirugía plástica como especialidad y anhela seguir sus estudios en Europa.
Viviane decidió venir cuando una persona le habló de Paraguay. “Me gusta mucho la vida en Paraguay, pero es muy distinta a la del Brasil. Acá hace mucho calor”, describe.
Indudablemente, el factor económico es fundamental para la llegada masiva de estudiantes y quienes montan su negocio. Ello hace que sea menor el costo para seguir una carrera como Medicina, comparado con Brasil. De acuerdo con las últimas estadísticas del MEC, 35.000 brasileños estudian Medicina en el país. En el Departamento de Alto Paraná están cerca de 15.000 estudiantes, mientras que en Amambay están unos 10.000. En el caso de Central, cuenta con 7.500, mientras que en Asunción hay 8.500 y en Canindeyú 1.250.
Como en todas partes, los que siguen una carrera forman parte de diferentes estratos sociales. Algunos más pudientes y otros más humildes. Dependiendo del estatus económico y la distancia llegan por avión en unas horas o vía terrestre en varios días.
A la hora de elegir la vivienda el poder adquisitivo determina que puedan alquilar un departamento o casa solos o con otros. Algunos, como Víctor Souza, también hacen trabajos esporádicos aparte de estudiar.
Una vecina de Loma Pytã, que no dudó en describir a algunos como “churrazos”, habló de la clase social.
“Se notaba que algunos de ellos eran más pobres. Iban al negocio de una amiga y le pedían cajas de manzana que luego usaban como sillitas y mesita”, describió.
La presencia brasileña no solo está centrándose en Loma do Janeiro. También están asentándose en Roque Alonso e incluso Limpio por los costos más bajos en alquiler.
Impacto. Antes de que los estudiantes del vecino país empezaran a copar Loma y sus alrededores, la zona era comercial, pero no tenía la pujanza inmobiliaria que muestra ahora, cuenta los lugareños que viven cerca de la universidad privada.
La fisionomía del barrio está cambiando más allá de la abundancia de carteles en portugués con los nuevos edificios de departamentos que han sido construidos y otros en plena construcción.
Desde que empezó el flujo constante de extranjeros, los vecinos también cuentan con una plaza hermoseada y equipada para realizar ejercicios.
Valoraron además que en general la convivencia es pacífica, compartiendo cada uno parte de su cultura. “Nosotros también les vamos enseñando para que sepan adaptarse a nuestra cultura. Les invitamos el tereré, le hablamos en guaraní. Como todo hay gente buena y hay algunos que a veces se pasan con el tema de las fiestas. Pero todo muy bien”, cuenta Cristian Caballero, vecino del barrio San Carlos II, donde un edificio nuevo mira en diagonal a otro en construcción.
Sin embargo, tiene un reclamo que hacer. Que las empresas que están realizando sus inversiones en la zona también colaboren en la mejora del barrio.
La cultura brasileña no solo está entrando por los ojos, sino también por los oídos, según lo que cuenta Gerardo Ramírez, quien junto a su esposa da alojamiento temporal a los recién llegados.
“Yo, por ejemplo, tengo mi nieta que está aprendiendo portugués. Perfectamente habla sin haber ido a estudiar en un lugar”, dice entre risas.
Según dijo, no tiene queja alguna de los jóvenes brasileños y le gusta conversar con ellos para aprender de sus costumbres y formas de ser.
Desde su análisis, la salida masiva de los estudiantes del Brasil apunta a la formación científica de su población.
La noche ya había caído. La Transchaco bullía en el tránsito del cercano fin de semana. En la radio del móvil del diario sonaba ¿casualmente? música brasileña. En la Costanera Norte, un incendio saluda nuestro retorno a Paraguay.