Sé que estás lleno de decepciones y de frustraciones. Que solo hay dos clases de políticos: el que te engañó y el que te va a engañar. Reconozco que las promesas de la democracia no se han cumplido porque esperabas más de lo que los escombros de la dictadura te han podido dar y porque ella implicaba, de tu parte, un activismo y una conciencia muy superiores a la educación que te dieron. El dictador Stroessner invirtió ex profeso el 1% del PIB en educación, mientras que la Unesco habla de un piso del 7% y esta democracia kelembu que tenemos apenas alcanzó al 3,5%. Entiendo que nuestra fragmentación social es intensa y que el 60% de los inscriptos en el Registro Civil como nacidos solo tienen madre, así como que la pobreza, en un 93%, se establece en estructuras monoparentales donde no hay padres.
Puedo entender que algunos sustituyan esa ausencia por un partido responsable de muchas de esas consecuencias y que, a algunos, este les provea algún empleo para el cual carecen de idoneidad y, de paso, estimula plus salarial por títulos falsos.
Es el mismo que te priva de oportunidades con una educación por los suelos y que te mata en hospitales carentes de personal, medicamentos y dignidad.
Sé que vivimos, vos y yo, en este país que creemos que se merece un mejor destino, a pesar que, desde 1947, dos millones de nuestros parientes y amigos viven en el exterior porque no tuvieron las oportunidades que Thomas Jefferson consideraba elementales y que una democracia debiera ofrecernos. No es casualidad que la ciudad donde viven más paraguayos no sea Asunción, sino Buenos Aires, que finalmente también la fundamos nosotros con la expedición de Juan de Garay.
Sé todo eso, pero te hago un llamado insurreccional para estas elecciones.
Quiero que vayas a votar solo para que te des ánimo y compruebes que aún es posible creer en el menos malo de los sistemas políticos conocidos: la democracia aún tiene la esperanza de aquerenciarse entre nosotros.
Si no lo hacés, habrán ganado los malos, los que se burlaron de ella, los que te ofrecieron comprar tu voto y a quienes, quizás, alguna vez por necesidad y hambre te vendiste.
Pero hoy quiero que te levantes y que les digas que tenés la misma valentía que tus ancestros demostraron en las guerras.
Que no sos un cobarde, un ladrón o un discapacitado cívico. Rechazá el dinero, el vehículo y las promesas vagas. Hacé como todo paraguayo que murmura un hum, que es todo un misterio por descifrar, incluso para los que medran con tus votos, tus necesidades y angustias.
Ellos, que se ríen como hienas, deben ser castigados hoy.
Mostrales que sos capaz y te animás. No permitas que se burlen de vos y te traten incluso de puta por ofrecer tu voto a cambio de dinero. Deciles que no lo sos eso y demostralo en las urnas. Deciles que no sos un idiota en el sentido griego de la palabra y que te querés recibir de ciudadano. Si lo hacés, ganás vos, pierden ellos y triunfa el país. Deciles con tu voto que “che mboriahu, pero che delicado” (“soy pobre pero digno”). Ellos entenderán el mensaje y todo aquello que es consecuencia de su poder sobre vos se transformará, por lo menos, en acciones que nos reivindiquen como paraguayos.
Los que venimos de la dictadura no tenemos margen para equivocarnos más. Ya venimos padeciendo mucho sus consecuencias y esto no puede continuar así. Vota por la política más cercana a vos, la que se hace desde las municipales, y enviales un mensaje que haga correr sobre sus espaldas un sudor frío que anticipe su derrota en las nacionales de 2028.
Hoy es tu día y ellos lo saben. Buscarán distorsionar tu voluntad de diferentes maneras, pero ellos, incluso con el poder que tienen hoy, te temen. Mostrales de lo que sos capaz y enviá un llamado de insurrección cívica que nos reivindique con el país que somos y, por sobre todo, con el que queremos ser: dignos, fuertes, corajudos e insurrectos contra los chisgarabises del poder ocasional. Hoy es tu día, no lo desaproveches.