Así se llama el libro del investigador inglés Nicholas Shaxson, que no debe confundirse con la novela de piratas del siglo XIX La isla del tesoro , de Robert L. Stevenson. Sin embargo, el título del libro nuevo no es casual porque, aunque no lo diga directamente, Shaxson quiere señalar la afinidad entre los tesoros de los piratas del Caribe de ayer y los fondos dudosos de los financistas de hoy.
El tesoro de la novela de Stevenson eran 700.000 libras esterlinas enterradas por un cruel pirata en una isla del Caribe; una enorme fortuna para la época pero una bicoca comparada por los fondos que se mueven en las islas Caimán, Vírgenes y Marshall. El monto total de esos fondos se desconoce, porque no se da información ni a las personas particulares ni a los Gobiernos, pero podría superar el de los créditos para los países en desarrollo (unos 50.000 millones de dólares). Un dato significativo: aunque las islas Caimán tienen 69.000 habitantes, allí están registradas 80.000 empresas.
¿Empresas reales, empresas de fachada? No se puede saber con precisión. Algunas son reales, y se han establecido allí porque esas islas “son atractivas para las inversiones"; les permiten pagar menos impuestos.
Otras son una fachada, que permiten tener dinero negro en la cuenta de presuntas sociedades anónimas; ese dinero puede ser de políticos corruptos o de narcotraficantes.
Usando la comparación piratesca, puede decirse que las islas del tesoro son los llamados paraísos fiscales, offshore en inglés. Entiéndase, lugares que atraen a individuos o empresas extranjeras ofreciéndoles condiciones que les permiten evadir reglas, leyes y regulaciones de otros países. Aunque el Caribe les haya gustado a los piratas de ayer y de hoy, no solo hay paraísos fiscales en esa zona, porque se trata de un sistema extendido por todo el mundo, incluyendo a países mediterráneos y centros financieros de grandes ciudades, como la City de Londres o Wall Street en Nueva York.
Antes que de un punto geográfico (por ejemplo, una isla), se trata de un sistema de jurisdicción secreta. Por ahí pasan la mitad del comercio y de los depósitos bancarios, y también un tercio de las inversiones extranjeras directas a nivel mundial. En 2007, las mayores inversiones que recibió China provinieron de las Islas Vírgenes y de Hong Kong.
¿Y cuál es el problema con eso? Entre otras cosas, el saqueo sistemático de los países en vías de desarrollo, que terminan enviando al extranjero, vía paraísos fiscales, mucho más de lo que reciben. No solo sufren los países pobres: en 1990 se montó en un país pobre, Gabón, el esquema delictivo del affaire Elf, que puso en jaque a Francia, una potencia. Sin el sistema offshore, dice el autor, la producción de drogas sería una cuestión artesanal, sin repercusión mundial.
Me parece una de las ideas interesantes de este libro ofrecido en la actual feria del libro.