05 abr. 2026

Las Cazadoras de K-pop y dos show mágicos en Asunción

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Colorido. La puesta en escena presentó baile, canto y un acting fiel a la historia real.

Rodrigo Villamayor

Clarisa Enciso

@Encisoclarisa

El fenómeno volvió a sentirse y con más fuerza en Asunción. Las Cazadoras de K-pop regresaron este sábado 21, al Teatro Lírico del Banco Central del Paraguay con dos funciones que confirmaron lo que ya se intuía desde su primera visita el pasado mes de diciembre: el espectáculo dejó de ser una novedad para convertirse en una cita esperada por el público familiar.

La jornada arrancó con la función de las 15:30, que tuvo un retraso de media hora, pero eso no impidió que la sala se llenara de expectativa. Desde temprano, el ambiente replicó esa energía que ya se había vivido el año pasado: niños y niñas caracterizados como idols, accesorios brillantes, y una platea que no solo acompañó, sino que se convirtió en parte activa del show. Si bien la convocatoria fue masiva, sería la segunda función la que marcaría el punto más alto de la jornada.

Pasadas las 18:00, el teatro alcanzó el aforo completo. Allí, la experiencia se volvió total: gritos ensordecedores, aplausos constantes y un entusiasmo que no distinguió edades. Porque si algo volvió a quedar claro es que el fenómeno k-pop ya no pertenece solo a los más chicos. Padres y madres corearon cada canción, se sumaron a la euforia colectiva y vivieron el espectáculo con la misma intensidad que sus hijos.

UNA PUESTA RENOVADA. En escena, la propuesta mantuvo la misma historia que conquistó al público en su primera visita: un grupo de jóvenes que luchan por abrirse camino en la industria musical mientras enfrenta emociones como el miedo, la ira o la tristeza. Sin embargo, el show logró renovarse con decisiones que elevaron la experiencia. Esta vez, el vestuario tuvo un rol protagónico: más elaborado, más vistoso y con tres cambios claramente marcados a lo largo de la función, que acompañaron los distintos momentos narrativos y musicales.

Entre los temas que sonaron fueron Golden, What It Sounds Like, How It’s Done, Takedown, Soda pop y de bonus track APT De Rosé & Bruno Mars.

A esto se sumó un breve intermedio de cinco minutos, que permitió al público tomar un respiro sin romper el ritmo general del espectáculo. Lejos de enfriar la energía, ese corte funcionó como una pausa estratégica que preparó el terreno para una segunda parte aún más intensa. Los efectos visuales, junto con una iluminación más pulida, ayudaron a sostener una estética dinámica y contemporánea, muy alineada con el lenguaje del k-pop.

El repertorio, nuevamente uno de los puntos fuertes, volvió a encender la sala con temas reconocibles que invitaron al canto colectivo. Cada número estuvo acompañado de coreografías precisas y enérgicas, fieles al estilo del género, donde lo visual y lo performático son tan importantes como la música. La sincronización del elenco y la entrega escénica fueron claves para mantener la atención de principio a fin.

UN FENÓMENO DE TODOS. Si en su primera llegada el espectáculo sorprendió por su estética, en esta segunda visita se caracterizó por su conexión con el público. Las Cazadoras de K-pop no solo proponen un show colorido y vibrante: ofrecen una experiencia compartida, donde los espectadores fueron parte del relato.

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