Silva concedió una entrevista al portal oficial IP Paraguay sobre el cierre del centro de torturas, lugar del que solo guarda malos recuerdos y secuelas físicas, y por eso festeja hoy su clausura definitiva.
Silva recuerda que los policías entraban y salían de los campos donde ellos cultivaban y asegura que incontables fueron las veces que ingresó a Abraham Cué, por “ser liberal”. Acota que las entradas no tenían un tiempo determinado, a veces era un día, una semana o podía llegar al mes.
Afirma que en su cuerpo todavía quedan marcas de las torturas físicas, dijo que una vez le patearon tanto que al día siguiente no se podía reconocer en el espejo.
<strong> “Muchos días nos hicieron sufrir en ese lugar. Puedo relatar cosas que probablemente sean difíciles de creer, pero digo la verdad"</strong>, expresó el hombre en un perfecto guaraní, al ser entrevistado por la agencia oficial de noticia del Gobierno.
Silva cuenta que en los días que estuvo preso, le tocó probar el desayuno que era cocido, pero se preparaba con la yerba que sobraba del tereré de los guardias.
Comenta que allí, en Abraham Cué, también fue torturada su esposa, que después de eso quedó en silla de ruedas por el resto de su vida.
Ahora, aquel centro de torturas, que funcionó durante 14 años como cárcel después de la caída del dictador, fue clausurado definitivamente. La dictadura stronista tuvo lugar entre 1954 y 1989.
Se construyó cerca de allí una nueva penitenciaría regional para Misiones, donde fueron trasladados todos los reos de ese lugar.
Lo que fue el centro de torturas se convertirá centro de capacitación, administrado por el Sistema Nacional de Promoción Profesional (SNPP), anunció el ministro Humberto Blasco, quien participó del acto de clausura y también de apertura de la nueva penitenciaría, el pasado viernes.