16 may. 2026

La universal ofrenda de un peregrino


Blas Brítez | www.palabricoabrazo.blogspot.com

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Pocas veces se recuerda que la versión original de Alicia en el País de las Maravillas se abre con un poema, que algunas ediciones omiten y que en su estrofa final dice: “Alicia, para ti este cuento infantil./ Ponlo con tu mano pequeña y amable/ donde descansan los cuentos infantiles,/ entrelazados, como las flores ya marchitas/ en la guirnalda de la Memoria./ Es la ofrenda de un peregrino/ que las recogió en países lejanos”. A estas alturas, ya es harto conocida la historia que cuenta que Charles J. Dodgson, más conocido por la posteridad como Lewis Carroll, encontró en la niña de diez años Alice Liddell no solo a una de las protagonistas de su venerable afición de fotógrafo, sino sobre todo la inspiración para dos de las obras más representativas de la literatura fantástica, de aventuras e infantil: la ya citada más arriba y su continuación A través del espejo y lo que Alicia allí vio. Ese poema cuenta el origen del primer libro: el paseo en bote por el Támesis, que el autor hizo en 1862 con las tres niñas y hermanas Liddell (Lorina, Edith y Alice), y la ansiedad de éstas por escuchar un cuento, que rápidamente Carroll improvisó, para sorpresa suya y aún más de las niñas. Tres años después, aquel relato fugaz se convirtió en el libro que le daría nombradía literaria.

El poema ubica en el pórtico de la novela todos los elementos que la hacen perdurables: la aventura de seguir a esa “niña soñada”, que a su vez sueña; el atento auditorio de niñas que “casi se creen estar allí"; el paseo por un mundo fantástico, en donde “hasta los pájaros y las bestias hablan/ con voz humana”. Es decir, el sueño como materia literaria, la afición de los niños por la historia narrada, el atractivo y la magia de lo fantástico.

En el prólogo que Jorge Luis Borges escribió para la versión en castellano de las Obras Completas de Carroll (Corregidor, 1976), el escritor argentino resalta el carácter onírico y metafísico de las obras del inglés, inscriptas dentro de una larga tradición de la literatura inglesa que tiene como tema el sueño. De hecho, en otro prólogo, el que corresponde a la sección denominada “El jardín de senderos que se bifurcan”, de Ficciones, Borges reconoce que su relato “La biblioteca de Babel” posee una línea genealógica que remite, entre otros, a Carroll. Así también, el autor de El Aleph advierte que “quien escribe para los niños corre peligro de quedar contaminado de puerilidad”, aunque en el caso de los libros del inglés “pueden ser leídos y releídos, según la locución hoy habitual, en muy diversos planos”.

Con respecto a esto último, es común que Alicia... quede recluido exclusiva y falsamente en los anaqueles de literatura infantil, cuando hay sobradas evidencias de que el libro es mucho más que eso: un tour de force por las más alucinantes galerías de la imaginación y un retrato caleidoscópico y alucinógeno de la condición humana. Además de la ofrenda de un peregrino a una inolvidable niña llamada Alice.

Charles Lutwidge Dodgson (Daresbury, Reino Unido, 1832 - Guildford, id., 1898), lógico, matemático, fotógrafo y novelista británico. Tras licenciarse en el Christ Church (1854), empezó a trabajar como docente y a colaborar en revistas cómicas y literarias, adoptando el seudónimo por el que sería universalmente conocido: Lewis Carroll.

Alicia en el País de las Maravillas se publicó en 1865. Él mismo costeó la edición, que fue un éxito de ventas y recibió los elogios unánimes de la crítica, factores que impulsaron a Carroll a escribir una continuación, titulada A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871). Lewis Carroll murió en 1898.