Jueves/16/AGOSTO/2007
La tumba del ex dictador paraguayo Alfredo Stroessner, en Brasilia, hoy está adornado sólo con cinco pequeños ramos de flores. No hubo presencia masiva de gente ni nada por el estilo, al menos en el momento en que EFE llegó hasta el lugar para captar imágenes, a un año de su muerte.
Stroessner está sepultado en el cementerio municipal Campos da Esperança, de Brasilia. Ahí fue depositado el año pasado en un sepelio bastante modesto, con poca gente.
Sobre la idea de traer su cuerpo a Paraguay no se ha escuchado nada. Su hijo, Gustavo, había señalado el año pasado que iban a pensar en esa posibilidad, pero así el general “de hierro” desapareció desde que cayó en 1989 durante un golpe de Estado, el coronel ha desaparecido.
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EL TEXTO DE EFE
Por Eduardo Davis
A un año de su muerte, el general no tiene quien le visite
Brasilia, 16 ago (EFE).- Cinco pequeños ramos de flores sobre la tumba del ex dictador paraguayo Alfredo Stroessner en Brasilia eran hoy mudos testigos del primer aniversario de la muerte del hombre que gobernó a su país con mano de hierro durante 35 años.
Stroessner, uno de los líderes más poderosos de Suramérica entre las décadas de los años 50 y 80, murió hace hoy un año en Brasilia, donde había vivido en el exilio desde febrero de 1989, cuando cayó el régimen que había presidido desde 1954.
Hijo de un emigrante alemán y de una campesina paraguaya, se hizo con el poder a los 41 años, amoldó la Constitución y las leyes a sus intereses y consiguió que lo reeligieran cada cinco años, siempre con votaciones tan abrumadoras como amañadas.
Su régimen, que dejó un manto de muertes y desapariciones de una magnitud nunca bien precisada, acabó el 3 de febrero de 1989, cuando fue rendido por el ex general Lino Oviedo, en medio de un golpe de Estado que dirigió el consuegro de Stroessner, el general Andrés Rodríguez, ya fallecido, quien luego fue presidente paraguayo.
Stroessner se exilió entonces en Brasilia, que fue durante muchos años el destino de peregrinaciones políticas de importantes líderes del Partido Colorado, que tenían en el general una suerte de consejero y al mismo tiempo la ilusión de un retorno que nunca se concretó.
Sin embargo, un año después de su fallecimiento, pocos parecieron recordar hoy al general.
Sobre su sencilla tumba, situada en el lote 3473, del sector A de la Cuadra 701 del cementerio “Campamento de la Paz” en la capital de Brasil, había hoy sólo dos simples ramos de rosas, dos de begonias y uno de margaritas.
Los cinco ramos anónimos, sin leyendas ni recordación alguna, estaban colocados ordenadamente alrededor de una pequeña lápida de mármol que sólo tiene una placa con su nombre y una estampita con la figura de Jesús.
La soledad de la tumba hoy era similar a la que se vivió en la mansión del general el día de su muerte, cuando unos pocos amigos y familiares llegaron hasta Brasilia para despedirse.
Su nieto y heredero político Alfredo “Goli” Stroessner manifestó entonces su deseo de ver un día sepultado al general en la ciudad de Encarnación, fronteriza con Argentina, donde había nacido el 3 de diciembre de 1912.
No obstante, aclaró que la familia había decidido sepultarle en Brasilia para evitar “problemas políticos”.
También dio a entender que otra de las razones era que el gobierno del presidente Nicanor Duarte no aceptaría que fuera enterrado con honores de jefe de Estado.
“Que haya honores o no es una decisión política que toma un gobierno y que, más tarde, se sabrá cuánto costará”, dijo “Goli” en tono desafiante, unas horas después de la muerte de su abuelo.
La mansión en la que Stroessner vivió sus 17 años de exilio y ostracismo en Brasilia, situada en el exclusivo barrio Lago Sur de la ciudad, hoy continua ocupada por Gustavo Adolfo, ex coronel de aviación y uno de los tres hijos que tuvo con su esposa Eligia Mora, fallecida en Asunción en febrero del 2006.
El mayor de los hijos del general fue el único que permaneció junto a su padre durante en el exilio y aún no puede regresar a su país, donde está procesado por delitos de corrupción.
En Brasilia, lleva la misma vida discreta que tuvo su padre, quien respetó a rajatabla el silencio político que le imponía su condición de exiliado.
Según dijeron a Efe fuentes del cementerio “Campamento de la Paz”, fue precisamente Gustavo Adolfo quien colocó uno de los cinco ramos de flores que hoy había sobre la tumba del general.
Los otros cuatro, igual que cuatro de las únicas siete coronas que acompañaron al féretro de Stroessner el día de su sepelio, el 16 de agosto del año pasado, eran también anónimos, pero no se sabía quién los había dejado. EFE