Revista Vida

La ruta saludable

El interés por alimentarse de manera más sana crece y se hace notorio en Paraguay. La aparición de nuevas enfermedades y una mayor toma de conciencia sobre los beneficios de lo natural, son las causas que impulsan esta tendencia. Ferias agroecológicas, almacenes y restaurantes reflejan este fenómeno.

Por Silvana Molina / Fotos: Javier Valdez

Llevar un alimento a la boca, masticar, tragar, digerir. Este acto en apariencia tan básico, el de comer, no implica solo saciar el apetito, sino que encierra muchas cosas: es una opción cultural, una decisión económica, una necesidad, un estilo de vida.

Por todo esto, no es cuestión de tomar a la ligera ese sagrado momento en que nos encontramos frente a frente con los alimentos que vamos a ingerir, porque el tipo de elección que hagamos va a determinar quiénes somos y hacia dónde queremos ir.

Hoy, en Paraguay, hay señales de una búsqueda generalizada de una alimentación más saludable. Ferias agroecológicas que captan mucho interés; restaurantes, almacenes y tiendas de productos orgánicos, cursos de cocina sana, opciones sin gluten, sin lactosa, sin conservantes o sin azúcar, son algunas manifestaciones de este fenómeno.

Fiesta aromática

El color intenso de unos tomates de piel perfecta resalta al lado de unas lechugas cuya frescura invita a llevárselas. Una gran variedad de hortalizas, granos, frutas y otros productos alimenticios de granja se disputan protagonismo en los puestos de venta ubicados bajo los árboles.

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Pasar un sábado a la mañana por la plaza Italia puede ser una experiencia muy gratificante y una fiesta para los sentidos. Allí, una vez por semana, se instala una feria agroecológica con la participación de unos 20 emprendedores, cuyos productos deben cumplir un requisito indispensable: ser naturales y ecológicos, sin químicos ni conservantes.

Además de las hortalizas, hay huevos caseros, queso, harina de maíz, jugos de frutas y verduras, cereales en granos, conservas caseras, entre otros, que atraen a un público cada vez más diverso y concienciado de los beneficios que reportan estos alimentos.

La feria se realiza religiosamente los sábados desde hace tres años. “Al principio era dos veces al mes nomás, pero después se empezó a pedir más días. En mi caso, por ejemplo, después de probar mis verduras, la gente me dice: ‘Tienen otro sabor. Son mucho más ricas’”, cuenta orgullosa Gladys Gómez de la Fuente, que trabaja con toda su familia ofreciendo los productos de la huerta que crearon en Encarnación.

Como esta feria, hay por lo menos 10 más en otros lugares de la capital y alrededores, y en otras ciudades del país. Reflejo, quizás, de una necesidad en crecimiento.

Buscando un cambio

Los consultorios nutricionales son sensores de un fenómeno que está ocurriendo: el aumento de la preocupación por tener un estilo de vida más saludable. “Antes, el principal motivo de consulta era bajar de peso a corto plazo. Ahora la gente busca planes de alimentación saludables, un enfoque alternativo, diferente a las dietas convencionales”, comenta la nutricionista Romina Recalde.

Por lo general, los principales motivos que impulsan a las personas a cambiar su forma de alimentarse son enfermedades que van en aumento (como la diabetes, hipertensión, hiper/hipotiroidismo, obesidad) pero también simplemente el deseo de modificar hábitos alimentarios, aunque no tengan ninguna patología.

Últimamente se escucha cada vez más que hay personas con intolerancia al gluten (celiacos), a la lactosa, diabéticos e hipertensos. Romina atribuye esta situación precisamente a la alimentación. “Por algo están en aumento. No es porque mágicamente la gente se volvió más sensible. Esto ocurre porque nos exponemos a factores contaminantes, y parte de la responsabilidad está en el método de la agricultura mecanizada, en los cultivos que se rocían con pesticidas y agentes tóxicos. Tarde o temprano eso repercute en la salud de las personas y desencadena alergias, intolerancia y otras patologías”, opina.

Local y casero

Es por eso que la recomendación es buscar lo más natural posible en lo que respecta a alimentos. Y es lo que propugna Recalde: “Yo, como profesional, promuevo comprar local, artesanal, casero. Volver a las raíces, a charlar con el productor, evitar al máximo las etiquetas y regresar a las cáscaras de las frutas y de las verduras. Que al ver el producto podamos saber lo que estamos ingiriendo”.

Sin embargo, la nutricionista aclara que la receta no pasa necesariamente por eliminar la carne, esa ya es una elección personal. “No satanizo ningún alimento. Sí considero que sería bueno al menos disminuir la carne e ir diversificando la alimentación. Esa es la clave: diversificar”.

En todo esto también existe un componente ecológico, porque se considera que todo lo que se lleva a la mesa, además del valor nutricional, tiene una incidencia social, económica y ambiental. “Lo que plantea la agroecología es un método de producción pensado para el cuidado de los recursos y el medioambiente, sin intervención de la agricultura mecanizada convencional (caracterizada por el uso desmedido de agrotóxicos, pesticidas, transgénicos)”. Por eso, Recalde también considera que “comer es un acto político”.

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Proceso familiar

Hace unos siete años, Magalí Casartelli y Jorge González sintieron la necesidad de empezar a experimentar –como matrimonio con una hija, en aquel entonces– otras alternativas alimentarias distintas a aquellas a las que estaban habituados.

El haber accedido a una mayor información sobre la procedencia de los alimentos los impulsó a buscar opciones más ecológicas y saludables.

Lo primero que hicieron fue buscar de dónde adquirir productos agroecológicos. Investigando, se encontraron con más de una decena de proveedores en Asunción. Entonces, empezaron a explorar y a realizar compras semanales de esos lugares.

Al mismo tiempo, se les ocurrió empezar a plantar en macetas las semillas de algunos de los productos que consumían, como el tomate y el locote, por ejemplo. El objetivo no era precisamente cubrir sus necesidades alimenticias, porque eso requiere otro tipo de trabajo y dedicación. “Era más por curiosidad, pero sentíamos una dicha interesante al lograr arrancar un fruto y comer eso que salía de nuestra plantita”, relata Magalí.

De allí incluso surgió la idea de hacer un blog (www.huertitas.com), que también tiene presencia en Facebook (@huertitasparaguay) y en Instagram (@huertitaspy), donde comparten noticias, información, entrevistas y experiencias sobre huertas ecológicas urbanas y la movida agroecológica en la ciudad.

A medida que su primera hija crecía –y luego, con la llegada de la segunda–, el desafío era encontrar opciones de comidas saludables para cocinar en casa y les gustaran a las niñas. Así, empezaron a hablar con amigos vegetarianos, veganos o con celiaquía, para pedirles que les enseñaran algunas preparaciones en las que se pudieran incorporar otro tipo de alimentos. “Nosotros no somos vegetarianos, seguimos comiendo carne, pero redujimos el consumo”, aclara Jorge.

El organizarse para preparar sus propios alimentos fue un gran desafío, principalmente por el ajetreado ritmo de vida. “Entendimos que una práctica central para comer mejor es cocinar en casa, lo más que se pueda, de acuerdo a las posibilidades. Antes, por ejemplo, nuestra cena era sopa en sobre. Ahora ni pensar en eso”, revela ella.

Esta familia incorporó a su mesa una gran variedad de alimentos que antes no consumían, como garbanzos (con los que hacen hummus, una especie de paté), berenjenas, leches vegetales (cocido manduvi), avena, más frutas, semillas. Ellos están convencidos de que es posible salir, o mejor, ampliar el estilo de alimentación al cual estamos acostumbrados, que se basa fundamentalmente en cuatro ingredientes: trigo, leche, carne y azúcar.

No obstante, Maga y Jorge aclaran que el de ellos fue un proceso gradual, de varios años, y que no fue fácil, ya que hay avances y retrocesos.

Ellos instan a aprovechar los mercados municipales y las ferias para hacer las compras, “porque te beneficia a vos y de paso contribuís con otro tipo de economía. Además, está el componente humano, cultural”.

Por supuesto, hay cosas que en las ferias no se encuentran y hay que acudir de todos modos al supermercado. “Nosotros tratamos de ir lo menos posible, ya para complementar nomás”, dice Jorge.

Menos costos, más salud

Para esta familia, cambiar –o mejorar– su alimentación no implicó aumentar los costos, al contrario. “Comprando en la ferias gastamos la mitad o incluso un tercio de lo que gastaríamos en un supermercado”, aseguran. Además de los beneficios económicos, resaltan las ventajas para la salud, ya que sus hijas casi no se enferman.

Para esta pareja, los cambios en la alimentación de su familia los llevaron, además, a un cambio de hábitos en general, ya que a partir de ahí incorporaron otras prácticas que apuntan a cuidar al medioambiente, como el compostar desechos orgánicos para generar menos basura, o no traer bolsas de plástico del supermercado.

“Una cosa lleva a la otra. También cambian tus prioridades y hábitos, porque ya estás en otras búsquedas”, aseguran.

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En marcha

Además de las ferias al aire libre en espacios públicos, actualmente hay locales donde se puede encontrar una oferta de productos aptos para personas con algún problema de salud (celiacos, diabéticos, personas con intolerancia a la lactosa, por ejemplo). Uno de ellos es La Marchante, una especie de gran almacén concebido con la idea de ofrecer alimentos orgánicos.

Josefina Sosa, una de las propietarias del lugar, revela que la mayoría de las personas que llegan a la tienda lo hacen buscando productos para sobrellevar algún tipo de intolerancia alimentaria. Sin embargo, cuando van descubriendo las opciones que hay y los beneficios que tiene en general el consumir otro tipo de ingredientes más sanos y nobles, amplían sus intereses.

“Es impresionante cómo la gente cada día se está interesando más en alimentarse mejor, más saludablemente”, comenta.

Y aunque podría pensarse que quienes están en estas búsquedas son solo personas mayores o con algún problema de salud, Josefina asegura que no es así. “También hay muchos jóvenes buscando estas alternativas, porque ellos están muy informados gracias a internet y van tomando más conciencia o interés hacia lo natural”.

Encontrar productores que provean alimentos orgánicos es lo difícil actualmente. “Cuesta muchísimo. El problema es que son productores chicos, artesanales, cuesta mucho formalizarlos como requiere el Ministerio de Salud. Tratamos de orientales sobre cómo tienen que hacer para estar en regla, pero es un proceso largo y tedioso, y mucha gente se queda por el camino”, explica Sosa. Por eso considera importante que haya más apoyo estatal para estos pequeños productores.

Una señal inequívoca de que la tendencia hacia los alimentos orgánicos crece, es el hecho de que esta tienda está a punto de abrir un segundo local, algo que se concretará en pocas semanas más.

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Carlos Diez Meyer, propietario de Alma Zen.
Carlos Diez Meyer, propietario de Alma Zen.

Moda no, medicina sí

Aunque muchos podrían ver a esta tendencia hacia lo natural como una moda, otros consideran que no es así. “No es una moda, es el modo en el cual la humanidad entera se alimentó siempre y al cual debería volver”, afirma Carlos Diez Meyer, propietario de Alma Zen, un local gastronómico que ofrece comida vegana o “de transición alimentaria evolutiva”.

Diez Meyer comenta que lo asusta la cantidad de padres que llegan frecuentemente a su local, desesperados porque sus hijos tienen algún tipo de intolerancia alimentaria. “Esas son enfermedades que antes no existían y hay que preguntarse por qué aparecen ahora. Es precisamente por todo este mundo industrial. El trigo, la harina de ahora, no es la misma que aquella que nuestros abuelos consumían. Los procesos de industrialización realmente bajaron muchísimo la calidad del alimento”, opina.

Es por eso que su propuesta gastronómica plantea volver a las raíces. “Hay que entender que el alimento es medicina y que la verdadera farmacia es una huerta orgánica”, dice.

La fertilidad del suelo paraguayo es una riqueza desaprovechada, a su criterio. “Paraguay quizás sea una de las tierras más fértiles que existen en el mundo, vos tirás una semilla y crece. Pero esa fertilidad la estamos usando para hacer un monocultivo, que es la soja. Es un modelo económico, político, estatal, del cual los paraguayos se tienen que despertar y darse cuenta de lo que está ocurriendo. La deforestación que está sucediendo en el Chaco es una de las más altas del mundo y es precisamente por un modelo que le da preponderancia a ciertos elementos como la carne, la soja, el carbón, en detrimento de toda una política estatal que debería ser mucho más inclusiva”, analiza Diez Meyer.

Un indicador de que no solo los vegetarianos tienen interés en una alimentación más natural, es la cantidad de personas que acuden a lugares como Alma Zen buscando propuestas diferentes. “El 80% de mi clientela es omnívora. Al comienzo pensé que iban a ser mucho más vegetarianos, veganos, pero no es así. Hay mucho interés de la gente en este tipo de alimentos, en qué beneficios tienen y cómo se cocinan”, asegura.

Es que la realidad nos está demostrando una gran verdad: Somos lo que comemos.

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ALMACENES "VERDES"

• De Floresta. Tienda online. Tel: (0971) 785-806.

• Espacio Samu’u. Tel: (0981) 730-492.

• Flor de la Vida. Tel: (0981) 818-719.

• Jerovia Orgánico. Tel: (0981) 937-500.

• La Marchante. Tel: (021) 661-075.

• Planeta Verde. Tel: (0983) 859-667.

• Mercadito Campesino. Tel: (0984) 752-438.

• La Red Agroecológica. Todos los sábados, de 8.00 a 14.00, hay una feria en la plaza Italia de Asunción (Jejuí entre 14 de Mayo y 15 de Agosto).

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A DOMICILIO. DÓNDE PEDIR HORTALIZAS Y FRUTAS ORGÁNICAS

• Ariguá. Tel: (0986) 745-477.

• Del Abuelo. Tel: (0961) 300-597.

• De la Huerta Orgánica. Tel: (0984) 978-763.

• Flor de la Vida. Tel: (0981) 818-719.

• Gadua Huerta Orgánica. Tel: (0982) 895-392.

(Todos tienen fan page en Facebook) Fuente: www.huertitas.com

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