Correo Semanal

La raza y la bravura guaraní, ¿mito o realidad?

El término raza apareció en el siglo XVI y se desarrolló ampliamente en el siglo XIX, distinguiendo la raza por el color de piel, el tipo de rostro, el perfil y el tamaño del cráneo, la textura del cabello; también se caracterizaban por el carácter moral y la inteligencia de los individuos.

  • María Victoria Benítez
  • Université de Paris – París, France

En la década de 1940, los científicos evolucionistas habían rechazado la idea de raza. Las teorías antropológicas surgidas en la década de 1960 sostenían que la especie humana está compuesta por una única raza dividida en diferentes etnias que, a su vez, se dividen en pueblos. Esta teoría de raza no es tan válida hoy día desde el punto de vista taxonómico como lo era en el siglo XIX y solo se aplica a los animales domésticos.

En la Declaración de la Unesco sobre la «Cuestión racial» de 1950, se recomendó sustituir la noción de raza humana, por la de etnia, basada más en las diferencias culturales: Lengua, religión, costumbres, etc.

C. Boidin, señala: «En Paraguay, la idea de que, aunque el cuerpo no sea del todo mestizo, el alma nacional es esencialmente mestiza». Fue con la etnia guaraní, en la región central del actual Paraguay, donde se inició el mestizaje biológico y cultural con la llegada de los españoles. Las mujeres indígenas fueron entregadas voluntariamente a los españoles por sus padres en señal de paz, pero más tarde los españoles intentaron llevarse a las mujeres indígenas por la fuerza. Estas uniones suelen presentarse de manera romántica como una evolución natural pacífica puntuada por un matrimonio cristiano entre mujeres indígenas y hombres españoles. A medida que estas primeras uniones continuaban, los mestizos se casaron entre sí.

La cultura indígena guaraní estaba más presente que la española, en cuanto a la lengua, formas de trabajar la tierra, alimentación, vestimenta y diferentes tipos de hábitat. Este periodo, marcó el nacimiento de un país multiétnico y multicultural. La nueva sociedad paraguaya heredó de la religión, la lengua y las instituciones españolas, pero conservó elementos que la hacen única, como la lengua vernácula, el guaraní, que ha sobrevivido a los siglos.

Aunque el proceso de mestizaje es antiguo, la lengua sigue viva hoy en día. Los guaraníes desconocían la escritura y cualquier sistema de fijación del pensamiento según Rubén Bareiro Saguier. No había otra forma que la transmisión oral. Voilà, la razón, muchas de sus tradiciones y mitos se han perdido.

La gran mayoría de la población es mestiza, resultado de la unión de españoles e indígenas, y esta mezcla ha dado lugar a un pueblo con identidad propia. Creemos que esto tiene una esencia principal: La lengua guaraní, y no una raza guaraní como tal. Por otra parte, la «raza castellana», la lengua castellana, si podemos llamarla así, no tiene la misma connotación que el guaraní en el espíritu de los paraguayos. Según Bareiro Saguier, el término guaraní, es una generalización utilizada por los españoles. En realidad, cada tribu o grupo tenía su propio nombre.

Para los etnólogos norteamericanos, Elman Service y Helen Service, la población rural de Paraguay tiene una cultura hispana aunque hable guaraní: La cultura de los campesinos no es guaraní, y la población no es de raza guaraní. La lengua guaraní pertenece a la base tupí-guaraní, que estaba muy extendida en el sur de la Amazonia en la época precolombina y era hablada por un gran número de tribus con culturas relativamente diferentes.

Los etnólogos sostienen que no existe la raza guaraní. Los guaraníes no eran biológicamente diferentes de otras tribus amerindias. La población actual es una mezcla de blancos caucásicos e indígenas. C. Boidin, resume: «Ni la raza ni la cultura guaraní existen como entidades distintas de otras poblaciones sudamericanas». Los antropólogos M. Chase-Sardi y Egon Schaden en los «Aspectos fundamentais da cultura guaraní» formulan la hipótesis de una continuidad entre la cultura de los tupí-guaraní y la de los campesinos mestizos paraguayos.

Tenemos reservas sobre la formulación de Elman y Helen Service de que no sobreviven hoy rasgos de la cultura guaraní en el Paraguay rural. En este sentido, hay que hablar guaraní para apreciar los ingredientes espirituales indígenas, y hay que vivir y sentir dentro del país para comprender adecuadamente a un pueblo que todavía practica una religión con fundamentos supersticiosos, solo cuando se puede ver y sentir se puede entender el complejo étnico.

Durante la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) el guaraní era la lengua de comunicación. Según el cónsul de Francia en Asunción, Vizconde Paul D’Abzac, hablar en guaraní en el campo de batalla daba a los soldados paraguayos un sentimiento de gran orgullo, y sobretodo hablaban en guaraní para que los soldados de los países aliados no entendieran los intercambios verbales entre los paraguayos.

En el campo de batalla surgió la imagen de la «bravura del pueblo guaraní». En las canciones de posguerra escritas en guaraní, por ejemplo «Che la reina - Ahama che china», es profundo y elocuente el término de bravura: «La bravura guaraní, Oimévaha gueteri, López ra’ýre opyta», escrita por Emiliano R. Fernández, el trovador más auténtico de las canciones en guaraní jopara. Este sentimiento de bravura guaraní se exaltó aún más durante la Guerra del Chaco (1932-1935). «Rojas Silva rekávo»: «Tekotevêma ñañemo jaikuaáva el patriotismo ñambopyahu jevy haguã ku picada yma guare…» - «Aretéma umi pombero ñande aperehe oikóva, ñanda’o cada ko’ê ñane pichãi manterei…» O en el 13 Tuyutí: «Numero 13 che regimiento, tamoñarõmente ojekuaa, (se conoce por su bravura).

Una lengua común impregnada de significado simbólico es un medio para inculcar un sentimiento de etnonacionalismo, define C. Turner y B. Turner: La construcción de una nación requiere la unificación y la homogeneización de la población.

Los nacionalistas paraguayos debían terminar con la aculturación de la población y dotarla de una identidad simbólica común. La aculturación está intrínsecamente ligada al concepto de etnicidad y en algunos casos al etnonacionalismo.

Estudios recientes sobre los pueblos indígenas del Chaco explican que, por ejemplo, las fiestas tradicionales de danza de los Enlhet desaparecieron hace varias décadas (cuando los menonitas se instalaron en el Chaco Central).

Suponemos que, esto se debe a la influencia de los menonitas en su forma de vida. Hannes Kalisch nos recuerda que, el 19 de abril se celebra el Día del Indígena, el día en que los «indígenas pueden ser indígenas» y conmemorar sus antiguos rituales. Sin embargo, ya no son los mismos porque han perdido su originalidad debido a la invasión del mundo blanco en su propio mundo ancestral.

Además, el 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, para reconocer el valor y la diversidad de las culturas y formas de organización social de las poblaciones indígenas del mundo (Unesco).

Las Naciones Unidas también han lanzado el Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas (2022-2032) para preservar las lenguas en peligro de extinción.

Referencias: R. Bareiro Saguier, «Le Paraguay une nation de métis», 1963; E. Rebato, Raza, European Anthropological Association - EAA; C.Boidin, «Métissages et genre dans les Amériques: Des réflexions focalisées sur la sexualité», 2008; B. Lavallé, L’Amérique espagnole: De Colomb à Bolivar, 2018; E. Service, H.S. Service, «Tobatí: Paraguayan Town», 1954; E. Shaden, Aspectos fundamentais da cultura guaraní, EUSP, 1974; B.C. Turner, B. Turner, «The Rôle of mestizaje of surnames in Paraguay in the creation of a distinct new world ethnicity, Ethnohistory, 1993».

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