Correo Semanal

La protección de los bienes culturales

 

Dr. Pedro Gamarra Doldán

L a creación cultural de un país debe crecer en calidad y cantidad, valores que a veces no son parientes cercanos. Las generaciones representativas de nuestro país, La del novecentismo(1900), la de la Academia Universitaria del Paraguay (1947-1959) y, desde luego, la presencia constante del Ateneo Paraguayo(1883 hasta la fecha), significan presencia permanente de grupos generacionales, reunidos por su alma, su mística, su estética, su ideología o su misma vocación de servicio social a través de la cultura.EL MUNDO GLOBAL

Desde la globalización de las ideologías, sistemas mundiales de comunicación (internet, telefonía celular, etc.), la obra del artista o escritor se vuelve una panacea de distribución masiva y de incomunicación real. La primera es porque la noticia, cultural o no, atropella. Lo otro, la incomunicación real, es porque ahora de tanta información (o producción) somos esclavos de lo múltiple, no necesariamente de la obra de arte, sino del rumor del “se dice”. Vamos dejando de ser seres pensantes o elucubrantes, para ser solo valores de masificación de decires.

El ser cultural debe tener conciencia de lo que hace, para tener, básicamente la inspiración. Doña Josefina Plá, decía que el arte está en la inspiración y no en la transpiración. Decía con ello que el autor de la obra de arte que fuera debe tener responsabilidad que nace para sí y los terceros (grupos, generación, sociedad); y, sobre todo, como bien complementariamente lo decía el gran Hérib Campos Cervera, una obra de arte debe servir. La palabra servicio equivalía a ser obra de testimonio de su tiempo, época y necesidad.

Existen las leyes básicas de derechos de autor (propiedad intelectual), la ley de APA (Autores Paraguayos Asociados), que debería abarcar en su tutelaje a todos los artistas y escritores (derechos de autor, seguro médico y jubilatorio) y, por supuesto, el derecho de cultura, en este caso el buen trabajo jurídico hecho por un hombre del derecho y del arte, el Dr. Ticio Escobar.

Esta ley se ha creado con ambiciosa y hábil estructura, pero los medios garantistas no han seguido análogo camino. Así en la Secretaría de Cultura con rango ministerial se han sucedido como ministros: El mismo Ticio Escobar, Mabel Causarano, Fernando Griffith y, hoy en día, Rubén Capdevila. Uno mejor que el otro, han contribuido con el crecimiento de dicha Secretaría, con interés y debida aplicación.

Fiscalía de la cultura

Pero he podido observar, como colaborador ad honorem de la misma, que la ley es buena, que los principales administradores también, pero no tienen un interlocutor eficiente en el campo jurídico directo. Hablo con ello de la Fiscalía General del Estado y de los Municipios, con estructura autónoma estos últimos.

Así corresponde que la Secretaría Nacional de Cultura, los Municipios, el Ministerio de Educación y Ciencia, pidan a la Fiscalía General del Estado la creación de una Fiscalía especializada en el ámbito de la cultura.

Viene al caso ello por la multiplicidad de hechos que han ocurrido y que, con su trámite burocrático o de composición, hacen perder tiempo en la reacción de la sociedad a través de su órgano legal

De toda la vida el que compra un inmueble lo hace por lucro, sin presión; en lo que, aparte del beneficio tienen de arte, vivencia o historia una casa. La misma solo por vieja, puede no ser de valía. Otra casa, por ser de pobre estructura, puede poseer valores que se puedan perder.

Hace poco, un interesante inmueble ubicado en la avenida Perú casi Juan de Salazar, de la familia Perasso, poseía una amplia construcción en todos sus costados (corredor jere). La casa debió ser de 1890 y constituía un símbolo del buen vivir en ese tiempo. La misma fue demolida, entiendo que con la autorización de la Municipalidad de Asunción.

Las entidades de cultura deben tener un ente jurídico al que secunden peritos e historiadores, y hagan valer la autorización para la obra, cuyo peritaje acompañe la prevención del eventual hecho o una ejemplar sanción al que delinque o infracciona, y que no cumpla los cánones de convivir en un mundo equitativo entre el capital y el arte.


El autor propone una Fiscalía para el ámbito de la cultura.

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