31 ene. 2026

“La política es participación, no solo elecciones’’

ELECCIÓN. Mons. Jubinville insta recuperar los espacios de base para aprender a decidir juntos.
URGENCIA. El titular de la CEP pide acabar con los telefonazos y transparentar el bien público.
BIEN A RECUPERAR. El obispo asegura que existe una educación de fachada que mata el deseo de aprender.

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La Iglesia Católica paraguaya volvió a poner en el centro del debate público la corrupción, la desigualdad y el sentido de la política con la reciente carta pastoral de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), que llama a reconstruir la vida social desde el bien común. En un contexto marcado por un 2026 de elecciones municipales y un antecedente de un cada vez más creciente desencanto ciudadano, el documento propone una mirada crítica sobre el funcionamiento del Estado, la economía, la justicia y la educación, y plantea la participación como un eje irrenunciable.

En entrevista con Última Hora, Mons. Pierre Jubinville, obispo de San Pedro Apóstol y titular de la CEP, profundiza los alcances del texto y aclara que la consigna de “tolerancia cero a la corrupción” comienza por la propia Iglesia, como ejercicio de autocrítica y coherencia. A lo largo del diálogo, advierte que la corrupción “roba a los pobres” y que el bien común no es una idea abstracta, sino una realidad concreta que se expresa en servicios públicos que funcionan y en instituciones confiables.

Jubinville reflexiona además sobre el rol de los cristianos en tiempo de elecciones, la crisis de la política reducida a maquinarias electorales, las fallas estructurales del sistema judicial y los límites de un modelo económico que deja a muchos fuera.

También hace un llamado a la participación ciudadana y asumir responsabilidades éticas concretas, especialmente en un contexto electoral donde –afirma– votar sin pensar en los más pobres es una forma de irresponsabilidad social.

– La carta pastoral de la CEP, bajo el lema El bien común, señala que “la corrupción es peor que el pecado” y que habrá “tolerancia cero a la corrupción”. –En este año 2026, de elecciones municipales, ¿cuál es el deber y la obligación de todo cristiano?

–Creo que la frase que está citando (“peor que el pecado”) no es de la Carta Pastoral, sino de una de las declaraciones del finado papa Francisco. Nosotros dijimos: Sí es un pecado grave “porque viola la justicia social, roba a los pobres y desprecia la verdad“, en fin hiere y destruye la vida.

La fórmula “tolerancia cero a la corrupción” la usamos mirando hacia nuestras propias prácticas eclesiales, la administración de nuestras propias instituciones, diócesis, parroquias, etc. Sentimos el llamado a la transparencia y que no podemos exigir lo que no practicamos. En este sentido, como lo han recalcado más de uno, la carta quiere ser también una autocrítica.

En cuanto al deber cristiano en tiempo de elecciones, si algo queremos enfatizar es la importancia del discernimiento a la luz del bien común. Cuando votamos, no estamos protegiendo a un bando ni favoreciendo a nuestro grupo familiar. En las elecciones actuamos como un conjunto mucho más grande, y somos responsables los unos de los otros. Y hay desigualdades, gente que sufre; nos toca tener primero en cuenta a los más pobres.

– El documento sostiene que la corrupción “roba a los pobres”, ¿cómo se manifiesta esto hoy en áreas como salud, educación y protección social?

–Intentamos decirlo de manera positiva: “El bien común no es una idea abstracta. Es la escuela que funciona, el hospital que atiende, el juez que no se vende, la economía que da trabajo, el ambiente que no se envenena, la pensión que llega al anciano, el joven que encuentra su lugar, parroquias que viven en sinodalidad, pastores y catequistas acogedores y empáticos. Es, en definitiva, la vida de Jesús prolongada en la vida del pueblo.” La corrupción es lo contrario. El bien común desviado de su objetivo, que favorece intereses personales. El centro de salud sin medios que aumenta la impotencia, los programas contra el cáncer que no llegan para todos, la escuela desorganizada que convierte la educación en fachada, la universidad que vende títulos y roba la llama del aprendizaje. Escucho historias de estas todos los días.

– Los obispos advierten que la política se ha reducido muchas veces a “maquinarias electorales”, ¿cómo recuperar la política como servicio al bien común?

–Justamente, esto es lo primero: La política no es solamente elecciones. Es comprometerse en su comité, participar en iniciativas sociales y económicas juntos, formar una asociación de vecinos con objetivos abiertos, participar en asambleas… Hacemos una lista así en la carta. Tenemos que rehabilitar las funciones educativas de la acción política. Es participar en la sociedad.

La degradación de los espacios de base, de las conversaciones, de la escucha, esto nos preocupa. Lo vivimos en la Iglesia también. Al final, me doy cuenta de que luchar en San Pedro por reavivar las Comunidades Eclesiales de Base es una acción política. No porque tenemos una línea. No porque formamos un partido. Sino solamente porque ahí, algunas personas aprenden a convivir, a decidir juntos, a apreciarse en sus valores y diferencias. Con crisis. Con dificultades, pero lo hacen y es muy importante, es político.

– El texto denuncia que “el bienestar no es para todos, sino para unos pocos”, en la experiencia de la escucha de las realidades en los espacios de la Iglesia, ¿qué decisiones urgentes deberían tomarse para revertir esta desigualdad estructural?

–La carta habla con semejantes palabras en el contexto de los padrinos políticos. Los estudiosos lo dicen desde hace tiempo, principalmente desde el famoso trabajo de José Morínigo, hace décadas: Nuestros partidos políticos no están para el “bien común” sino para el bien de sus socios, sus correligionarios y, no pocas veces, para una porción reducida de ellos. Esto hay que romper. En los servicios públicos, en las iniciativas privadas, en las asociaciones civiles, en todas partes, tenemos que crear espacios donde lo importante son los valores, el compromiso, la participación, el servicio a los más pobres…, y todo esto se pone en la olla común, con “desinterés”, porque nos importa justamente el bien común. ¿Qué decisiones hay que tomar? Acabar con los “telefonazos”. Fiscalizar el uso de los recursos para proyectos sociales y emergencias. Transparentar las licitaciones públicas, los concursos, la financiación de los partidos… Hay muchos campos de decisiones urgentes… sobre todo en lo que toca al desuso y el mal uso de los recursos destinados a los pobres.

– La CEP plantea la necesidad de un pacto nacional por el bien común. ¿Quiénes deberían sentarse a esa mesa y cuáles son los compromisos mínimos deberían asumirse?

–Creo que sentarnos a una mesa común es para más adelante. Por ahora, hace falta visitarnos, conocernos, descubrir justamente quienes quieren y deben participar de este pacto y qué debemos encarar juntos. Últimamente he recibido invitaciones de parte de empresarios, sindicatos, periodistas, movimientos populares, asociaciones indígenas, funcionarios públicos en varias instancias y, por supuesto, mucha gente de Iglesia que quiere conversar y encontrar pistas para vivir con esperanza. Digo que no estamos en la mesa todavía porque también en muchos aspectos nos toca reconstruir nuestra participación ciudadana, volver a aprender a conversar en grupos y asambleas, tener objetivos comunes, compartir en la verdad, discernir y tomar decisiones en conjunto, sin manipular a nadie, buscando los consensos pero sin minimizar las diferencias. El posible “pacto” no será un evento que nos ahorre aprender y reaprender esta participación responsable. De esto también habla la carta.

– En materia de justicia, la carta afirma que “sin justicia real, el Estado de derecho se convierte en una apariencia”. ¿Dónde ve hoy las principales fallas del sistema judicial paraguayo?

–Creo que el capítulo sobre la justicia es uno de los más sólidamente fundados en nuestra carta. Quienes nos ayudaron a percibir y escribir son personas muy competentes y empapadas del tema. Al comienzo está esta frase: “En la práctica, el Poder Judicial está sobrecargado, mal dotado, presionado políticamente y afectado por prácticas corruptas y por interferencias”. Ahí ya aparecen fallas y posibles ventanas de acción.

– En economía, los obispos advierten que “cuando una economía deja fuera a muchos, esa economía mata”. ¿Qué modelo económico debería priorizar hoy el Paraguay?

–Esto también es una cita de un documento del papa Francisco vuelto a ser citado por el Papa León. Es una poderosa llamada de atención, sobre todo en este tiempo de noticias positivas sobre el fortalecimiento de nuestra macroeconomía. Está bien celebrar crecimiento, confianza, desarrollo. Pero en Iglesia recordamos la “opción preferencial por los pobres”. Esto significa que los pobres y su situación son el verdadero revelador de la salud económica. También la carta pastoral tiene un capítulo sobre la ecología que es otro indicador que, en estos tiempos, está siendo totalmente devaluado. Escucho comentarios que renuncian, hasta ridiculizan el ideal de la sostenibilidad. Se hace una falsa disyuntiva entre ecología y economía. No presentamos “el” modelo, pero el respeto al pobre y al planeta son centrales en nuestra búsqueda.

– Sobre educación, la carta es dura al señalar que el sistema no garantiza inclusión ni aprendizaje. ¿Cómo ve la implementación del Programa Hambre Cero?

–No hemos hecho un análisis específico del programa Hambre Cero. Sobre el capítulo de la educación, me tocó reflexionar en el marco de las homilías de Caacupé. Realmente esta obra es importantísima en el compromiso por el bien común. Debemos reavivar su sentido profundo. La educación es un bien que nos toca desarrollar, hacer que mediante la acción educativa las personas y la sociedad entera florezcan. Ahora tenemos, en muchos casos, a pesar de compromisos heroicos de docentes, por una lógica estructural perversa, una educación de fachada que mata el deseo de aprender. Es muy triste.

– La carta insiste en que la participación ciudadana es el principal antídoto contra la corrupción, ¿cómo motivar a una ciudadanía cansada y desencantada de la política?

–Todos tenemos que desintoxicarnos de una vida social y política de mero consumo. La participación no es solamente ceder a una moda electoral o dejarse llevar por ondas o tendencias ideológicas. Cada uno, cada una, desde un compromiso asumido, por más humilde que sea y en la conciencia de esta humildad, tiene que hacer el esfuerzo de interesarse, escuchar, abrirse, tomar la palabra y participar. Hay muchas contrariedades y frustraciones en este camino, pero es el camino “común”. No veo compromisos de estos que no tengan consecuencias en la vida personal. Comprometerse por los demás complica la vida. Sé que muchos, muchas han sufrido desilusiones, pero el remedio no es una nueva ilusión ingenua, es un compromiso más maduro.

– ¿Qué responsabilidad personal y moral tienen hoy los líderes políticos, empresarios y también los ciudadanos comunes frente a este llamado al bien común que hace la Iglesia?

–Es evidente la gran responsabilidad moral de los líderes a todos los niveles. También

cuestionar la corrupción y optar por el bien común sacude nuestras complicidades. No hay camino sin decisiones, sin coraje. Cuando celebro las confirmaciones con los jóvenes, hablo de la vida que no es fácil, de la fe que “no nos protege, nos expone”, del Espíritu que nos hace vivir en la verdad. En este sentido soñamos por un pueblo entero de líderes que saben meterse cuando hay un llamado, un clamor, que pueden anteponer las necesidades de los más pobres a sus propios intereses. Buscar el bien común nos hace más sensibles.

Asumimos la responsabilidad porque no estamos solos: El Espíritu nos anima.

SOBRE EL DOCUMENTO

La carta pastoral el bien común, que marca los delineamientos pastorales de la Iglesia católica paraguaya para 2026 tiene fuerte tono social. Denuncia que la corrupción “roba a los pobres, “rompe la confianza en las instituciones” y “abre la puerta a los populismos autoritarios”. Los obispos en el documento señalaron que “no es ‘un mal necesario’, no es ‘así nomás’, no “se roba, pero se hace’”.

La CEP también alerta que Paraguay “figura entre los países más corruptos de la región” y que sus efectos son devastadores. “Es dinero que no llega a los hospitales, a las escuelas, a las comunidades indígenas”.

Además del eje anticorrupción, los obispos abordan otros siete ámbitos críticos: política, economía, ecología, justicia, educación, salud y protección social. Sobre la situación nacional, lamentan que “el bienestar no es para todos, sino para quienes cuentan con elevado poder adquisitivo” y que el sistema judicial está afectado por “prácticas corruptas y presiones políticas”.

En el área económica, denuncian que “cuando una economía deja fuera a muchos, esa economía mata”, mientras que en el plano ambiental advierten que el país vive bajo un “extractivismo depredador” que viola el Bien Común.

La educación tampoco escapa al diagnóstico: “Nuestro sistema educativo no está garantizando inclusión ni aprendizaje”, señalan, recordando que “hasta 7 de cada 10 estudiantes no comprenden lo que leen”.

Sobre la salud, los obispos describen un modelo fragmentado y desigual: “La salud se ha convertido en un negocio”, y muchas familias terminan dependiendo de “polladas o rifas para costear tratamientos”.

Asimismo convocan a un “pacto nacional por el bien común” que sane las instituciones y ponga en el centro a los más pobres. “El bien común no es una idea abstracta; es la escuela que funciona, el hospital que atiende, el juez que no se vende”, resume el texto.

La política no es solamente elecciones. Es comprometerse en su comité, participar en iniciativas sociales y económicas juntos, formar una asociación de vecinos con objetivos.

Escucho comentarios que renuncian hasta ridiculizan el ideal de la sostenibilidad. Se hace una falsa disyuntiva entre ecología y economía. El respeto al pobre y al planeta son centrales.

Todos tenemos que desintoxicarnos de una vida social y política de mero consumo. La participación no es solamente ceder a una moda electoral o dejarse llevar por tendencias ideológicas.

Breve biografía del titular de obispos

Pierre Jubinville tiene 65 años. Nació en Ottawa, Canadá, el 5 de agosto de 1960 y fue ordenado sacerdote el 17 de setiembre de 1988. Es responsable de la jurisdicción eclesiástica de San Pedro desde el 6 de noviembre de 2013. Pertenece a la Congregación del Espíritu Santo, de la que era primer asistente general hasta ser designado obispo. Se desempeñó como vicepresidente de la Conferencia Episcopal desde 2018 hasta 2024, al ser elegido titular del colegiado.

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