Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que, sin las transferencias del Estado, la pobreza extrema se duplicaría, en un contexto donde incluso el crecimiento del ingreso per cápita está parcialmente explicado por beneficios sociales, como el almuerzo escolar.
Según las estimaciones, sin programas como Tekoporã, la pensión para adultos mayores y el plan Hambre Cero, la pobreza total subiría del 16,0% al 19,9%, lo que implicaría unas 239.000 personas más en esta condición. Aún más crítica, la pobreza extrema se duplicaría y pasaría del 2,4% al 4,8%, afectando a cerca de 150.000 personas adicionales.
En áreas rurales, el efecto sería más profundo, la pobreza extrema escalaría del 5,5% al 11,2% y la pobreza total del 22,1% al 28,9%, evidenciando una fuerte dependencia de estas transferencias para sostener niveles mínimos de ingreso.
De acuerdo con el informe, el ingreso per cápita de los hogares registró un crecimiento generalizado en 2025. En el área urbana, alcanzó los G. 2.530.037 mensuales, con un aumento del 7,1%, mientras que en el área rural llegó a G. 1.857.260, con un incremento del 18,4%.
El avance fue particularmente significativo en los sectores de menores ingresos. En el decil más bajo urbano, el ingreso creció 21,6%, superando la línea de pobreza extrema, mientras que en el ámbito rural aumentó 24,8%, acercándose a ese umbral, según el INE. Sin embargo, este crecimiento no se explica únicamente por mejoras en el mercado laboral. Una parte relevante proviene de los ingresos no laborales, que incluyen las transferencias estatales y beneficios en especie.
Un aspecto clave en la medición es la valorización monetaria del almuerzo escolar dentro del programa Hambre Cero. Dentro de la pobreza monetaria, este beneficio se considera una transferencia en especie, por lo que el INE lo convierte a términos monetarios para incorporarlo al ingreso per cápita de los hogares.
Para 2025, la metodología fue ajustada debido a la expansión del programa. En lugar de estimar el valor del almuerzo según precios de mercado, se adoptó un enfoque basado en el aporte calórico, donde se calcula que representa el 25% de los requerimientos diarios de una persona, y ese valor se traduce a dinero utilizando el costo por caloría de la canasta básica de alimentos.
Este cambio tuvo un impacto directo en las estadísticas. El ingreso no laboral creció 9,0% en zonas urbanas y 14,8% en rurales, con un aumento aún mayor en el decil más pobre del área rural, donde este componente subió 29,8%.
El efecto también se refleja en los indicadores de pobreza, si no se contabilizara el almuerzo escolar como ingreso, la pobreza total del país sería del 17,5%, superior al 16,0% registrado en 2025.
Sin embargo, el sostenimiento y la expansión de estos programas incrementan el gasto público, presionan el déficit del Fisco en un contexto de poco margen, obligando a mantener la red de protección social. Desde sectores de la oposición, señalan que los números no son para celebrar y recuerdan la necesidad de buscar modelos más sostenibles que reduzca la dependencia de estas transferencias en el mediano y largo plazo.