14 jul 2026

La Pasarela de Pekín cumple 20 años de pugna entre la tradición y la vanguardia

Pekín, 31 mar (EFE).- ¿Debe la moda china ser fiel al elegante “qipao” manchú y al milenario traje cruzado Han, o abrirse a vanguardias internas y externas? El debate está abierto en la Semana de la Moda de Pekín desde que se inició hace 20 años, pero en esta edición ha conseguido fundir ambas tendencias de modo casi perfecto.

Una modelo presenta una creación del diseñador chino Hu Sheguang, durante el desfile "Life as barbie", en la Semana de la Moda de China en Pekín, China, hoy, 31 de marzo de 2017. EFE

Una modelo presenta una creación del diseñador chino Hu Sheguang, durante el desfile “Life as barbie”, en la Semana de la Moda de China en Pekín, China, hoy, 31 de marzo de 2017. EFE

El elegante Hotel Pekín, el único que existía en la ciudad en la época maoísta, acogió esta semana decenas de desfiles de la temporada otoño-invierno, entre ellos el de la diseñadora Xiong Ying, quien hoy enseñó que los cortes orientales y occidentales pueden unirse y concebir algo nuevo y único.

Qipaos con transparencias y cubiertos por gabardinas ligeras, trajes entallados y anchos en la parte superior que recordaban al esplendor de Balenciaga en el siglo XX o leves bordados florales a modo de acuarela taoísta mostraron ese puente entre dos mundos con el que la Pasarela Pekín busca asentarse en el mundo de la moda.

“El nivel de este año ha sido mucho mejor que otras temporadas, se ha reducido un poco el concepto ‘princesa’ y hay colecciones muy reales, muy pret-a-porter”, destacó a Efe el diseñador español Gabriel Torres, que lleva 20 años acudiendo como jurado a esta semana de la moda y ve enormes avances en la vanguardia pequinesa.

Los desfiles se celebran en dos ambientes: el Hotel Pekín es desde 1997 lugar para lo clásico, mientras que los diseños más rompedores se muestran en el Estudio 751, en el barrio de los artistas pequineses.

Allí han sorprendido las arriesgadas apuestas de creadores como Gu Yuanyuan, quien, inspirada en la dinastía Song, uno de los cúlmenes de la cultura china, ha mostrado trajes con arte tradicional “deconstruido” y jugando con los blancos y negros como tinta empapando el papel.

Tampoco ha dejado indiferente la colección “Y’S Mono” de Liang Yan, que inspirada en las películas de monstruos japoneses como Godzilla ha resuelto un estilo que para Torres “podría lo mismo provenir de China que de Nueva York o de Europa”.

Si otros años los modistos acudían a estrategias lejanas al diseño para llamar al atención de los medios, como vestir a los modelos con mascarillas antiesmog o crear maquillajes y peinados imposibles, en esta edición se han centrado más en la ropa, buscando comodidad sin perder estilo.

“Otros años había más color, esta vez se ha ido a lo simple”, explicaba desde la primera fila del público en declaraciones a Efe la periodista Zhu Xiaoni, de la revista china de moda Takanta.

“Hay mayor elegancia y a la vez menos vestidos de ‘escenario’, se prefieren cortes más largos... todo está cambiando, puede que la moda de Occidente tenga más historia pero nosotros nos movemos sin parar”, decía por su parte la diseñadora Guo Gerong.

En el público, celebridades del espectáculo o la moda de China se dejaron por los desfiles y, según Torres, también este público viste cada vez con mejor estilo, por lo que la moda no sólo está en la pasarela.

Lejos del tópico de una moda solo interesante para ellas, entre los asistentes hubo muchos chicos jóvenes, pues en China las últimas generaciones están cada vez más interesadas en vestir bien, influidas cada vez más por el culto al aspecto que viene de tierras vecinas como Japón o Corea del Sur.

“En China los chicos nos preocupamos mucho por comprarnos un automóvil... y luego por tener ropa que haga juego con él”, bromeaba antes de entrar a la sala de desfiles el joven He Zhuan, contable en una firma de abogados china.

Como cada año, la Semana de la Moda de Pekín se abre con un concurso de jóvenes diseñadores internacionales en el que casi siempre hay españoles galardonados, y este año no ha sido excepción: el Premio Hempel al mejor creador se lo llevó el mallorquín Carlos Calvo, de la escuela barcelonesa Felicidad Duce.

Por Antonio Broto

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