Opinión

La pandemia y el abandono

Marta García – @marthegarza – Berlín, Alemania

Hace un par de semanas me integraron a un grupo de WhatsApp de paraguayos varados en Europa. El objetivo inicial de este espacio fue organizar el pedido de más vuelos humanitarios a Paraguay, pero con el paso de los días se convirtió en un foro de intercambio de angustias y preocupaciones, de aliento y de empatía, entre quienes estamos sintiendo más que nunca la distancia y la añoranza.

Entre todos los elementos que convierten a esta pandemia en un momento extremadamente difícil para estar fuera del país, uno de los más dolorosos es el continuo rechazo que parte de la población paraguaya manifiesta hacia aquellos que hasta poco eran los heroicos y ejemplares proveedores de recursos económicos para familias y comunidades enteras, desde su trabajo en España, o hacia quienes también hasta unos meses eran la esperanza de un país que tanto necesita una generación con mejor formación académica y se lanzaron al sueño de estudiar en el extranjero.

“Iñaña nuestros compatriotas”, exclamó uno de los miembros del grupo, al expresar su frustración por la actitud que adoptan las personas que, en lugar de exigir al Gobierno una respuesta eficiente para los ciudadanos que están tanto dentro como fuera del país, profieren frases como “y para qué se fueron”, “ahora sí les importa Paraguay” o “quédense donde están, no queremos que traigan el virus”.

Casos dramáticos como los de una compatriota a quien el Covid-19 le arrebató a su madre, se quedó desempleada y debe mantener a sus dos hijos pequeños se complementan con los de estudiantes que asisten con preocupación la escalada de casos del nuevo coronavirus en Rusia y personas sin trabajo que preguntan cómo pueden ser beneficiadas con los alimentos que colecta la comunidad paraguaya en Barcelona a través de las campañas de solidaridad.

Suman y siguen las historias que llenan de impotencia, como la de una paraguaya que regresó a nuestro país el año pasado tras haber sufrido un accidente. El objetivo era recuperarse físicamente y buscar algún trabajo, pero ante los estragos causados por la “tormenta perfecta” que generó el estancamiento de la economía paraguaya en el 2019, tuvo que volver a Barcelona porque en ese momento esa era su mejor opción laboral.

El estallido de la pandemia frustró sus planes en tierras catalanas, pocas semanas después de su retorno, y ahora depende de su pareja para comer y tener un techo bajo el cual vivir, convivencia que empieza a tornarse peligrosa debido a episodios de violencia sicológica que se apoderan del largo confinamiento que están obligados a mantener. Su único anhelo es llegar a Paraguay y sentir la protección de su familia, por más que el panorama laboral le siga siendo desalentador

El clamor al Gobierno de Mario Abdo Benítez consiste en dejar de desperdiciar dinero en la corrupción y asistir como se debe a los ciudadanos paraguayos que están a poco de tener que vivir en las calles de un país extranjero que también está rebasado en su capacidad de contener los efectos económicos y sociales de la pandemia. Entendemos que el país necesita cerrarse para evitar una catástrofe sanitaria, pero acá afuera también hay innumerables problemas. No nos olviden.

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