07 abr. 2026

La nave del fin del mundo

En Ushuaia, uno de los puntos más australes del planeta, un grupo de voluntarios hizo realidad una vivienda construida casi totalmente con materiales de desecho y autosustentable. Dos jóvenes paraguayos participaron en el emprendimiento y comparten su experiencia con Vida.

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Earthship, la navetierra. Llamada así porque, aunque se trata de una vivienda, su calidad de autosustentable la convierte en la embarcación ideal para sobrevivir en nuestro planeta, la Tierra, en comunión y armonía con la naturaleza.

La idea no es nueva. A comienzos de la década del 70 del siglo pasado, el arquitecto Michael Reynolds comenzó a experimentar con la utilización de materiales de desecho, como llantas y latitas, para la construcción de viviendas.

“Usaba elementos que la gente desechaba mucho antes de que se conociera la palabra reciclaje”, afirma Santiago Navarro (27), un seguidor de Reynolds que pasó un mes en Ushuaia, Argentina, junto a su amigo Ariel Tour Da Re (28), construyendo, con un grupo de voluntarios venidos de países de todo el mundo, Earthship, la vivienda ecológica.

Estudiante de Ingeniería Informática en la Universidad Católica, Santiago dejó la carrera hace unos años y se dedicó a estudiar música y a tocar, y a su vez enseñaba guitarra, que era lo que más le gustaba. De paso, se estaba dando un tiempo para averiguar qué es lo que quería hacer con su vida.

En la lucha

Desde 2008, Santiago es un activista ligado al movimiento Zeitgeist, “un grupo de voluntarios sin jefe, una jerarquía horizontal, en la que tratamos de promover nuevos valores necesarios para lograr una transición a una economía basada en recursos”.

Santiago hace traducciones de investigaciones científicas que sustenten los principios del movimiento, y él mismo es un investigador. “Por eso es que yo estaba abierto a nuevas cosas, y la sustentabilidad es una opción muy válida”, explica.

Conocedora de sus inquietudes, su madre le mostró el documental Guerrero de la basura (Garbage warrior), que cuenta la historia de Reynolds, el fundador de la academia que organizó la construcción de la navetierra, en uno de los puntos más australes del planeta, en el confín del mundo.

Ver el documental y entusiasmarse fue todo uno. Santiago buscó en internet referencias sobre el emprendimiento y se enteró de que en enero de este año se construiría la navetierra en Ushuaia. Convenció a su amigo Tour, quien comparte con él las mismas inquietudes. Aunque sin experiencia en albañilería, se anotaron para la experiencia.

La elección de Ushuaia para construir la navetierra fue una decisión de Reynolds, quien forma parte de Earthship Biotecture, una organización dedicada a fomentar a nivel mundial la construcción de edificaciones. La razón de optar para el proyecto por esta ciudad, en el fin del mundo, fue porque el arquitecto la considera un símbolo de “una nueva relación entre el ser humano y la tierra, que no sea tan destructiva”.

La iniciativa Earthship se basa en la construcción de viviendas y complejos habitacionales utilizando casi en su totalidad materiales de desecho, de bajo impacto ambiental, y aprovechando para su funcionamiento los recursos naturales que ofrece el planeta.

La casa ecológica propuesta por Reynolds se fundamenta en principios como la refrigeración y calefacción mediante el principio de masa termal, sin utilización de combustibles fósiles; y la construcción con materiales naturales y reciclados.

Además, contempla la recolección, el filtrado y la potabilidad de agua de lluvia; el tratamiento de aguas residuales; la producción sostenible de frutas y verduras, y el abastecimiento energético por medio de energía eólica y solar.

Navarro se extiende en detalles y explica que el agua se recoge a través del techo, que tiene una forma inclinada y permite que el agua de lluvia vaya a la cisterna; de ahí pasa a filtros y después ya es apta para beber y asearse.

Recursos

El modelo erigido en Ushuaia fue nombrado Tol-Haru, y para su construcción el programa Ushuaia Recicla suministró 3.000 latas de aluminio, 333 neumáticos, 5.000 botellas de plástico y 3.000 botellas de vidrio, según la información de la prensa local.

Los alumnos que tomaron parte del proyecto pagaron USD 1.500 por el curso, monto que incluía el alojamiento en un hostal o un lugar para acampar. La alimentación también debía ser cubierta con los recursos propios de cada participante.

“Teníamos una meta común en la que todos colaboraban, no había competencia, nadie se creía más que nadie porque la causa, la idea, era mucho más grande que todos nosotros. Por eso nos llevamos tan bien durante un mes”, cuenta Santiago.

La idea de los jóvenes es replicar la experiencia en Paraguay, con otros elementos, pues la vivienda construida en Ushuaia estaba pensada para climas con fríos extremos. La experiencia de Reynolds y su grupo, con casas ecológicas erigidas en Haití y América Central, puede ser la base para una versión más acorde a las temperaturas de nuestro país.

“Queremos algún día comprar un terreno y empezar a construir ahí una comunidad entera”, agrega Da Re. Por ahora, los amigos piensan seguir adiestrándose, al tiempo de dar charlas para compartir sus experiencias y los materiales que trajeron consigo.

Admiten que la tarea a enfrentar lleva mucho trabajo y afirman que “necesitamos más gente que entienda esto y entre a investigar, se interese”. Quienes quieran contactar con ellos, pueden hacerlo a través del correo de Earthship Paraguay, navetierrapy@groups.facebook.com, de su página en Facebook, http://www.facebook.com/groups/navetierrapy/, o del blog http://navarro066.blogspot.com/.

“Para mí es el inicio de algo. El curso no fue la finalización sino el comienzo, y una vez que conocés a gente que se comprometió de manera desinteresada, ya no hay vuelta atrás. Tenemos ideas grandes. A lo mejor se puede hacer con la ayuda de la Earthship, de la academia”, se entusiasma Navarro. La nave para emprender la jornada aguarda.

Texto: Carlos Darío Torres

Fotos. Fernando Franceschelli y gentileza.

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