Editorial

La naturaleza nos deja sabias lecciones con la crisis del Covid-19

A muchos ha llamado la atención que en las primeras semanas de la cuarentena ante la pandemia del Covid-19 los cauces de ríos, arroyos y lagos, generalmente turbios y contaminados, se hayan puesto limpios y cristalinos, y que muchos animales silvestres aparezcan en escenarios antes imprevisibles, como calles de pueblos y ciudades, rutas y autopistas. La experiencia nos deja valiosas lecciones sobre la manera en que la acción humana destruye el planeta. Bastan unos días de reducir nuestra presencia para que la naturaleza recupere parte de su equilibrio. Tener en cuenta esto nos debe llevar a comprometernos en construir un ambiente más habitable y sostenible, tras la crisis.

La mayoría de los medios de comunicación internacionales han convertido en novedosas informaciones la aparición de animales silvestres en escenarios urbanos, al quedarse estos lugares repentinamente vacíos o deshabitados como consecuencia de la reclusión de los seres humanos en sus casas para cumplir la cuarentena sanitaria ante la amenaza del Covid-19.

Manadas de venados y ciervos recorriendo las calles de ciudades de Estados Unidos, canguros jugando en las plazas de localidades de Australia, monos de la selva divirtiéndose en los jardines de una estación televisora en São Paulo, Brasil, cisnes cubriendo los legendarios canales de Venecia, Italia.

En nuestro país también se han reportado fotos y videos de grupos de coatíes y carpinchos paseando por la ruta Transchaco o incluso ejemplares de pequeños felinos hallados en centros poblados de Itapúa y Alto Paraná, entre otros episodios curiosos.

Lo más notable en el caso paraguayo han sido las comprobaciones de que varios recursos hídricos, generalmente turbios y contaminados, aparecían con sus aguas repentinamente limpias y cristalinas. Arroyos como el Mburicaó o el San Lorenzo, en la Gran Asunción, sorprendieron a los vecinos por la recuperación de la calidad de sus aguas. También algunos técnicos ambientalistas han comprobado alentadores niveles de recuperación en las aguas del legendario lago Ypacaraí, un recurso que ya se consideraba difícil de descontaminar.

Igualmente, la paralización temporal de algunas actividades industriales y empresariales, así como la reducción de la circulación de vehículos, ha tenido positivos efectos en mejorar la calidad del aire. Incluso agujeros detectados en la capa de ozono se han ido restaurando de manera automática, según observaciones científicas. Ciudades generalmente consideradas con alta contaminación, como Santiago de Chile o Buenos Aires, han experimentado destacables mejorías.

Esta singular experiencia, aunque pueda ser considerada algo temporal, por el lapso de las cuarentenas ante el coronavirus, nos deja, sin embargo, valiosas lecciones sobre la manera en que la acción humana destruye el planeta.

Aunque existan interpretaciones dispares acerca de fenómenos como el cambio climático y la manera en que sus efectos deben ser enfrentados, no se puede discutir que hasta ahora no habíamos tenido mucho éxito en detener acciones depredadoras como la gran deforestación o la contaminación de algunos de nuestros recursos más preciados, entre ellos, los acuíferos.

En estos días, en medio de las difíciles situaciones a las que nos somete la pandemia del Covid-19, la naturaleza nos demuestra que bastan unos días de reducir nuestra presencia para que ella pueda recuperar parte de su equilibrio.

Tener en cuenta esta situación nos debe llevar a comprometernos mucho más en construir un ambiente más habitable y sostenible, con la adecuada protección de los recursos naturales, una vez que hayamos podido superar la crisis del coronavirus. Mientras tanto, la naturaleza seguirá agradeciendo que permanezcamos en cuarentena.

El desafío será mañana dejar de contaminar y depredar nuestro planeta.

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