12 jun. 2024

La impostergable reflexión sobre la ética cívica

Este no pretende ser un artículo que plantee un debate sobre perspectivas o enfoques filosóficos, reservado solo, para quienes hacen de la filosofía una materia de estudio especializado. Lo que busco es poner a conocimiento del lector un concepto, que tiene en la filósofa española, Adela Cortina, a su exponente principal.

La ética cívica de Cortina es un marco ético diseñado para guiar la convivencia en sociedades pluralistas y democráticas. Este concepto se enfoca en la promoción de valores y principios compartidos que permitan una coexistencia pacífica y justa entre individuos con diferentes creencias, culturas y estilos de vida. Apela a principios y valores que puedan ser aceptados por todos los miembros de la sociedad (acuerdos mínimos), independientemente de sus diferencias culturales, religiosas o filosóficas. Reconoce y respeta la diversidad, promoviendo un diálogo inclusivo donde todas las voces sean escuchadas y consideradas.

Cortina introduce, además, el concepto de “razón cordial”, que integra la racionalidad con la empatía y la afectividad. Esto implica que las decisiones éticas deben basarse tanto en argumentos racionales como en la capacidad de empatizar con los demás.

Siguiendo la teoría de la acción comunicativa de Habermas, la ética cívica fomenta el diálogo como medio para resolver conflictos y alcanzar consensos. Defiende que las normas morales deben surgir del consenso alcanzado mediante un diálogo inclusivo y racional. Este enfoque resalta la importancia de la deliberación democrática y el respeto a la pluralidad de voces en la sociedad.

Considera que los derechos humanos son una base esencial para la ética contemporánea. Estos derechos deben ser universales y respetados en todas las culturas y contextos. Insiste en que la ética debe comprometerse activamente con la promoción y defensa de los derechos humanos. Promueve la justicia social mediante políticas y prácticas que reduzcan las desigualdades y aseguren el acceso equitativo a recursos y oportunidades. Fomenta la solidaridad como un valor esencial, animando a los individuos y grupos a apoyarse mutuamente y trabajar juntos por el bien común.

La ética cívica subraya la importancia de la responsabilidad de cada individuo hacia la comunidad. Esto incluye el cumplimiento de deberes y la participación activa en la vida cívica. Insiste en la participación democrática como un mecanismo crucial para la toma de decisiones colectivas. Cada ciudadano debe tener la oportunidad de contribuir al proceso político.

En cuanto a la aplicación práctica de estos postulados, Cortina insiste en 3 ejes principales: La educación, las políticas públicas y la gobernanza. Defiende la necesidad de una educación que forme a los ciudadanos en valores éticos y democráticos, preparando a las personas para vivir y convivir en sociedades diversas. Esta educación debe fomentar el desarrollo moral, ayudando a los individuos a internalizar los valores de respeto, justicia y solidaridad.

Propone políticas públicas que reflejen los principios de la ética cívica, asegurando que sean inclusivas y equitativas, y finalmente, promueve una gobernanza que priorice el bien común y la protección de los derechos humanos, y que sea transparente y participativa.

La política local, regional y mundial, exhibe cada vez menos ejemplos de este tipo de políticas. Líderes y discursos iliberales y antidemocráticos, ganan elecciones de forma legítima, para luego gobernar buscando polarizar y enfrentar a las sociedades, violentando, todavía más, la convivencia ciudadana. La política dejó de ser la búsqueda del bien común (si alguna vez lo fue) para convertirse hoy abiertamente en un campo de batalla donde gana quien logra insultar más al oponente, denigrando las ideas contrarias y desconociendo acuerdos democráticos universales, sobre los cuales, se pensaba, no se podría retroceder.

En tiempos convulsionados, de sociedades líquidas, heterogéneas, oprimidas, donde prima el “individualismo posesivo” a decir de Cortina, el desencanto y la alienación, donde se registran “erosiones democráticas” casi, sin excepción, la tarea de promover la ética cívica como un faro para mejorar la vida en sociedad, es un imperativo político, que debería ser atendido con urgencia por los actores políticos y gubernamentales.

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