PRETORIA - SUDÁFRICA
Graça Machel, esposa de Nelson Mandela, afirmó ayer que se sentía “menos preocupada que hace una semana” por la salud del expresidente sudafricano que, con casi 95 años, lleva casi un mes en estado crítico pero estable en un hospital de Pretoria.
“Sigue reaccionando bien al tratamiento. Diría que hoy estoy menos preocupada que hace una semana”, afirmó en una breve declaración a la cadena de televisión pública SABC.
Mandela ingresó en un hospital el 8 de junio y desde el 23 se encuentra en estado “crítico”. La anulación el 26 de junio de un viaje del presidente Zuma hizo temer la muerte inminente del héroe de la lucha contra el apartheid, pero posteriormente se anunció una ligera mejoría en su salud.
El jueves, la presidencia sudafricana afirmó que Mandela “continúa respondiendo al tratamiento”, pero todavía se encuentra en estado crítico.
La esposa del héroe de la lucha contra el apartheid hizo estas declaraciones en el Centro para la memoria Nelson Mandela de Johannesburgo, a donde fue para hacer los trámites necesarios para la obtención de un nuevo documento de identidad biométrico.
Graça Machel añadió que Mandela “tendría todas las oportunidades de participar en este proceso” de expedición de un nuevo documento de identidad, al que las autoridades sudafricanas quisieron convertir en un símbolo de la nueva Sudáfrica democrática.
Los primeros documentos de identidad biométricos serán entregados a los veteranos de la lucha contra el apartheid, como Mandela, pero también como el arzobispo Desmond Tutu, así como a las más importantes figuras políticas.
Nelson Mandela fue elegido en 1994 primer presidente negro de Sudáfrica, tras pasar 27 años en las cárceles del régimen racista del apartheid al que combatió durante casi siete décadas.
Nelson Mandela contrajo en prisión los problemas respiratorios que sufre ahora.
El icono de la lucha contra el apartheid lideró junto al último presidente del régimen impuesto por la minoría blanca, Frederik Willem de Klerk, una transición modélica a la democracia.
Su apuesta por la reconciliación tras más de tres siglos de dominación blanca les valió a ambos el Premio Nobel de la Paz en 1993.