07 oct 2026

La ejecución lo evalúa todo

Hoy, la inteligencia artificial, rebautizada super inteligencia, ya es parte del día a día de los estudiantes y profesionales. Ya no se pregunta ¿cuál usas? Se indica cuánto estás perdiendo si no la has incorporado en tus tareas diarias. Por solo USD 20 mensuales, cualquier persona adquiere un maquillaje de intelectualidad, conocimientos, elocuencia, estética profesional. El costo del razonamiento tiende a cero. No obstante, estos “superpoderes de raciocinio” se limita al ámbito de las ideas, cuando en la vida real el verdadero desafío está en ejecutar, hacer que sucedan las cosas, concretar en el mundo material.

Anteriormente hubo una revolución similar que fue el advenimiento de la Internet, donde la humanidad se reorganizó como la sociedad de las redes, viviendo la hiper conectividad, la descentralización del conocimiento. Y finalmente, donde todos tenemos acceso simultáneo a la misma inmensa masa de informaciones. El ciberespacio desintermedió la información, la democratizó. Hasta los medios de comunicación tradicionales que actuaban como custodios del saber perdieron su monopolio de averiguación y exclusividad en participar de los acontecimientos. Así, poder ser autodidacta se volvió una realidad, y es casi gratis. Hasta la persona más humilde que tenga ganas de aprender ya puede sola, saltándose a la costosa academia. El precio de la información tiende a cero, no así el costo de hacer que sucedan las cosas.

Antes se abarataron los datos, hoy se vuelve más accesible la asistencia para analizarlos y elaborar ideas. Podemos producir opiniones, conceptos, y propuestas con una facilidad extraordinaria, pero su valor se pone a prueba cuando debemos convertirlos en acciones y resultados.

El 1910, Theodore Roosevelt dijo: “No es el crítico quien cuenta, ni el hombre que señala cómo tropieza el fuerte o dónde podría haberlo hecho mejor quien realiza la acción. El mérito pertenece al hombre que está realmente en la arena, con el rostro desfigurado por el polvo, el sudor y la sangre; que lucha con valentía; que se equivoca y se queda corto una y otra vez, pues no hay esfuerzo sin error ni deficiencia; pero que realmente se esfuerza por llevar a cabo la obra; que conoce grandes entusiasmos y grandes devociones; que se entrega a una causa noble; que en el mejor de los casos conoce al final el triunfo de un gran logro y que, en el peor, si fracasa, al menos lo hace habiéndose atrevido a grandes cosas, de modo que su lugar nunca estará entre esas almas frías y tímidas que no conocen ni la victoria ni la derrota”.

Demonos cuenta que vivimos en una era donde la experiencia vale más que el diploma, cuando el raciocinio crítico vale más que el dato, mientras nada substituye a los resultados, y solo podemos liderar a otros después de haber logrado liderarnos a nosotros mismos. La brecha no es la tecnología, sino la capacidad de las personas de concretar pues no importa el saber, sino el saber-hacer. Sintamos el entusiasmo cuando las cosas se entreguen y se hagan, en lugar de animarnos solo con promesas.

El verdadero riesgo de la IA es el “fraude intelectual”, en el que el inútil lo usa para encubrir su incapacidad, un haragán lo usa para evitar hacer el legítimo esfuerzo que últimamente lo hubiera hecho crecer, donde a la academia le resulta difícil distinguir entre el estudiante honesto que personalmente hizo su tarea de aquel que la “prompteo a la IA”. Por eso la evaluación final continúa siendo ejecutar en la realidad. Remitiendo a la sabiduría del Sermón de la Montaña, Jesús 2000 atrás ya advirtió sobre los falsos profetas y explicó que las personas se reconocen por las consecuencias de sus actos, de la misma manera que un árbol se conoce por el tipo de fruto que produce, por eso repetimos “por sus frutos los conoceréis”.

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