@gabyypalma
El subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Nigel Clarke, visitó Paraguay en el marco de las Reuniones Anuales de las Asambleas de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En entrevista con Última Hora, Clarke analiza la situación macroeconómica de Paraguay que, desde la perspectiva del FMI, muestra fortaleza y resiliencia, así como los principales riesgos que enfrenta para sostener su dinamismo en los próximos años. También aborda las perspectivas económicas para América Latina, y los posibles impactos de las tensiones geopolíticas en la economía global.
–Desde la perspectiva del Fondo Monetario Internacional, ¿cómo evalúa actualmente la situación económica de Paraguay y cuáles son sus principales fortalezas macroeconómicas?
–La economía paraguaya, la situación macroeconómica, es fuerte y resiliente, a pesar de un desafiante contexto económico y la incertidumbre global. El crecimiento económico en 2025 se aproximó al 6%, que es entre los máximos crecimientos en toda Latinoamérica y la región caribeña. Además, se prevé que este dinamismo en el crecimiento continúe en 2026 y en 2027. Paraguay se ha beneficiado de un largo recorrido de gestión macroeconómica prudente y a lo largo de este tiempo, hemos observado cómo las expectativas de inflación se han reducido y se han ajustado a los objetivos del Banco Central. Hemos observado que la consolidación fiscal está en marcha y va por buen camino para cumplir plenamente con la Ley de Responsabilidad Fiscal, así como la acumulación de reservas internacionales que pueden actuar como amortiguadores de shocks externos. Además de eso, Paraguay tiene acceso saludable a financiamiento externo en términos muy atractivos, relativamente, con un grado de inversión, otorgados por dos agencias globalmente reconocidas. Además de todo esto, Paraguay está involucrado en reformas estructurales continuas para mejorar la gobernanza, mejorar los derechos de propiedad y continuar con la construcción y el fortalecimiento de la credibilidad de sus instituciones. Así que la perspectiva de Paraguay es muy sólida y bastante positiva.
–¿Cuáles son los principales riesgos o desafíos que enfrenta Paraguay para sostener su crecimiento en los próximos años?
–Bueno, siempre hay riesgos y algunos de los riesgos que enfrenta Paraguay incluyen la volatilidad en los precios de los commodities, que puede tener un impacto, y también los shocks climáticos que pueden afectar a la producción agrícola de la que Paraguay depende, puede tener un impacto en la generación de energía hidráulica y eso en sí mismo puede tener un impacto en otras áreas y hasta en el crecimiento. Así que diría que la volatilidad en los precios de commodities y la exposición a los shocks climáticos son dos de los principales riesgos que enfrenta Paraguay, por lo que es importante continuar fortaleciendo la macroeconomía de Paraguay, para seguir persiguiendo la consolidación fiscal, para asegurar la sostenibilidad en el sistema de pensiones públicas, para seguir construyendo un colchón y reservas para que en caso de que estos riesgos se materialicen, Paraguay pueda continuar teniendo la resiliencia para absorber estos riesgos sin que esto afecte la trayectoria del país.
–Para América Latina en general, ¿qué perspectivas económicas observa el FMI para este año y cuáles serán los factores externos más determinantes para la región?
–La perspectiva para América Latina es relativamente estable, a pesar de la incertidumbre de la política global que existe. En línea con las Perspectivas de la Economía Mundial de enero del FMI, vemos una moderación del crecimiento en 2026, seguida de un repunte en 2027. Vemos desaceleración en algunas economías latinoamericanas y un rebote en otras. Observamos que en algunos países podría haber margen para una flexibilización de la política monetaria, lo que tendría un efecto positivo en la producción; sin embargo, en otros será necesario aplicar medidas de austeridad fiscal, lo que podría tener el efecto contrario. Igualmente, puede haber espacio para una modificación de la política monetaria en algunos países que tendrá un efecto positivo en la producción, pero en otros habrá necesidad de un ajuste fiscal que podría tener el efecto opuesto. Pero, en general, esperamos que la perspectiva para América Latina sea estable. En términos de los factores externos que afectarán a las perspectivas, el movimiento en los precios de los commodities, en particular la energía y commodities de metal, tendrán un impacto en las economías latinoamericanas, tanto para los exportadores como los importadores, y la posibilidad de un endurecimiento de las condiciones financieras que podrían producirse a raíz de ellos, en particular, a través del canal de los tipos de interés en términos de interés global, podría afectar la volatilidad de los flujos de capital y, a su vez, podría tener otras repercusiones; además, aparte de la volatilidad de los flujos de capital, podría afectar el costo de la financiación, y en los casos en que los niveles de deuda ya son altos, podría reducir el margen de maniobra fiscal.
–En el marco de la reunión anual de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo, usted participó en un debate público sobre recursos estratégicos y energía, y en un diálogo a puerta cerrada con el presidente y los gobernadores del BID, ¿cuáles fueron las principales conclusiones y cuál es el mensaje que deja el FMI sobre cómo la región puede aprovechar mejor estos recursos para impulsar un crecimiento sostenible?
–Bueno, estoy muy agradecido al BID por la oportunidad de discutir este tema, que es central para la trayectoria económica de Latinoamérica, especialmente en este momento. En un momento de fragmentación geoeconómica y la abundancia de recursos naturales en Latinoamérica, y abundancia de recursos metales que son esenciales para las transiciones energéticas globales, en particular el litio y el cobre, representan un activo estratégico fundamental que Latinoamérica estaría en una posición ideal para aprovechar con el fin de mejorar sus posibilidades económicas. En particular, existe la oportunidad de convertirse en un proveedor de confianza y fiable, no solo de las materias primas en sí, sino también de aprovechar la oportunidad de ascender en la cadena de valor y ser proveedor de los productos transformados derivados del litio y el cobre. Pero hacer eso requiere algo más que disponer de los yacimientos de materias primas en sí. Las economías latinoamericanas van a querer fomentar un ambiente que sea propicio para la inversión a gran escala y a largo plazo. Y esto se puede lograr a través de finanzas estables, de trayectorias fiscales sostenibles, de sistemas de impuestos predecibles, a través de regulaciones apropiadas, transparentes y predecibles, y a través de los tipos de colchones monetarios y fiscales que hagan que la región sea resiliente ante el shock económico. Tener este tipo de marco de políticas públicas robusto, transparente, predecible y creíble sería conducente a atraer los tipos de inversiones que puedan nivelar esta abundante dotación de recursos naturales, y, en particular, estos recursos naturales metálicos. Además, construir instituciones creíbles y en algunos casos independientes que señalen que la credibilidad política está presente –no solo hoy, sino mañana– ayudaría a proporcionar el contexto necesario para atraer el capital comprometido que se mantendría aquí por un largo plazo.
–En un contexto creciente de tensión geopolítica por la guerra de Medio Oriente, ¿qué efectos podría tener este escenario sobre la economía global y las economías emergentes?
–Estamos muy preocupados por el impacto del conflicto en el Medio Oriente, en particular en términos de la cifra humana y en términos de los efectos potenciales en términos de los resultados macroeconómicos, en un contexto de incertidumbre política a nivel mundial. Es demasiado temprano para ser precisos sobre el impacto macroeconómico. Sin embargo, y como es lógico, el impacto económico dependerá de la duración del conflicto y de su intensidad a lo largo del tiempo que dure. Si el conflicto continúa por mucho más tiempo, podemos esperar un impacto significativo en los precios energéticos, que ya está sucediendo, pero también sobre la inflación, en el crecimiento de la producción y, potencialmente, sobre las condiciones de financiación, potencialmente sobre la volatilidad de los flujos de capital, así como en la posibilidad de un ajuste de las condiciones financieras en términos de diferenciales de crédito, etc. En las Perspectivas de la Economía Mundial que el FMI dará a conocer en abril, ofreceremos una suerte de comentario actualizado al respecto, pero para algunas de las economías dependientes de la energía en Latinoamérica y el Caribe, el aumento de la imprevisibilidad y de los precios de las commodities energéticas podría poner a prueba la resiliencia macroeconómica de estos países.